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Japón, Brasil: Centenario de la inmigración japonesa a Brasil

En junio de 1908, el barco japonés Kasato Maru (笠戸丸 ) [jp] atracó en el Puerto de Santos (São Paulo) después de un viaje de 52 días, trayendo a las primeras familias jappnesas a Brasil. El viaje había empezado el 28 de abril de ese mismo año, cuando 781 granjeros japoneses partieron del puerto de Kobe después de decidir mudarse al otro lado del mundo en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Kasato Maru en el Puerto de Santos, foto de la colección de Laire José Giraud.

Desde entonces, la comunidad japonesa en Brasil ha crecido año a año, particularmente durante los años de la guerra. Sin embargo, no solamente el proceso de integración de los inmigrantes japoneses en la comunidad local brasileña fue muy largo y difícil, las relaciones al interior de la propia comunidad japonesa fueron también muy complejas, debido a las diferentes reacciones que la distancia de su patria despertó en los individuos así como a su voluntad y capacidad de adaptarse al nuevo país.

id: Parupalo Oyaji (パルパロおやじ) en Paruparo Weblog analiza algunos acontecimientos históricos que describen bien la complejidad de la situación dentro de la comunidad japonesa en Brasil durante la guerra.

En 1941, cuando la Guerra en el Pacífico (guerra nipo-estadounidense) acababa de estallar, apareció un tema serio para los inmigrantes japoneses en Brasil. Como Brasil se unió al lado de los Aliados, los japoneses que vivían en Brasil comenzaron a ser vistos como enemigos. Afortunados en su infortunio, no fueron a campos de concentración como sus compatriotas encarcelados en EEUU o el Perú. Sin embargo, su idioma fue proscrito y se prohibió la publicación y distribución de periódicos y revistas escritas en japonés. […]

En 1945, Japón se rindió ante los Estados Unidos y terminó la Segunda Guerra Mundial. Pero para el 80% de la comunidad japonesa en Brasil, Japón había ganado la guerra. Parupalo Oyaji continúa explicando un oscuro trozo de historia:

Como resultado de la guerra, la comunidad japonesa se dividó en dos grupos [archivo en pdf]. La facción de los kachigumi (victoristas) [jp], que pensaban “¿cómo pueden creer en las noticias que reciben del enemigo? Japón no puede ser derrotado” y, del otro lado, la facción de los makegumi (derrotistas), que aceptaron la derrota de Japón y fueron capaces de ver la situación que había empezado con la Guerra Fría (muchos de ellos entendían portugués y pudieron también comprender el proceso que había llevado a la guerra a ese fin).
Dentro del grupo de los victorists, había una facción particularmente nacionalista y extremista llamada Shindô Renmei [jp] [literalmente“La Federación de Leales Súbditos”], que consideraban a los miembros del grupo de los derrotistas como traidores, y empezaron a tomar acciones militares para castigarlos. Al año siguiente, con la intensificación de la disputa dentro de esas facciones, la Federación de Leales Súbditos fue reprimida con la intervención del ejército brasileño. Veintitrés personas murieron. Una cosa tan miserable: en una tierra extranjera, donde se suponía que los compatriotas japoneses debían ayudarse entre ellos, se estaban matando unos a otros.

Debido a estos hechos, obviamente se interrumpió la admisión de inmigrantes japoneses; se reasumió en 1952 y continuó hasta los años setenta.
En total, el número de japoneses que inmigraron a Brasil alcanza los 250,000 e incluso ahora alrededor de 60,000 japoneses de primera generación todavía viven en Brasil.
Pero si piensan en todos los nipo-brasieños, desde la segunda a la quinta generación, hay un millón y medio de personas que orgullosamente constituyen la mayor comunidad étnica japonesa en el mundo.

Año del Intercambio Japón-Brasil

Como quedó acordado en el 2004 por el ex Primer Ministro Junichiro Koizumi y el presidente brasileño Lula da Silva, el 2008 fue elegido como el Año del Intercambio Japón-Brasil y durante este periodo se ha promovido toda clase de acontecimientos culturales para celebrar el centenario de la inmigración japonesa a Brasil.

Takanori Kurokawa, un blogger japonés que vive y estudia portugués en Recife (en el noroeste de Brasil), describe un festival japonés organizado para celebrar el Año de la Amistad Japón-Brasil.

El último domingo de noviembre, como todos los años en este día, hubo la Feria Japonesa en Recife (el mercado japonés o “Nihon-shi” en japonés), pero este año realmente tuvo mucho estilo.
Como este año estamos celebrando el centenario de la inmigración japonesa, muchas organizaciones japonesas, grupos nipo-brasileños y empresas dieron su contribución.
La cantidad de nipo-brasileños que viven en Recife comparada con Sao Paulo o Paraná es muy pequeña, así que pensé que este festival no sería tan especial pero tuve que cambiar de idea, ¡fue realmente asombroso!

En la parte de la ciudad vieja donde se realizó el festival, se alinearon cabinas una tras otra y un torii [puerta a la entrada de un altar Shinto] se colocó en la entrada principal…después tres esquinas: la esquina de la cultura japonesa, la esquina de la comida y la esquina de las artes y las artesanías. […] La esquina del anime también estuvo genial. El Anime parece ser muy popular como producto de la subcultura japonesa y ese día había puestos donde vendían manga o artículos o juegos cosplay [literalmente “obra de disfraces”], y había muchos brasileños vestidos con disfraces inspirados en manga que conozco pero también manga que no conocía.

Inmigración brasileña a Japón

Mientras en las primeras décadas del siglo XX muchos japoneses emigraron a Brasil buscando trabajo, la tendencia de inmigración [in, pdf] cambió en los años noventa y muchos nipo-brasileños empezaron a inmigrar desde Brasil a Japón, viniendo a representar la categoría de dekasegi (出稼ぎ, literalmente “el que deja su casa en busca de un ingreso”). De hecho, a finales de los años ochenta, cuando Japón ya se había convertido en uno de los países más ricos del mundo, el Ministerio de Trabajo de japón empezó a facilitar la entrada de trabajadores de etnia japonesa, y les entregó visas de trabajo con la finalidad de aliviar la escasez de trabajadores en las llamadas profesiones “sucias, peligrosas y humillantes”.

Actualmente, hay 300,000 nipo-brasileños (日系人, Nikkei-jin) que viven en Japón y la mayor parte de ellos trabajan en fábricas de autos [in] por lo general como empleados temporales bajo precarias condiciones laborales.

Avance del documental Brasil Kara Kita Ojiichan (ブラジルから来たおじいちゃん, “Un señor de Brasil: visitando brasileños en Japón”), acerca de Ken’ichi Konno (紺野堅一), un japonés de 92 años que inmigró a Brasil hace 73 años.

En Raten Nikkei Ryugakusei (ラテン日系留学生), un blog que reúne las voces de algunos nipo-latinoamericanos, Patricia Yano (矢野パトリシア) escribe sus reflexiones en su identidad como una nipo-brasileña.

Soy niséi [in] [segunda generación], y desde que era una niña he estado experimentando tanto la cultura japonesa como la brasileña. He aprendido mucho de mis abuelos japoneses y estoy orgullosa de ser una nipo-brasileña.

En Brasil, la comunidad nipo-brasileña representa solamente 2% [de toda la población] pero está reconocida como una minoría de manera positiva. De otro lado, esto no es igual para los brasileños que viven en Japón. Me pregunto por qué la identidad nipo-brasileña tiene que tener estas dos caras…
Hablando personalmente, mi identidad consiste en la cultura japonesa y la cultura brasileña. Sin embargo, el proceso que me trajo a pensar de esta manera no fue tan fácil. Cuando estoy en Brasil me llaman “japonesa” y cuando estoy en Japón me dicen “gaijin” [extranjera]. En otras palabras, la manera en que me consideran como ser individual que pertenece a una minoría cambia de positiva a negativa.
Las personas nipo-brasileñas que vienen a Japón a estudiar pueden no sentir esta diferencia pero los dekasegi, personas como yo que venimos en busca de trabajo, la sentimos. […]

En Brasil, los japoneses por medio de sus esfuerzos lograron crear una imagen positiva de ellos mismos dentro de la sociedad brasileña. ¿Cómo pueden hacer lo mismo los brasileños que viven acá en Japón?
Esto es lo que pensé. los nipo-brasileños tienen varias identidades y representan un grupo variado. En este año, que es el centenario de la inmigración japonesa a Brasil, deberíamos ocuparnos de la educación y tomarlo como una ocasión para aprender. Para empezar, en mi opinión es realmente importante para esos hijos de los inmigrantes japoneses conocer esa historia.

En el mismo blog, Neide Ayumi Kuzuo (葛尾 あゆみ ネイデ), al presentar su último libro ilustrado titulado  “Yo, EU” (ぼく・EU), cuyo protagonista es un niño sansei [tercera generación] que se interroga acerca de su identidad, escribe acerca de sus memorias como hijo de inmigrantes japoneses.

He sido orientador de idioma en la Prefectura de Aichi y por mi trabajo he visitado más de 40 colegios de primaria y secundaria. He participado en ceremonias de ingreso y graduación.

[…]

Hablar con esos niños extranjeros me hizo recordar a cuando tenía su edad. Mi padre se quejaba y decía: “Los brasileños mienten muy fácilmente. Se toman un día libre del trabajo sin ninguna razón, y al día siguiente dan excusas que obviamente son mentiras. No les importa si contraen deudas y en la semana del carnaval terminan gastando todo el dinero ganado en un año entero. Divertirse al punto en que te endeudas… ¡no puedo creerlo!”.
Incluso ahora recuerdo cuando regresó a casa un día, hirviendo de rabia, y dijo: “No sabía que eran tan ligeros de dedos. Pon algo en algún sitio y ellos piensan que pueden tenerlo. Roban sin ningún problema lo que tú plantaste con agotadores esfuerzos y si te quejas dicen: “La comida y las frutas pertenecen a Dios, las cosas de Dios no le pertenecen a alguien sino a todos.” ¡¿Dios?! ¿Qué estás diciendo? ¡Yo planté esas cosas!”

Entonces, cada vez que mi padre decía algo malo sobre Brasil, dentro de mí solamente me preguntaba, “¿entonces por qué estás en Brasil? ¿Por qué viniste acá?” y pienso, “Yo mismo me veo como japonés y hubiera preferido nacer en Japón. ¡Quería ir a un colegio japonés!”,o “[Si viviérmos en Japón] podría dar una caminata en la calle sin que me molesten por la forma de mis ojos por un completo extraño que diga“¡Abre los ojos, japonés!”…. Pero nunca expresé esos sentimientos.

Y cuando en el colegio [me repetían] “Tu acento es extraño. Esta es la manera correcta [de pronunciarlo]. Corrijámoslo.” Nunca me quejé con mis padres diciendo “Odio que el profesor me regañe a cada rato”, “De verdad odiaba leer en voz alta”, “¡También quería participar en el festival anual escolar!”.
[…] De otro lado, tuve la oportunidad de conocer la cultura y las costumbres brasileñas. Y lo que disfrutaba más era la manera en que expresan su amor, particularmente por su familia. Además, el ambiente en el que crecí era animado, rico en emociones y era considerado normal ser espontáneo en toda circunstancia.

Una familia de inmigrantes japoneses en Brasil, imagen de Wikipedia.

En colaboración con Paula Góes.

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