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Afganistán: Atascado en combate

Un interesante par de historias en el New York Times ilustran brillantemente cómo son realmente de complejos los problemas que enfrenta Estados Unidos en Afganistán y Pakistán. La primera es la mirada de CJ Chivers en un conflictivo puesto en Nuristán:

La misión de los norteamericanos es desbaratar el Talibán y a los combatientes extranjeros en las rutas de suministro desde las áreas tribales de Pakistán. El Coronel John Spiszer, el oficial al mando del destacamento más grande de la región, cuenta cómo funcionaba la misión a menudo. La presencia norteamericana, dijo, es un imán para el Talibán, y desplaza a los insurgentes de áreas más pobladas y mejora la seguridad por todos lados.

El Teniente Primero Daniel Wright, oficial ejecutivo de la unidad norteamericana de caballería— Tropa Apache del Sexto Batallón, Cuarto Caballería — pone las cosas en términos de trinchera.

“Básicamente,” dijo, “somos una esponja de balas.” …

El consenso entre los soldados acá, muchos de ellos veteranos de la guerra en Iraq, es que los esfuerzos del Pentágono en Iraq minaron sus esfuerzos en Afganistán, donde Al Qaeda planeó ataques contra Estados Unidos. Los militares han estado revisando su estrategia afgana. …

Por ahora, los soldados de la Tropa Apache absorben y repelen ataque tras ataque. El Sargento Michael S. Ayres, jefe de escuadrón, resumió la mentalidad práctica: haciendo guardia parados detrás de pesadas ametralladoras, los soldados esperan refuerzos para que puedan cambiar la naturaleza de su lucha.

“Necesitamos toda la ayuda que podamos tener ahí, para que podamos expulsar a las patrullas y salir de la defensiva,” dijo.

El reportero gráfico y blogger John McHugh, mientras recibe tratamiento por una herida de bala en el puesto de avanzada antes conocido como Kamu en el 2007. 17 ANA y 7 miembros de la tropa de EEUU murieron en esa batalla. El diario de McHugh inserto en el Guardian ofrece gran cantidad de entendimiento acerca de los desafíos que EEUU enfrenta a lo largo de la frontera pakistaní.

Están apostados en el antiguo pabellón de caza/castillo del rey Zahir Shah a lo largo del río Landai Sin. El puesto de avanzada Lowell se llamaba puesto de avanzada Kamu, lo que significa que está en el extremo este de Nuristán, a lo largo de la frontera con Chitral. Como se puede adivinar a partir de los nombres de estos lugares, hay muchos hombres violentes merodeando por las colinas, y sus constantes tiros al azar han empezado a molestar (por decir lo menos) a las tropas que están en su camino. El artículo de Chivers es una lectura fascinante, aunque como otras historias que se originan en Korengal o Nuristán no es exactamente representativo del resto del país. (A comienzos de este mes, Chivers también escribió acerca de este puesto de avanzada, e hizo una crónica sobre la desesperada lucha para salvar a uno de los afganos que trabaja para ellos en la base; una inquietante exposición de fotos está acá.)

Un chinook despega del Campo Keating en el 2005 para transportar suministros al recientemente construido puesto de avanzada Kamu (ahora Lowell). Del Centro de Medio de los Soldados.

Más al sur, a lo largo de la frontera desde Kunar, Jane Perlez escribe de la brutal lucha de Pakistán contra su propia insurgencia:

Detrás de complejos familiares construidos de abobeen el área de Bajaur, un corredor vital a Afganistán a través del cinturón tribal de Pakistán, los insurgentes del Talibán crearon una red de túneles para almacenar armas y moverse sin ser detectados…

Tras tres meses de a veces feroz lucha, el Ejército Pakistaní controla una pequeña área de Bajaur. Pero lo que inicialmente se retrató como una acción paramilitar para restaurar el orden en el área se ha convertido en la campaña militar más sostenida del Ejercito Pakistaní contra el Talibán y los que lo respaldan en Al Qaeda desde que Pakistán se alió con Estados Unidos en el 2001.

La señora Perlez amablemente nos cuenta que el viaje a Loe Sam, en Bajaur, fue arreglado por la milicia pakistaní. Así que lo que ella informa y ve no es el resultado de una investigación independiente. No obstante, es realmente interesante ver cómo los militantes ahí se han adaptado a, digamos, el uso de UAVs y el ocasional ataque de helicópteros. El Ejército Pakistaní y los Cuerpos de la Frontera, dos fuerzas independientes (los Cuerpos de la Frontera trabajan para el Ministerio del Interior), han perdido 83 hombres durante los tres meses de lucha. Han perdido ya más de 700 desde el 2004—más del doble de las pérdidas norteamericanas en Afganistán.

Guardia en Bajaur. Cortesía de Mirror4.

Indirectamente, esto ayuda a mostrar por qué es tan inapropiado escribir sobre Pakistán como si no importara, o sin hacer nada, acerca de los militantes en la frontera noroeste de Pakistán y de las áreas tribales administradas federalmente. No es que no estén haciendo nada es que el gobierno pakistaní no puede hacer mucho—sobre todo si quiere mantener un mandato popular y no perderlo matando cientos más de tropas en una campaña bastante impopular.

En cualquier caso, vale la pena leer en su totalidad ambos artículos, en el remoto caso que alguien haya pensado que las cosas mejorarían dramáticaemente ahora que EEUU tiene un nuevo presidente.

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