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¿Bienvenidos a Japón? Familia kurda refugiada parte a Canadá

Pocas personas afuera de Japón son conscientes del sombrío historial que este país tiene sobre trato a refugiados, en particular su trato hacia los refugiados kurdos. Incluso, son pocos los japoneses que están al tanto de las normas en este tema, dada la poca cobertura en los medios de comunicación convencional. Y sin embargo, Japón sigue siendo probablemente el único país desarrollado que no ha aceptado un solo refugiado kurdo de entre los cientos de desesperados solicitantes, a pesar de la persecución que los kurdos reciben en países como Turquía, Irán e Iraq.

Erdal Dogan y su familia han aprendido de primera mano algunas cosas sobre las políticas japonesas que la mayoría del pueblo japonés ni siquiera conoce. Erdal llegó a Japón por primera vez en 1999, huyendo de la persecución étnica y religiosa en Turquía. Se le unió su esposa Meryem y su hermano Deniz en el 2000, su hija Merve llegó a Japón dos años después. Su hijo Mehmet nació en Japón.

La solicitud de la familia de Erdal para obtener la condición de refugiados fue negada dos veces, e incluso Erdal terminó detenido, y su familia debió arreglárselas como pudo. Desesperado y sin opciones, Erdal inició una huelga de hambre de 60 días en el 2003, que fue de poca utilidad.

Después de muchos años de apuros, manifestaciones públicas y protestas – tras haber sido apuñalado por la espalda en repetidas oportunidades por un gobierno que ellos pensaron que podía ayudarlos – la familia Dogan finalmente recibió buenas noticias a comienzos de este año: su solicitud para obtener la condición de refugiados en Canadá fue aceptada.

La familia Dogan en el aeropuerto de Narita – foto por Shu Kaori

La blogger Shu Kaori es fotógrafa y ha apoyado a la familia Dogan por mucho tiempo. Ha publicado un libro sobre la familia, enfocado en la hija Merve Dogan, titulado Mi amiga de barrio, la pequeña Merve – dos familas refugiadas kurdas que conocí. En el post de su blog del 10 de julio, ella describió su experiencia de ver a la familia Dogan en el aeropuerto de Narita:

Hoy es el día en que la familia de Erdal partirá hacia Canadá.

Tuve medio día libre en el trabajo, y en la tarde me fui al aeropuerto de Narita para ver partir a Erdal y su familia.

Me dirigí al lobby del aeropuerto, donde carteles con “YOKOSO! JAPAN” [¡Bienvenidos a Japón!] estaban puestos por todas partes.

Más de 30 simpatizantes rodearon a Erdal en el lobby, diciéndole sus tristes adioses. Equipos de TBS y Nippon Television también han venido a cubrir el acontecimiento.

Cuando la hora de partir se acercaba, Erdal agradeció a las personas que habían ido a verlo partir y les dio la mano. Yo estaba viendo todo desde un poco más lejos, y recordaba las muchas cosas que habían pasado hasta ese momento, y comencé a llorar en la esquina [de la sala]. Erdal se me acercó y me dijo: “Por favor no llores”. Me dijo: “Yo no estoy llorando”, pero lo miré y pude ver que sus ojos se habían enrojecido. Le dije: “Estás llorando también, ¿no es cierto?” pero él respondió: “No, no estoy llorando”, y así nos reímos un poco los dos. Cada vez que presenciaba una escena dolorosa y empezaba a llorar, la familia me decía siempre: “¡No llores!” y me daban palabras de aliento.

Erdal me dijo: “Shu-san, por favor no dejes [tu trabajo con] los refugiados”, y me dio la mano.

Justo en el último momento, cuando estaba por abordar el avión, Erdal dijo: “A todos, muchísimas gracias. Gracias a todos ustedes, la familia Dogan encontrará la felicidad en Canadá. ¡Muchas, muchas gracias! Hizo adiós con la mano al embarcarse en la puerta [al avión].

Este cartel “Yokoso! Japan” [Bienvenidos a Japón] que se ve en el aerouerto, ¿para quién son esas palabras?

¿Turistas ricos o gente de negocios o talento extranjero? De cualquier modo, no creo que sea para los refugiados.

Un país que parece próspero y pacífico – Japón.

Sin embargo, esto es solamente una fachada. Cuando escarbé un poco más, vi que a los refugiados no se les concede ni sus deseos más simples, deseos sobre los cuales dependen sus vidas, y me di cuenta que este país es un país cruel.

Fue la [situación apremiante de los] refugiados lo me hizo dar cuenta de esto.

Es un hecho inconfundible que hubo familias kurdas que se sentaron frente a las Naciones Unidas un verano, y que hubo japoneses que los apoyaron, y como resultado sus vidas mejoraron un poquito.

Yo puedo hacer muy poco, y creo que tomará mucho tiempo para cambiar las normas sobre refugiados.

Sin embargo, en tanto haya la posibilidad, quiero seguir apoyando a los refugiados.

De hoy en adelante, haré todo lo que pueda.

 

La hija de Erda, Merve – foto por Shu Kaori

El blogger haredasu también escribió sobre la partida de Japón de Erdal y su familia:

¿Por qué?

Fueron perseguidos como refugiados en Turquía, buscaron ayuda, y vinieron a Japón. ¿Por qué deben seguir tratándolos de esta manera?

¿No es esto un tema humanitario?

Después de todo, Japón no los reconoció como refugiados pero Canadá los reconoció como refugiados.

No podían quedarse en Japón, y partieron hacia Canadá, donde no conocen a nadie y tal vez no conozcan el idioma.

Se fueron, y decían “nos gustó Japón… pero…”.

¿Qué pensarán sobre Japón en el futuro?

Sobre la internacionalización o la contribución internacional [de Japón], ¿qué es lo que los funcionarios japoneses del gobierno piensan de estas cosas?

Esto me hizo pensar.

Es una pena que no sepa mucho sobre estos temas de refugiados.

Lo que pensaba mientras veía las noticias es qué país frío y vergonzoso es este Japón, ante los ojos del mundo, que puede ver algo como esto.

Estoy tan avergonzado.

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