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Georgia, Rusia: Blogger de Poti narra el bombardeo

Ver la página de la cobertura especial de Global Voices sobre la crisis en Osetia del Sur.

A continuación el relato de la usuaria de LiveJournal pepsikolka (rus) de cómo se sintieron los aviones rusos cuando bombardeaban Poti, su ciudad natal (más posts de esta blogger están traducidos acá):

Cómo fue todo.

Nos preocupábamos mucho por Osetia, condenábamos la guerra y discutíamos, y todos nosotros, todos los que trabajan [en nuestra empresa], todos los que me rodean – ninguno ha dicho nunca que era bueno que [Georgia] hubiera entrado en Osetia, todo el mundo lo lamentaba y estaba preocupado.

En la noche, de vuelta del trabajo, algunos colegas decían que estaban llevando a los niños fuera de la ciudad, qué pasaría si empezaran a bombardear Poti, ya que es, después de todo, una ciudad estratégicamente importante, y yo protestaba diciendo que esto nunca pasaría, que si los rusos deciden ayudar a Osetia (no era claro todavía hasta qué punto), ayudarían al pueblo osetio y eso sería todo.

Alrededor de la medianoche escuché unos rugidos, corrí a la ventana y vi un rayo de fuego, explosiones en el puerto y escuché un ruido ensordecedor. Ni siquiera tuve tiempo de asustarme, solamente sabía que si le daban a una cisterna con petróleo, habría fuego y una explosión, así que agarré el teléfono, llamé a Tengo, Vika contestó, gritando – Samira, están bombardeando el puerto. Mi mamá con Alina y nuestra sobrina corrían sin dirección por el departamento, las explosiones continuaron, y bajamos las escaleras. Había gente en la calle, lloraban y todos parecían terriblemente alarmados.

Realmente no entiendo, pero seguían algunas explosiones y ruidos de disparos. Alguien corría y gritaba que [todos deberíamos] irnos, pues estamos cerca del puerto, y todos corrimos. Los aviones volaban, había algunas luces, y parecía que les disparaban desde el piso, no sé, había ruido en el cielo y se podía ver la luz de misiles o de yo qué sé.

Nos refugiamos [dentro de un edificio], había gritos por todos lados, mujeres y niños estaban llorando.

No había conexión telefónica, y antes de eso habían apagado los televisores.

No entendíamos nada de lo que pasaba.

Claramente, nadie esperaba esto.

Fuimos donde mi hermana, al área que está lejos del puerto, Mos'ka estaba lloriqueando, muy asustada, nació en 1994 y no conoció cómo la pasamos en 1992, durante la segunda toma violenta de la ciudad de Poti por el ejército georgiano [y expulsión de los partidarios de Zviad Gamsakhurdia], y su hermana Katerina estaba naciendo, y le pedíamos ayuda al ejército ruso que evacuaba. Los doctores militares terminaron trayendo a Kat'ka al mundo en el hospital.

Pero eso fue hace mucho tiempo.

Ahora Mos'ka estaba llorando, y otros niños en el patio hacían lo mismo.

Ya no bombardeaban, pero la gente seguía con miedo de entrar a los edificios.

Empezamos a movernos hacia nuestra casa. Cerca de cada edificio había multitudes de personas que estaban asustadas de entrar a sus departamentos.

[Una mujerj hablaba por teléfono ahí cerca, y de repente dio un grito estremecedor, la gente gritó más fuerte, y yo sentí miedo a nivel subconsciente. Le dije a mi hermana que no hablara en ruso. [La mujer] estaba en un estado de demencia temporal, mi mamá preguntó qué pasaba en georgiano, dijeron que estaban bombardeado Senaki, que había movilizado [a hombres] ahí, y que al hermano [de la mujer] lo habían matado.

Corrimos a la casa, empezamos a llamar [a familia y amigos].

Resultó que una bomba le había dado a nuestro terminal, mi colega, un amigo, que trabajaba en el turno de la noche, quedó herido con metralla, costillas rotas, sus pulmones y cabeza heridos también. Los reservorios no se habían afectado, solamente la estación de espuma y una subestación en el puerto. En el puerto, siete personas murieron, creo, y algunas quedaron heridas. El hombre que trabajaba en la agencia de la compañía del ferry de Odessa-Poti murió. También trajeron a los muertos de Senaki, a los reservistas los dejaron ir desde ahí, otro de nuestros colegas quedó herido por la bomba.

La gente está tan asustada que nadie discute de política, todos trataban de acercarse unos a otros, algunos se persignaban y susurraban oraciones.

Yo solamente pensaba una cosa, que debíamos mantenernos juntos.

En la mañana, huíamos de nuevo, porque una de las bombas no había hecho explosión y trajeron zapadores para desarmarla.

Yo estaba mirando por la ventana y vi gente con bolsas que huía, saliendo en autos a aldeas, a Adjaria. Mi amiga Lenka ha alquilado un cuarto en Kobuleti y se está quedando ahí con su familia.

La ciudad está vacía, la mayoría de las tiendas están cerradas.

Tengo no se fue a ninguna parte, corríamos para vernos de rato en rato.

No han vuelto a bombardear Poti, escuchamos disparos ayer, pero no sabemos qué era. Ni puedo imaginar lo que será para la pobre gente en Tsjinval.

Nadie necesita esta maldita guerra.

No soy política ni tengo políticos en mi círculo que piensen que así es como debe ser. No diferencio entre osetios, georgianos y rusos. La amiga de mi abuela es osetia, nosotros somos rusos pero tenemos parientes georgianos, el yerno es ucraniano, a quién demonios le importa, lo principal es que esta cosa se acabe tan rápido como se pueda y que nadie más muera.

Los que escriben que acá ustedes georgianos están teniendo su merecido.

¿Qué merecido? ¿De qué? ¿Somos culpables de algo?

¿Son los georgianos monstruos, no corre por sus venas la misma sangre como todos los demás? Los ancianos lloran y es insoportable verlos. Y nunca nadie me ha dicho que esto se debe a ustedes, rusos. Ni una sola persona, ni una sola vez. Admito que hay gente que puede decir esto. Pero no me los he encontrado. Algunos en LiveJournal dicen que si ustedes, los Kuznetsov, son rusos, ¿por qué no escapan a Rusia? Cuando la gente huía en los años noventa, nos quedamos, porque había incertidumbre acá y allá. Mi mamá eligió la incertidumbre acá. Porque nació y creció acá, todos nacimos acá, en algún momento en los años treinta, a mi abuela, entonces una niña, la pusieron en un tren y le dijeron que no había hambre en Georgia, que ahí había [maíz]. Es nuestro país ahora, tenemos pasaportes georgianos y somos ciudadanos georgianos comunes. Por eso siento que me parto en dos, cuando me paro en suelo georgiano y los aviones rusos vuelan encima de mí, y no puedo imaginar que estos dos países estén peleando uno contra el otro.

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