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Palestina: “Usaron nuestra ropa como retrete”

Los blogueros en Gaza están reuniendo información acerca de lo que pasó durante los recientes ataques israelíes. En este post, leemos sobre familias cuyas casas fueron saqueadas por soldados israelíes, que además las dejaron cubiertas de heces. También nos enteramos de qué son las armas DIME (siglas en inglés de explosivos de metal inerte denso) y nos cuentan la historia de un padre cuya pequeña hija se desangró hasta morir mientras su esposa le daba de lactar.

La activista y bloguera canadiense Eva Bartlett escribe en In Gaza y escribió un post el 27 de enero sobre una visita a Ezbet Abbed Rabbo, sector este de Jabaliya, una área invadida por tropas israelíes y en la cual varios hogares fueron ocupados [en]:

La primera casa que visité fue la de mis queridos amigos, con quienes nos habíamos quedado en las noches antes de que empezara la invasión por tierra. […] Arriba, en el apartamento del primer nivel. Desorden completo. Heces en el suelo. Todo roto. Latas abiertas de provisiones militares israelitas. Hoyos de balas en las paredes. Hedor. En el segundo piso, en dos apartamentos próximos, están todos los apartamentos de los hijos políticos, así como de sus niños. Más desastre, peor olor. Este fue el asentamiento principal, aparentemente por las cajas de alimentos -comida preempacada, fideos, envases de chocolate y sandwiches envueltos en plásticos- y las ropas abandonadas de las Fuerzas de Defensa Israelí. Un par de pantalones en la tina de baño, embarrados con haces.

F. me dice: “El olor era terrible. La comida estaba en todas partes. Un olor asqueroso. Pusieron excrementos en los lavamanos, en todas partes. La última vez que invadieron (marzo 2008), fue fácil. Rompieron todo y lo arreglamos. Pero esta vez, dejaron mierda en todas partes: gavetas, camas – mi cama está llena de excrementos”.

Ella es fuerte y ha lidiado con las invasiones antes, pero la violación de su casa la ha deprimido.

“Hace un minuto, Sabreen abrió su closet de ropa: ¡había una taza de excrementos allí! Usaron nuestras ropas como sanitario. Rompieron la puerta del baño y vinieron a nuestro cuarto. No sé por qué”.

[…] Dos días después, fui nuevamente. La casa estaba mucho más limpia, pero aún invadida con el olor de la presencia de los soldados. “Hemos limpiado cuanto hemos podido, pero es muy difícil. Aún no tenemos agua potable, tenemos que buscarla con recipientes de la fuente del pueblo”. Yo había caminado por el sendero arenoso hacia arriba, sé cuán difícil es solamente ir caminando sin nada en las manos y no me imagino andarla con recipientes pesados o con un carrito para cargar grandes cantidades de agua. El camino era mejor antes, pero quedó destrozado por los tanques y aplanadoras de Israel.

Para fotos de los refugios temporales en los que mucha gente en Jabaliya se ha visto forzada a vivir, visita este enlace.

En otro post del 29 de enero, Eva escribe acerca de Yousef Shrater, un padre de cuatro hijos cuyo hogar también fue ocupado [en]:

Shrater explica cómo los soldados israelitas entraron a la fuerza a su casa y ordenó a su familia a salir, separando a hombres y mujeres y encerrándolos en una casa vecina con otras personas de la zona. Sus padres, habitantes de una pequeña casa en las proximidades, se unieron pronto a ellos. Los soldados ocuparon entonces la casa por todo el período de invasión terrestre, como hicieron en toda la zona de Abed Rabbo, como en todo Gaza. Y como en otros hogares en zonas invadidas, los ocupantes que regresaron a casas todavía en pie encontraron un desastre de basura, vandalismo, destrucción, desechos humanos y bienes robados, como teléfonos móviles, joyas de oro, dólares y dinares jordanos (JOD), y en algunos casos incluso muebles y televisores, usados y desechados en los campamentos instalados por los soldados en las zonas invadidas. Shrater dice que los militares robaron cerca de US$1,000 y otros 2,000 (unos US$2,830) en cadenas de oro. De vuelta en la esquina de la habitación que da el este, Shrater camina alrededor de una depresión de 1,5×1,5 mts en el suelo, donde se excavaron las losas y se recogió la capa arenosa que las sostenían. “Hicieron sacos de arena cerca de la ventana, para utilizarlos como posiciones para francotiradores”. Las bolsas están allí todavía, llenas de ropas y arena. “Usaron las ropas de mis hijos para sus bolsas de tiro”, lamenta Shrater. “Las que no colocaron en bolsas, las tiraron en el sanitario”, añade.

El padre de Shrater fue secuestrado de su casa:

Desde el techo vemos con mayor claridad los alrededores, donde se ubicaron tanques, las innumerables casas demolidas y dañadas y pedazos de metralla de los misiles de los tanques. El padre de Shrater, de 70 años de edad, está en el techo y comienza a contar su experiencia de secuestro de su casa y encierro durante cuatro días con su mujer y otros. “Fueron allí, a nuestra casa”, señala hacia la pequeña casa en la que él, su esposa vivían con cabras y ovejas. “Los soldados israelíes vinieron a nuestra puerta, nos gritaron que saliéramos y dispararon alrededor de nuestros pies. Mi esposa estaba aterrada. Tomaron todo nuestro dinero y nos esposaron. Antes de que nos vendaran los ojos, dejaron salir a nuestras cabras y ovejas y les dispararon. Mataron a ocho enfrente de nosotros”. Al anciano Shrater y su esposa les vendaron los ojos y los llevaron a otra casa por los siguientes cuatro días. Los militares israelíes le negaron su inhalador para asma y los medicamentos para la diabetes de su mujer. Alimentos y agua estaban fuera de discusión y el padre de Yousef Shrater dice que dichas peticiones eran respondidas por los soldados así: “No, no hay comida. Danos a Hamas; te daré comida”.

En Tales to Tell, la activista australiana Sharyn Lock escribe el 26 de enero sobre una discusión con un doctor [en]:

Cuando vi al doctor Halid el otro día, a pedido de un periodista, le pregunté sobre las evidencia de la bomba llamada gbu39 o “DIME” (explosivos de metal inerte denso). Se cree que fueron utilizadas por Israel en 2006 en el Líbano (por primera vez). El doctor Halid dijo que los doctores de la sala de cuidados intensivos estaban viendo algo que era nuevo para ellos: lo que parecía ser leves heridas externas de metralla junto a desproporcionado daño masivo interno. “Hay heridas pequeñas en el pecho, que tienen por detrás a pulmones destruidos. O mínimas entradas en el abdomen, pero con los riñones y el hígado destruidos”. Hoy escuché que parece que el metal denso se astilla en pequeñas esquirlas al entrar al cuerpo, donde las lleva el torrente sanguíneo, y destroza rápidamente todo por donde pasa. Por eso, muchos pacientes parecen estabilizarse, pero mueren pronto. Y si eso no fuera suficiente, la experiencia libanesa sugiere que aquellos que sobreviven experimentan rápidos inicios de cáncer. ¿Qué clase de mente imagina estas cosas?

En otra publicación (22 de enero), Sharyn nos cuenta la historia de Amer:

Amer tiene 29 años. 14 personas de su familia estuvieron en su casa esa noche y todos intentaron dormir bajo las escaleras, como una especie de refugio. Aunque están parcialmente abiertas al patio trasero, la planta de abajo parece el lugar más seguro ante los ataques de los F16. […] Amer no lo sabía, pero su hermano Mohammed había muerto en otro lugar ese día, en un ataque de aviones no tripulados.

Los soldados de Israel acudieron a su casa cerca de las 5:30 de la mañana, después de que había sido bombardeada durante 15 horas. Abrieron fuego inmediatamente hacia la familia y mataron al padre de Amer de tres disparos. Luego les dijeron que se marcharan. Amer había llamado a una ambulancia (que tuvo que regresar después de recibir balazos) y se negó a abandonar el cuerpo de su padre, pero los soldados amenazaron con dispararle si se quedaba. Entonces caminaron unos 300 metros de la vía de tierra detrás de su casa, tras lo cual recibieron disparos nuevamente de otro grupo de soldados. Esta vez, el hermano de Amer, Abullah, fue baleado; la hija de Amer y Shiren, Saja, recibió un tiro en el brazo y Farah, su niña de un año de edad, una bala en el estómago. Permanecieron las siguientes 14 horas resguardados detrás de una pequeña colina de tierra, mientras los heridos sangraban. Los militares no les permitieron buscar ayuda, aunque sabían de las heridas. Sin tener otro medio para aliviar el malestar de su pequeña hija, cuyos intestinos estaban saliendo, Shireen amamantó a Farah mientras la bebé se desangraba.

Después de las 14 horas, cerca de las ocho de la noche, los militares enviaron perros para espantar a la familia de su escondite, y arrojaron bombas de fósforo cerca de ellos, pero a causa de las heridas y los vidrio rotos, escapar era difícil.

El contingente militar tomó a los tres heridos y les puso detrás de los tanques. Capturaron a Amer, pero el resto de su familia logró huir y llamar a la Media Luna Roja. La ambulancia que alcanzó a los heridos siete horas después (conducida por S, mi amigo doctor) tardó una hora en encontrarlos y para ese momento, Farah había muerto. […] Amer estuvo prisionero durante cinco días por los soldados israelíes (los tres primeros sin acceso a agua, comida o un baño), lo golpearon y torturaron e interrogado sobre actividades de la resistencia sobre las cuales no sabía nada. Cuando Amer fue finalmente liberado en la frontera, los militares enviaron a dos colaboradores como escoltas, para hacer ver a los luchadores de la resistencia que Amer era un aliado. Pero los luchadores sabían quién era en realidad y que no era un colaborador. Nos cuenta ahora:
“Tuve joven a mis cuatro niños, y ellos me dieron la mayor felicidad de mi vida. Los cuidaba tan bien. […] Ahora, los hijos que me quedan no van a dormir sin sus zapatos, porque piensan que tendremos que correr por nuestras vidas otra vez”.

Mohammed Ali, quien trabaja para la ONG Oxfam, escribió en el blog de Oxfam (20 de enero) acerca de los hijos [en] de su hermana:

Mi hermana no abandona su casa; ella teme todavía que algo terrible puede pasar si traspasa su puerta de entrada. Desde que empezó el cese al fuego, ha estimulado a sus hijos a dormir en sus camas. Despertó esta mañana para encontrar a los niños acurrucados en el centro de la sala de estar, tal como lo habían hecho durante las últimas tres semanas. Tomará semanas, meses, incluso años curarles las heridas causadas por este conflicto.

Natalie Abou Shakra, una activista libanesa, bloguea en Moments of Gaza, y en una publicación del 20 de enero, describe una visita al doctor Imad, profesor de microbiología [en]:

Cuando entro a la sala de estar de Imad, veo una pintura de una mujer vestida con el atuendo tradicional palestino, de color rosa (recuerden que el color rosa es perseguido por las Fuerzas de Ocupación de Israel… pijamas rosas… especialmente niños en pijamas rosas)… La pintura estaba en en el suelo, y había un hueco en la pared donde estaba colgado… era una bella pintura, vibrante y llena de vida… por eso, quizás, la atacaron. En otra pared, había una foto de un hombre y una mujer en una posición íntima, besándose… Me paré frente a ella. ¿No tenemos derecho al amor y a la intimidad también?… Bombardearon dos habitaciones, y los hoyos estaban justo encima de las camas… las ruinas estaban todas en las camas. Privacidad… “amor”… sexo… destruidos. Una sociedad cuyo derecho al desarrollo [ha sido] atrasado, obstruido.

Gabriela García Calderón colaboró con la traducción de este post.

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