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Turquía escribe… El sexo importa.

La igualdad de entre los sexos ha sido un tópico presente en la punta de los dedos de los blogueros turcos últimamente. Aún con las reformas en el código penal en cuanto al derecho de las mujeres de usar (o no) el velo, la libertad corporal de la mujer y más estrictas penalidades en los casos de violación, la igualdad entre el hombre y la mujer en Turquía está aún en discusión. El legado de las reformas seculares hechas por Atatürk cuando se fundó la República de Turquía ha dado al país un cierto barniz de igualdad entre géneros… pero con preguntas inquisidoras, ¿se va el brillo?

Mustafa Akyol de The White Path tiene un grupo maravilloso de artículos sobre la sociedad post-patriarcal de Turquía en los que discute acerca de la historia del feminismo turco y por qué ha sido atrofiado por las mismas reformas que se hicieron para apadrinarlo.

Cuando le dije que estaba leyendo un reporte en el que se mostraba que Turquía estaba haciendo grandes progresos en los derechos de la mujer y que el gobierno de AKP estaba ayudando en ello, se mostró, primero sorprendida, luego desafiante y finalmente contraatacó: “¿quién está financiando ese reporte?” preguntó. “Debe ser la UE la que propaga esas mentiras”.

Al decir eso, me confirmó justamente un punto crucial en el reporte de ESI: que “las mujeres kemalíes […] son las que están fuera de contacto con la realidad de la Turquía contemporánea”

Para entender el porqué, se necesita ver un poco de historia. Una versión estándar en Turquía es que nuestras mujeres se encontraban en la oscuridad total antes de Atatürk y que sus reformas les dieron todo lo que necesitaban. Pero eso es una verdad a medias: Atatürk hizo reformas importantes, por supuesto, pero hay otros hechos que hace falta notar para entender bien la cuestión del sexo.

Uno de estos hechos es el movimiento feminista en la era pre-Atatürk, también conocida como la Era Otomana. Tal como también lo apunta el reporte de ESI, las feministas otomanas –como Fatma Nesibe, quien solía citar a John Stuart Mill y pelear por una “revolución feminista”- trataron la diferencia entre los géneros mucho antes de la Repúbilca Turca. En la última década del Imperio Otomano, emergieron sociedades con nombres como Taal-i Nisvan y Müdafaa-i Hukuk-u Nisvan, o “El Avance de las Mujeres” y “La Defensa de los Derechos de la Mujer”.

Cuando Atatürk llegó al poder, dio mucha importancia a los derechos de la mujer, pero hizo algo que sería perjudicial a largo plazo: cerró estas sociedades feministas. ¿Por qué? Bueno, se debió a la propagación en ese momento, de la creencia que el Estado debía ser el amo de la sociedad y orquestarla autoritariamente. (Por la misma razón, Mustafa Kemal prohibió también órdenes sufíes y logias francmasónicas; las sociedades civiles eran consideradas peligrosas, o en el mejor de los casos, inútiles.)

Turkish Diary adhiere su voz en respuesta a un artículo reciente sobre los derechos de las mujeres en Turquía y cómo el debate entre secularismo e islamismo figura dentro de esta situación:

Lo que me impactó en el segundo capítulo fue la última parte: uno de los dos períodos en toda la historia de la República Turca en que las mujeres vieron mejoras importantes empieza en el 2001, período en el que, como saben, el AKP, el partido “islamista” llegó al poder.

Por favor no me malinterpreten. Sé que puedo parecer fanático del AKP. No lo soy. Quiero decir, estoy muy consciente de sus muchas fallas –no solo en las últimas semanas- y sé que están lejos de ser la solución a los problemas de Turquía, pero debo reconocer que Turquía ha mejorado mucho bajo su mandato.

Ahora que he aclarado este punto, déjenme volver al asunto principal de este post. Un par de años atrás, en Estambul, conocí a la líder de una organización feminista. Una de las cosas que más me impactó de lo que me dijo fue: “hay dos tipos de mujeres discriminadas en Turquía: las que no quieren usar el pañuelo en la cabeza y son obligadas, y aquéllas que quieren usarlo y no las dejan”.

Por supuesto, uno podría pensar que un pañuelo en la cabeza no es más que un pedazo de tela y que las mujeres tienen muchísimos más problemas de qué ocuparse. Sin embargo, no olvidemos que Atatürk, solo para eliminar el fez no dudó en matar a los hombres que lo usaran. Para las mujeres que usan el pañuelo en la cabeza, esto podía significar no tener acceso a la universidad, o renunciar a una carrera política ¿eso es justo?

Ahora bien, he escuchado muchos argumentos en contra del pañuelo islámico en lugares públicos. Ninguno de ellos me ha convencido jamás, en Turquía o en Francia. Escuché a mujeres que están en contra del pañuelo pero a pesar de ello piensan que la ley francesa en contra de su uso es una de las cosas más estúpidas que ha podido hacer el gobierno francés. Una de ellas es la ganadora del Nóbel, Shirin Ebadi. Concuerdo con ella al cien por ciento.

No me iré en detalles con este problema específico, solo quiero señalar que el partido “islamista” al que muchos le temen es el que, de acuerdo con un grupo de expertos europeo, ha hecho los más grandes progresos en cuanto a la condición de la mujer.

Spooky Sense by Garfucius no se guarda sus opiniones en lo que respecta al uso voluntario del velo o turbante:

El cubrirse hace a una mujer socialmente reconocible nominalmente por los favores sexuales que implica su género. Por otro lado, cubrirse es el único modo en el que puede evitar ser simplemente eso. Una mujer se cubre porque cree que así dejará de ser una entidad sexual, excepto para su esposo, quien prácticamente es su dueño. El ocultarse niega a cualquier hombre “ilícito”, movido solo por el sexo en la hermenéutica de su vida, cualquier chance de concebirla como un instrumento para ser usado. Un turbante significa que una mujer se somete voluntariamente a un código de vestuario opresivo porque está de acuerdo con la hermenéutica en la que ella es, por naturaleza y voluntad de Dios, afligida por la maldición de representar un ser sexual ¡o un ser solo definible por su sexualidad!

En Irán o en Arabia Saudita, tal aquiescencia puede ser forzada en la mujer. En Turquía, de un modo mucho peor, es voluntario con mucha frecuencia. La “política del turbante”, especialmente para el hombre pero para la mujer también, es la aceptación de que el particular individuo, en lo que concierne a panoramas abiertos de lo femenino, es guiado más por lo que está entre las piernas que por lo que está entre las orejas y es por tanto, un peligro para la salud mental del público en general.

Me siento más cerca de la escuela de opinión que clama que el turbante y otros códigos religiosos de vestuario (***) similares dejarán de usarse poco a poco, si no es que desaparecen por completo, con el progreso de la modernización. Por eso, creo que el argumento de Gül en el que se sostiene que “el turbante puede hacerse más moderno” revela de hecho una nueva preocupación entre los “círculos” religiosos: “la modernidad es necesaria”.

En un giro un tanto diferente, el autor de Me and Others escribe acerca de una conversación inquietante que tuvo con un amigo acerca de su jefa:

Hoy estuve envuelto en una conversación muy interesante acerca de una mujer que trabaja en una compañía clienta nuestra. La mujer exije demasiado en un trabajo dentro de un período innecesariamente corto, lo que causa problemas aquí. La gente trabaja algunas veces horas extra solo para cumplir sus demandas (las de su compañía, en realidad) y al final resulta que necesitan el producto final para la semana entrante.

Así que todos los trabajadores se quejaron, cosa que veo muy normal. Sin embargo, de la nada el tema de la conversación se volvió el grande y redondo hermoso trasero de la mujer. Bueno, hasta cierto punto pienso que está perfectamente bien que los hombres hablen de los hermosos traseros de las mujeres. Después de todo, no podemos negar que somos animales.

Pero aunque fuese en cierto tono de broma, la conversación se volvió de mal gusto. Uno de los muchachos empezó a decir lo que le gustaría hacerle a la mujer, incluso que una vez le coqueteó. Traté de recordarle que era casada, a lo que respondió “¿Y qué? ¡Yo también soy casado!” y continuó hablando de sus fantasías con ella.

Por supuesto, esta discusión de igualdad no está dentro del interés más reciente de todos los blogueros turcos, por lo menos las blogueras: Turkey and My Foreign Perspectives sostiene que hay igualdad y defiende los derechos y roles de la familia turca y nuestras chicas en el pueblo Idil de Ignore Me If You Can y The Chronicles of a Turkish Girl hablan de sus activas vidas sociales. Esto nos lleva a la pregunta ¿es éste un debate importante o no? Ustedes dirán.

Enlaces de la semana:
1. Ignore Me If You Can escribe acerca de un reciente encuentro blogger con Erkan’s Field Diary y otros.
2. Mavi Boncuk postea una reseña sobre un nuevo libro acerca de la sociedad turca: La Persona que Usted ha llamado no puede ser alcanzada en este momento.
3. Carpetblogger aborda la ceremonia de circunsición masculina en Turquía.

Escrito por Deborah Ann Dilley.
Traducido por Laura Vidal.

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