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Angola: De la tristeza y alegría de ser un retornado

Categorías: África Subsahariana, Europa Occidental, Angola, Portugal, Etnicidad y raza, Guerra y conflicto, Historia, Medios ciudadanos, Refugiados

Cuando Angola se volvió independiente en 1975 [1], los ex colonizadores portugueses fueron obligados a regresar a Portugal. Pero ellos no fueron los únicos. Angoleños también, descendientes o no de portugueses, dejaron toda su vida detrás. Abandonaron casas bien surtidas, autos, trabajos, y la mayoría de ellos viajaron solamente con una muda de ropa. No tuvieron tiempo de decir adiós, de notificar a su trabajo, de garantizar que eran propietarios de las casas cuyas puertas delanteras dejaron abiertas.

Muchos años después, los propietarios de las casas regresaron a recuperar sus bienes. No les devolvieron nada. En la mayoría de los casos, las casas habían sido ocupadas por gente que venía del campo o fueron dadas a otros por el estado angoleño, que las declaró en abandono por los ocupantes previos.

Llegaron a Portugal sin esperanzas, con cara de perdidos, agarrando a sus niños de la mano, solamente con la certeza de un presente inestable y un futuro gris. En Portugal, les llamaron “retornados”, un término peyorativo que se ha disipado con el tiempo, pero que sigue marcando el alma de los que huyeron de su propio país.

El autor del blog 25 de abril – el antes y el ahora [2] reprodujo la historia de un hombre que dejó todo al huir de Angola:

“Entre la masa de personas anónimas cuyo destino era incierto, estaba Ribeiro Cristovão, su esposa y tres pequeños niños. “Me quedé en Angola casi hasta la independencia. Creía que a pesar de los cambios radicales, habría lugar para todos. Me equivoqué”. A fines de 1975 dejó su trabajo en la cervecería Cuca y su casa en Nova Lisboa. El lector de deportes en Rádio Renascença confiesa que los primeros tres meses que vivió en Lisboa fueron los más difíciles de su vida. Y si no hubiera sido por el refugio en la casa de su hermana en Alcochete, su historia estaría pintada en tonos aún más oscuros. “Recuerdo haber caminado toda la ciudad buscando trabajo, sin suerte. Sin duda estaba desesperado”. En la primera Navidad en la capital [portuguesa], Ribeiro Cristovão se hundió en profunda tristeza. Ahí estaba rodeado de su familia pero con un árbol de Navidad sin regalos. La etiqueta de retornado le cerraba todas las puertas.

JPF, de Fado Falado [3] [Fado hablado, pt] tiene una perspectiva diferente:

Con todo tenía la idea – y la convicción – que acá a los “retornados” los recibían bastante bien, el estado y la gente en general. A propósito, la mayoría de ellos y sus descendientes están ahora viviendo acá en la misma situación de aquellos que ya estaban acá y sus descendientes. Algunos me dirán que conocen el caso diferente de X o Y y probablenente, hay historias como estas así como hay historias de “retornados” que, sin estar en necesidad, se beneficiaron de todas las donaciones.

El autor del blog Cubatangola [4] [pt] nos cuenta un hecho curioso:

Ayer tuve la certeza de que la mayor parte de los antiguos residentes angoleños no les importa que les digan “retornados”. Tengo un pariente que, debido a serios problemas de salud, que tuvo un derrame hace más de cuatro años, vive en hogar. Hace poco pudimos encontrarle un nuevo lugar con mucho mejores condiciones y cuidados más amplios, y lo mudamos ayer. Cuando una de las cuidadoras se enteró de que este nuevo paciente había vivido muchos años en Angola y había regresado con el grupo de ‘75, se le acercó y le dijo, simplemente, “¡YO TAMBIÉN SOY UNA RETORNADA!”. Una simple frase, pero tan llena de significado que fue suficiente para tranqulizar a este anciano y traer una sonrisa a su cara, una de esas sonrisas de complicidad que intercambiamos con la gente que conocemos durante años. Sin duad, más que nunca creo que esta palabra RETORNADO identifica a personas que no deberían avergonzarse de que las llamen así, aunque algunos piensan que es peyorativa.

La verdad es que ni el estado portugués ni los mismos ciudadanos hicieron fácil la vida de los que regresaban al país. JPF [3] confirma esto:

Tengo familia que salió de Angola en ‘75. Fue terrible para mucha gente, para muchas familias. Hasta donde supe en ese momento y ahora, el estado portugués no les dio el apoyo debido en ese momento. Ciertamente fueron abandonados. Pero esta es una cuestión que debería ser dirigda a los políticos relevantes del momento. Básicamente, militares barbones, algunos de ellos comunistas, otros revolucionarios y oficiales generales, como Rosa Coutinho, Vasco Gonçalves y Costa Gomes así como otros cuyos nombres no sé”.

Es verdad que la mayoría decidió irse a la vieja metrópolis, pero algunos decidieron quedarse. sin embargo, fue el lugar donde comenzaron una familia, un lugar donde los sueños y el futuro prometeder se habían establecido juntos. JPF [3] publica una historia de coraje y amor por la patria en su blog:

“Hace algunos años leí una excelente historia acerca de los “más viejos portugueses en Angola” en la revista Pública. Era un hombre de casi  90 años nacido allá, cerca de 1910. Su abuelo se había ido a Angola en la primera mitad del siglo XIX. Este hombre contó su historia. En ‘74 or ‘75, cuando estalló la grave hostilidad en Angola, empacó su hogar, cargó los autos y manejó fuera de la ciudad en que vivía hacia Luanda para huir con su familia. Medio camino después, tras cientos de millas y miles de peligros, detuvo el auto y se preguntó: “¿a dónde voy a huir? ¿Por qué? ¡Esta es mi tierra! La tierra que amo”. Regresó con su familia y se quedó ahí. Ahora tiene cerca de cien año. O, si ya ha muerto, fue en la tierra en la que nació y vivió, siempre. Donde fue enterrado por su familia. No tengo dudas de este viejo amaba a Angola.

Para redondear, Carlos Pereira de meus escapes [5] [mis escapes, pt] carga un video hecho en Luana en 1975 que muestra lo que él llama “momentos de gran drama para las víctmas de una descolonización desastrosa”:

Las maravillosas fotos que ilustran este artículo son imágenes de pantalla del video de arriba, por el ususario de Dailymotion kutemba [6]

Originalmente escrito en portugués, traducción por Paula Góes