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Caribe: Castro, ¿El fin de una era?

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La Habana, cortesía de Caribbean Free Photo

Lo más comentado en la blogosfera regional durante las últimas veinticuatro horas ha sido, sin duda alguna, la renuncia del líder cubano Fidel Castro después de casi 50 años al timón de la república socialista. El anuncio apenas causó sorpresa, con los blogueros anti-Castristas siguiendo durante los últimos dos años los informes del deterioro de la salud del líder y especulando sobre si siquiera está aún vivo o no. Ésta no es probablemente la manera en la que la blogosfera esperaba que se fuera – The Latin Americanist, enlazando con una variedad de medios masivos y reacciones públicas a la noticia, observa que el artículo de The Guardian “recordaba a un obituario” – y la mayoría de blogueros se muestran escépticos respecto a si después de este paso van a venir cambios significativos para Cuba…

Según Babalu Blog [en]:

Si, tal y como el conglomerado de medios internacionales parecen pensar, van a llegar cambios a Cuba ahora que Fidel se ha apartado del cargo, significa eso que :
¿los estudiantes cubanos de secundaria van a ser libres de llevar brazaletes de plástico blanco con las palabras CAMBIO en relieve sin miedo a ser detenidos? ¿Significa eso que los matones de seguridad del estado ya no van a agredir más a los disidentes por pedir derechos humanos? No lo creo.

26th Parallel [en] explica:

Después de todo, el que estará a cargo ahora es otro Castro. Sigue siendo el mismo régimen que ha estado en control durante 5 décadas. Esos datos no contienen mucho optimismo.

Por otro lado, probablemente esto va a poner a prueba por primera vez la imagen del “culto a la personalidad” de Fidel y su influencia en los cubanos. De hecho, se trata más bien de una encuesta, porque la auténtica prueba vendrá cuando estire la pata.

Juan Antonio Blanco escribe en su blog Cambio de Época:

Algunas de las primeras reacciones a la noticia de la renuncia de Fidel Castro a ser reelecto por la nueva Asamblea parecen discurrir entre quienes consideran que el hecho es irrelevante y aquellos que son dados a magnificar su alcance. Hay una distinción entre la certeza de que la elite intentará, en lo adelante, cambiar todo lo que pueda para mantener su monopolio de poder y la pretensión de minimizar lo ocurrido. Suponer que, salvo el cambio de nombres en la cima del poder, todo permanecerá igual es una apuesta arriesgada.

Lo cierto es que la renuncia del Comandante en Jefe, permite que la nueva Asamblea Nacional respete la Constitución y sus propios reglamentos que exigen traspasos formales de esos cargos por razones de salud. Continuamos atravesando un periodo bisagra entre dos épocas. Parafraseando a Galileo diré que Cuba se mueve. ¿Hacia dónde? Esa es otra discusión.

Efectivamente, están teniendo lugar muchas discusiones – al menos en la red. The Cuban Triangle [en] dice:

El significado para la política cubana no está claro. Fidel planea “luchar como un soldado en la batalla de las ideas,” y va a continuar escribiendo sus comentarios en el periódico. Pero la fuerza de sus ideas ortodoxas probablemente va a disminuir en un gobierno que está buscando soluciones a unos problemas económicos profundamente arraigados, creados por una excesiva centralización y planificación, sin hablar de la falta de libertad económica.

Por lo que a la política americana se refiere, es improbable que haya cambios, a causa de las leyes de los EUA y el enfoque de la Administración Bush. Cualquier cambio en su política o en explorar oportunidades, probablemente vendrá con la nueva Administración el año próximo.

Mientras tanto, Fidel Castro se está marchando a su manera, en el momento que él ha elegido. Ni invasión, ni operaciones secretas, ni embargo, ni un reforzamiento ininterrumpido de las sanciones por parte de los EUA desde 1992, ni la multitud de esfuerzos de la Administración actual, lo han forzado a dejar el cargo.

“Los seguidores de Castro admiraban su habilidad de proveer un sistema sanitario y educativo de alto nivel para los ciudadanos manteniendo la independencia de los Estados Unidos,” escribe 1Click2Cuba [en], añadiendo: “Los detractores de Castro lo consideran un dictador cuyo sistema de gobierno totalitario ha negado sistemáticamente las libertades individuales y civiles tales como la libertad de expresión, de movimiento y de reunión.”

Este último grupo parece ser el más ruidoso al hablar del tema. Marc Masferrer de Uncommon Sense [en] escribe:

Una consecuencia desafortunada de este traspaso de poder, reforzada por el “retiro” de Fidel, es que la dictadura sobrevive. Una cara, presumiblemente la de Raúl — no he visto el guión — se colocará en la parte superior del organigrama después del domingo. Pero la dictadura sobrevive.

La policía secreta. Los Comités de Defensa de la Revolución. El gulag…

El “retiro” de Fidel no es un momento para celebrar. Desgraciadamente, su legado sobrevivirá a su trabajo en vida, y a su vida. Es un momento histórico del cual tomar nota, pero nada más.

Ernesto Hernández Busto escribe en Penúltimos Días:

Por mucha expectativa que provoque en una prensa sedienta de sucesos simbólicos, la renuncia voluntaria de Fidel Castro tras 49 años de férreo mandato es, para decirlo con pocas palabras, uno de los grandes fracasos de nuestra historia política, visiblemente encapsulada en el arbitrio de un líder octogenario y su visión dinástica del mando. Resulta comprensible que, por el momento, ni en Cuba ni en el exilio sobren las ganas de celebrar. Pues, en cualquier caso, lo único que podría festejarse es que todo está saliendo según el guión dictado desde el Palacio de la Revolución.

Review of Cuban-American Blogs [en] añade:

Sea lo que sea que haya sido desde su declive físico y mental, Castro continua siendo. Nada ha cambiado para él o para Cuba. No obstante, va a ser elogiado y felicitado por su decisión tanto por parte de sus amigos como de sus enemigos. El “retiro” de Castro va a dar mucho que hablar a los medios de comunicación del mundo : “el fin de una era” y cosas así.

Espero sinceramente que mis compatriotas en Miami no se van a dejar engañar por este gesto vacío y celebrar este suceso como una señal de apertura o de esperanza de algún tipo. Cuando se le cave un hoyo para enterrarlo, entonces celebraremos, aunque eso tampoco no vaya a significar el fin de la tiranía comunista, pero al menos significará el fin de un tirano.

Las críticas no son exclusivas de los blogueros cubanos. Barbados Free Press [en] publica una fotografía de Castro y el antiguo Primer Ministro de Barbados Owen Arthur abrazándose, con las palabras: “Recordando a los ejecutados, a los desaparecidos, a los encarcelados…”, mientras que el bloguero de las Bahamas Dan Schweissing [en] dice:

Dada la creciente popularidad de numerosos movimientos y gobiernos populistas en Latinoamérica mientras los Estados Unidos ha pasado la mayor parte de esta década atollado por la Guerra contra el Terror, es ciertamente posible que Cuba tenga mucha más libertad para determinar su propio futuro de la que habría tenido, por ejemplo, hace tan sólo diez o quince años. Sin embargo, independientemente de hacia donde vaya Cuba, la realidad es que las cosas están cambiando y que esos cambios — sean los que sean — van a ser lo suficientemente grandes para tener un impacto significativo en el resto de nosotros en el Caribe.

Pero probablemente a quienes más ha impactado la noticia de la renuncia de Castro ha sido a los que aún viven en Cuba. Yoani Sánchez escribe desde La Habana en su blog Generación Y:

Toda mi vida la he pasado con el mismo presidente. No sólo yo, sino que mi mamá y mi papá –nacidos en el 57 y en el 54, respectivamente- tampoco recuerdan a otro, que no sea el que hoy se ha despedido de sus cargos. Varias generaciones de cubanos no se han hecho nunca la pregunta de quién los gobernará. Tampoco ahora tenemos muchas dudas de cuál persona ocupará el máximo puesto, pero al menos hay alguien que parece definitivamente descartado. Como en esos filmes de Alfred Hitchcock nos hemos enterado, sólo cinco días antes de las elecciones, que nuestros disciplinados parlamentarios se enfrentarán a una boleta diferente; que no tendrán que marcar al lado del “mismo” candidato.

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