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Suso, Gratitud y Dignidad Humana

Originalmente publicado en Rising Voices.

Cada barrio tiene su propio grupo de celebridades locales que se convierten tanto en famosos como infames por sus talentos, idiosincracias e historias personales. Son las vivas encarnaciones de personajes arquetípicos que hicieron las novelas y películas que tanto amamos. Piensen en Boo Radley de Matar un Ruiseñor, Aureliano José de Cien Años de Soledad, o Katerina Ivanovna Verkhovtseva de Los Hermanos Karamazov.

En San Javier La Loma, una comunidad de la clase trabajadora en las afueras de Medellín, una de las más renombradas celebridades locales, “Suso Mugre”, era también, hasta hace poco, uno de los más enigmáticos. Gracias al trabajo de HiperBarrio, un proyecto de periodismo cuidadano de Rising Voices, la historia de “Suso Mugre” es conocida ahora tanto local como internacionalmente. Dirigido por Yuliana Isabel Paniagua Cano, Catalina Restrepo Martínez, y Gabriel Jaime Venegas, el colectivo de nuevos periodistas ciudadanos creó un video y un artículo sobre “Suso Mugre”, el recolector local de reciclables de La Loma. Debajo están el video y el texto, traducidos de su versiones originales en castellano. Vale la pena notar que el artículo de HiperBarrio sobre Suso también fue publicado en la primera página de un semanario local, Conexión.

Así como los otros pueblos de Antioquia, La Loma tiene su propio grupo de personalidades típicas, aquellos que son recordados por cada generación. Los jóvenes lo llaman “Suso Mugre”. Para los adultos que lo han visto en la calle desde que eran niños pequeños, aquellos que tienen más de 40 años, lo llaman el hijo de “Panchito”.

De hecho, su nombre real es Manuel Salvador, el hijo menor del Sr. Francisco Pizarro y la Sra. Esperanza Sierra. Nació el 26 de octubre de 1929 en la Municipalidad de Armenia, Antioquia.

Con 78 años de edad, todavía trabaja duro y se siente útil. Desde muy temprana edad aprendió a arar y pastar tierras de labranza, y a recolectar café. Hace tiempo fue albañil, trabajo en el que empezó desde aprendiz. Actualmente combina su vida de granja con la recolección de latas y botellas para reciclaje porque no tiene otra fuente de ingresos. En un día, puede ganar entre 500 y 1000 pesos (US$ 2.50 a US$ 5.00). No nos atrevimos a preguntarle en qué gasta su dinero.

Desde que llegó con sus padres y su hermano mayor a La Loma, Suso ha vivido en una casa de adobe situada cerca de la Sra. Blanca Tejada, o como se le conoce localmente, “Blanca Curra”.

Hace poco, transformó lo que alguna vez fue la cocina a leña y la convirtió en su dormitorio, y a partir de ahí la casa empezó a desbaratarse. Cuatro de los seis dormitorios están sin techo. Hace tiempo, Obras Públicas le cortó la electricidad y el agua. Los baños no funcionan y la poca agua que tiene cae del cielo durante las lluvias o le es entregada en toneles por los vecinos para que pueda lavarse, lavar su ropa y beber. Esto significa que SIBSEN, el sistema nacional de bienestar, lo clasifica como ‘nivel 2′, lo que es más bien paradójico dados sus escasos recursos.

Suso ordena las cosas en su casa todos los días para no mojarse. Es más el agua que cae dentro que fuera de la casa. Sus cosas se mojan en el recibidor delantero y en su cuarto, donde pone un pequeño candado para que no le roben. Se han llevado prácticamente todo lo valioso, incluyendo sus herramientas, ollas y sartenes. Desde ahí, prefiere dejar su documento nacional de identidad en casa de un vecino mientras él sale a ganarse la vida.

Su aspecto refleja los años que han pasado, pobreza y abandono. Está casi ciego, no puede ver por el ojo izquierdo. A pesar de esta dificultad, todavía tiene deseos de trabajar. Tiene más dignidad que muchas personas que conocemos. Se siente útil y dice que es feliz y que solamente se irá a un asilo cuando tenga al menos 190 años.

Podemos afirmar que hay gente que es tan pobre que la única cosa que tiene es dinero. Sin embargo, Suso tiene sus vecinos que entienden que la mayor pobreza es no tener a nadie en el mundo, falta de amor, un gesto de cariño. O, despertarte en la mañana sin saber si a alguien se preocupa de que estés vivo o muerto.

Cuando Suso tenía familia, iban a verlo muy poco, y era como si no los tuviera. Sin embargo, muchas personas de buen corazón le dan comida, lo cuidan cuando está enfermo y lo mantienen acompañado.

Por lo general, se levanta muy temprano a recolectar café y a pastar, recoger plátanos o lo que sea que la tierra ofrezca. Los sábados, junta los reciclables, porque en esos días el carro basurero recoge la basura.

Va a misa todos los domingos a las 6 pm, sin falta, desde que la parroquia San Vicente Ferrer fue fundada en 1961. Sus padres donaron el terreno para su construcción, en un lugar en el que ahora existen tres de las instituciones más reconocibles de La Loma, inluyendo El Liceo Loma Hermosa y la biblioteca La Montaña.

Diecisiete generaciones de estudiantes se han graduado desde 1985, la fecha en que El Liceo Loma Hermosa fue fundado. La mayor parte de los residentes de La Loma han recibido sus sacramentos ahí. Desde el 1° de abril de 1961, 5,789 personas se han bautizado. También lo utilizan los miles de usuarios de la vecina biblioteca pública satélite de La Montaña, de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina, que ha prestado servicios en La Loma desde 1961, gracias a la iniciativa de la comunidad.

Es irónico que los tres sitios principales donde la comunidad se reúne, socializa y aprovecha los acontecimientos culturales, religiosos y educativos pudieron haber sido la herencia de Suso.

Suso, mi vecino, tu vecino, el vecino de todos nosotros necesita, al menos, una casa sin goteras, con agua potable y electricidad y servicios públicos básicos. Es momento de que La Loma y sus líderes despierten y agradezcan a la familia de que la que él desciende por todo lo que han hecho por el vecindario donando el terreno.

No hay escasez de compasión; todo lo que se necesita es encontrar la manera de mejorar las condiciones de vida de un hombre, a quien se le debe tanto, que representa las acciones de sus padres, y porque es viejo y merece dignidad.

Si perdemos nuestra capacidad de asombro, de hacernos preguntas, de resolver problemas y de aprender nuevas cosas, entonces tras 40 años de vivir en nuestra casa podríamos descubrir que existe un inmenso árbol frente a nuestra casa.

¡Qué sorpresa! Asumimos que las calles, los parques, los colegios, las iglesias, las asociaciones sociales, las bibliotecas son todos parte del paisaje. La gente también se ha vuelto parte del paisaje. Parece como si siempre hubieran estado ahí.

Sin darnos cuenta, tenemos prejuicios contra todo el mundo. No siempre sabemos cómo algunas personas llegaron a donde están.

Escrito por David Sasaki.

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