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Corea: Encuentro religioso en el metro

Los asuntos religiosos siempre generan muchas opiniones de parte de los netciudadanos. La experiencia de uno de ellos ha ganado atención en las últimas semanas en un website Koreano.

Hoy me he agazapado cuando estaba en el metro. Quizás alguna de las personas que lean esto estuvieron en el mismo lugar. Entré en el metro sin prestar atención. Un monje budista de esos que podemos ver en las películas de artes marciales estaba sentado en un asiento. Con unas cejas blancas y espesas y una mirada resplandeciente, el monje desprendía tal fuerza que nadie se sentía capaz de acercarse a él facilmente. Lo miré fíjamente rodeada de gloria. A lo mejor también las otras personas presentes lo sintieron.

En ese momento una mujer de mediana edad se subió en la siguiente parada. En cuanto el metro se puso en marcha me dí cuenta que no era una mujer corriente. Totalmente fuera de lo común, con una mirada única y unos labios que parecían guardar algún tipo de secreto. En cuanto abrió su boca nadie allí presente pudo evitar alejarse un poco de forma automática. Como ya sabrán, en el metro hay personas que en sus discursos dicen que si no creemos en Dios iremos al infierno. Aquella mujer era una de ellas. Era tan buena oradora que podría terminar 4 páginas de formato A4 en tan solo 30 segundos.

En el mismo instante en que se subió al metro, aquellos pasajeros afectados por su energía la miraron y seguidamente se dieron la vuelta para mirar al monje. ¿Por que? El caso es que cuando parecía que tanto el monje como la mujer sentían nuestras miradas, la mujer empezó a caminar hacia el monje de repente. Después de respirar a fondo la mujer empezó a decir su discurso en frente del monje, hablando de lo irrespetuoso que es no creer en Dios y que una parte del infierno estaba reservada para los monjes. Estaba clarísimo que entre ellos había una chispa intensa.

Sin poder soportarlo más algunos pasajeros empezaron a reirse. Yo tampoco podía parar de reir, pero sentía curiosidad por ver como reaccionaría el monje. A lo mejor el también pensó que no debía seguir callado y empezó a reirse. Así: JA, JA, JA. La escena era como la de las películas de artes marciales y el sonido de su risa era fuerte y energética. Guau….. que momento, su risa sonaba como los truenos, lo suficiente como para hacer que un actor de artes marciales se diera a la fuga.

En un instante la mujer se echó para atrás, pero su energía no se debilitó. Manteniéndose firme empezó a hablar sobre el infierno de nuevo. El monje todavía se estaba riendo. Ninguno de ellos cedió ante el otro. Conforme pasaba el tiempo mas pena sentía por el monje. Ella era un veterana con bastante experiencia y el monje era uno de esos que se retiran a meditar lejos del mundo moderno. Aquel ataque era demasiado para el monje. Después de varias paradas el monje se levantó de su asiento para bajarse en la misma parada donde se suponia que yo también …. Sin estar totalmente satisfecha con su ataque o para asegurarse de su victoria, la mujer no paró de hablar. El monje y yo nos bajamos del metro dejando atrás su discurso. Tanto los pasajeros que se bajaron como yo no pudimos evitar el seguir riéndonos. Mientras se bajaba el monje dijo: “esa moza habla demasiado”

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