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Haití, Congo y la política del hambre

El alza de los precios de los alimentos ya ha provocado disturbios en Haití, Egipto y Mozambique este mes mientras una crisis que empeora y que no solamente amenaza con dejar a miles vulnerables a morir de hambre, sino que pondrá a prueba a gobiernos ineficaces en países pobres alrededor del mundo.

Dos bloggers francófonos, uno haitiano y uno congolés, respondieron, pero en vez de culpar a las causas cercanas –subsidios para biocombustibles en los países ricos– critican a la política y a los políticos que, para empezar, dejan a sus países en esta vulnerabilidad. Escriben que los disturbios de estas últimas semanas y los disturbios próximos, como la crisis misma, son sintomáticos de problemas más profundos que no pueden ser solucionados por la simple magia de la ayuda extranjera.

La blogger haitiana Natifnatal escribió un post furioso que rompe el corazón mientras veía que se desarrollaban los hechos en Haití desde miles de kilómetros de distancia, en Abu Dhabi. Lo que ella sugiere es una especie de exilio autoimpuesto. Se llama “Cuando los políticos sirven hambre para ganar puntos”.

Estas últimas semanas, Haití ha regresado a ser el primero de las noticias. No importa lo lejos que esté, las noticias lo atraparán, las imágenes lo impresionarán, el disgusto le cerrará la garganta y la cólera lo envolverá. En efecto, usted está furioso por la manera en que su país está reducido por la prensa: a personas por montones, que destruyen las pocas tiendas que funcionan en un país que no funciona desde hace mucho tiempo, con barricadas encendidas y que lanzan piedras al Palacio Nacional. Usted está furioso porque las preguntas que le hacen los extranjeros que ven lo mismo que usted y que no entienden nada son imposibles de responder. ¿Hay que empezar por 1492, hablar del descubrimiento, de la esclavitud, de la prosperidad de la ex Perla de las Antillas, de la lucha por la independencia, de Toussaint Louverture? ¿O hay que contar la decadencia que señala a diario desde 1804, la ocupación, la dictadura, las masacres, la demagogia que ha revestido con ribetes de democracia con Aristide, para después detenerse en los secuestros, los golpes de estado, la pobreza, la indigencia, la desesperanza que nos acosan de manera cotidiana? Porque los que no saben nada pueden hacer lo más simple del mundo y hacer la siguiente ecuación hambre + pobreza + alza de precios = manifestaciones + renuncia del Primer Ministro + violencia, y argumentar que un aumento en la ayuda alimentaria debería ser suficiente para reducir el hambre.

Pero usted que conoce Haïtí, que todavía respira su aire a pesar de la distancia, que todavía llora en silencio cuando tiene un padre al teléfono, sabe que la situación está lejos de ser así de simple. Usted sabe que esas manifestaciones no son inocentes, que hay manos detrás de esos actos de violencia, que esas llamadas reivindicaciones no se deben al azar, que el despido del Primer Ministro o el otorgamiento de dinero no arreglará gran cosa, y que esos manifestantes no son más que peones entre las hábiles manos de los enfermos de poder.

Porque usted conoce la cruda verdad, usted está harto. Aunque usted haya huido de esas maniobras políticas, haya roto con Haití, se haya resignado a su condición de «apátrida», bastan esos momento para que el pulso se le acelere, su corazón empiece a palpitar, tenga ganas de arrancarse los pelos, maldecir al destino y de rendirse ante la evidencia por enésima vez, que usted ha hecho bien en irse.

En la República Democrática del Congo, Musengeshi Katata en Forum Realisance, atento a los hechos en Haití y Egipto, escribe un post llamado, “Hoy, Haití. Mañana, el mundo.”

Katata menciona la relación entre la actual crisis alimenticia, la devastación ecológica del planeta, la demanda de energía, biocombustibles y cómo India y China, desarrollándose rápidamente y sin lo último en tecnologías de ahorro de energía, van a África a buscar recursos naturales.

Pregunta “¿Por que África es tan lenta para entender que solamente se pondrá más difícil [de desarrollarse] en el futuro?” y predice que “los próximos años serán malos, tan malos que nos preguntaremos si el Infierno es africano” porque los “países ricos colocarán, como siempre lo han hecho, el oneroso peso de esta crisis que se intensifica en los hombros de los países pobres” [fr].

Pero al final, Katata atribuye la mayor parte de la responsabilidad en las mismas élites africanas, y predice que “muchos gobiernos incapaces y regímenes van a implosionar” en los próximos años a menos que reconozcan que su propio interés está en proteger los intereses de su pueblo.

…el tsunami, como ha escrito un de nuestros colegas de Internet, va a alcanzar a África con, como lo predijo el Banco Mundial, con furiosas revueltas y hambre sin resultados. ¿Cómo podemos presentar las cosas para que las élites negras entiendan que están dormidas, y que su visión de las cosas es desastrosa y perjudicial al bienestar y al futuro de los suyos? ¿Se necesita que los africanos, los afrodescendientes, sigan siempre dejándose gobernar por Occidente, y a descuidar de ver las cosas que están en riesgo de sufrir, de decenios en decenios las graves vicisitudes crónicas de carencia y la pobreza? Es para preguntar: ¿los negros se rehúsan a reflexionar y sacar conclusiones útiles o es que no son capaces?

Todos los países que viven de la ayuda internacional, todos los que no han desarrollado en casa su propia agricultura por la ayuda y las falsas promesas de los países industrializados, van a conocer en los años que siguen lo que es pasar las de Caín. La crisis económica que conocemos desde hace 30 años se va a acentuar y a pulverizar los reducidos medios de todos los países pobres. Y los que esperan o creen que la ayuda internacional los podrá ayudar a endulzar las cosas se equivocan otra vez: esta ayuda, aunque alivie, es un verdadero veneno si paralelamente, y esto a pesar de la miseria y la pobreza, no se hace un esfuerzo adicional para paliar este tipo de penurias en el futuro. Porque, seamos honestos, la ayuda corrompe y lleva a engañar las apariencias; lo que impide por lo general, como se sabe, ver «el árbol», el mal como se presenta y de remediar lo más juiciosamente posible. De otro lado, el endeudamiento de los países industrializados actualmente es tremendo, y eso va a provocar próximamente, aumento del desempleo, de considerables crisis sociales.

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