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Guinea: Monumento conmemorativo para las víctimas de Camp Boiro

Abdoulaye Bah, ciudadano guineano ahora retirado de la ONU, vive en Roma y es traductor voluntario para Global Voices en francés, a donde se unió por interés en el ciberactivismo contra las violaciones de derechos humanos en cualquier lugar, de todos las clases. Abdoulaye está también involucrado en el sitio web y el lugar conmemorativo virtual caampboiro.org, creado por la “Asociación de Víctimas de Camp Boiro y todos los campos de concentración en Guinea”, ambos fundados por el catedrático Tierno Siradiou Bah, en apoyo a las víctimas olvidadas del régimen de Sekou Touré en Guinea. Abdoulaye aceptó ser entrevistado sobre un episodio muy oscuro y poco conocido de la historia guineana, un tema doloroso para él, para darle una voz a los miles que murieron por las torturas en su país y, ojalá, contribuir con el recuerdo y la edificación de un monumento real en Conakry.

¿Qué es Boiro Camp?

Camp Boiro es el ex cuartel de los guardias republicanos en Donka, un suburbio de Conakry, Guinea. Se convirtió en una prisión política y lugar de torturas desde 1958 hasta 1984. Todas las personas acusadas por el régimen revolucionario de Ahmed Sekou Touré, justa o injustamente, de fechorías, actividades contra revolucionarias, actitudes de clase media, etc, eran encerrados y por regla general, ejecutados, después de toda clase de humillaciones y torturas [fr], incluida la letal privación de comida y agua (una tortura llamada “dieta negra“), choques eléctricos, violencia sexual, etc. Según las organizaciones internacionales de derechos humanos, incluida Amnistía Internacional, más de 50.000 [Fr] perdieron la vida en Camp Boiro y lugares similares en Guinea. Se siguen encontrando fosas comunes por todo Guinea.

¿Podría por favor exponer en qué contexto ocurrió esto?

En 1958, la antigua potencia colonial, Francia, realizó un referéndum ofreciendo al pueblo africano elegir entre quedarse dentro del marco de una comunidad franco-africana, u optar por la independencia. Solamente Guinea decidió la independencia en ese momento, la que obtuvo. Francia tomó represalias haciendo muy severos los vínculos y las inversiones, destruyendo edificios y aislando a Guinea. El líder del grupo disidente guineano de la Agrupación Democrática Africana, Ahmed Sékou Touré, un ex sindicalista, personificó a los intelectuales africanos y a los ideales de la juventud. Se formó un gobierno de unión nacional. Intelectuales de izquierda, guineanos de fuera, regresaron a casa, deseando ayudar a la joven nación. Pero muy pronto el sueño se volvió pesadilla.

Sekou Touré armó un sistema político piramidal, con una célula partidaria en cada aldea, área rural, cuartel militar, colegio. En todo lugar en donde se pudiera encontrar guineanos, tuvieron que crear una, hasta en el extranjero. Todos y cada uno de los ciudadanos guineanos era un «miembro del partido desde el nacimiento hasta la muerte». Todo el país se convirtió en una cárcel gigantesca, llamado por algunos “gulag  tropical” [fr]. Para salir de Guinea, se necesitaba una visa de salida firmada por el dictador en persona, individualmente. Se creó una milicia [fr] y la denuncia se apoderó de todo, incluso dentro de las familias.

¿Bajo qué cargos arrestaban y encarcelaban a la gente en Camp Boiro ?

Cualquier pretexto era suficientemente bueno para arrestar y torturar: una revisión de identidad a la salida del cine, protestas estudiantiles, tener una esposa o casa de campo que le gustara el señor del régimen, etc. La mayor parte del tiempo, te arrestaban sin razón. En sus memorias, «Grain de Sable” (Grano de arena), la señora Nadine Barry recuerda cómo trató con su esposo (que murió en prisión) de esconder un abridor de botellas cuyo mango tenía una efigie del General de Gaulle, enterrándola en el jardín. Desafortunadamente, las fuertes lluvias de Conakry lo desenterraron.

¿Se ha documentado lo que pasaba en Camp Boiro?

The arrow points to the location of the political prison block. Photo campboiro.org

Vista general de Camp Boiro – la flecha señala la ubicación del bloque de prisión política. Foto campboiro.org

Unos cuantos libros describen las condiciones de la detención en el campo [fr]. A los prisioneros nuevos los «acondicionaban», los dejaban por unos cuantos días sin comida ni agua, después los enjuiciaba el comité de investigación. Sin saber qué les reprochaba el comité, les pedían entregar a sus cómplices, los golpeaban, torturaban con aparatos mecánicos, los obligaban a mantener posiciones dolorosas, les apagaban cigarrillos en sus cuerpos, etc, hasta el desmayo o la muerte. Durante días, les pedían que confesaran crímenes imaginarios: espiar para la CIA o los franceses, recibir sobornos, ser un “agente de quinta columna”. En tanto la víctima no confesara, las torturas no paraban. Las confesiones eran leídas después por las víctimas en la radio, y se les usaba para dar apariencia de racionalidad a otros arrestos.

En 1976, Sekou Touré declaró la guerra al grupo étnico peul [fr], 40% de la población del país. Una brutal represión llevó a las prisiones y a la tumba a miles de personas inocentes, incluido el arzobispo de Conakry, Monseñor Raymond-Marie Tchidimbo [fr].

Se estima que un tercio de la población había salido del país cuando Sékou Touré murió en 1984.

Usted mismo es peul. ¿Cómo se vio afectada su familia por la represión?

Una mañana en abril de 1971 en Roma, le dije a mi esposa que había soñado que arrestaban a mi padre. No le di ninguna importancia a esto. Él nunca fue al colegio y no tenía ninguna ambición política. Pero yo no había vivido en Guinea bajo la revolución durante diez años. Creía más que nunca en nuestra revolución. Era simplemente inconcebible para mí pensar que podría arrestar y encarcelar a cualquier persona inocente. Me desperté un día, en la embajada guineana en Roma, cuando el embajador me acosaba, llamándome “un hijo de quinta columna”.

Solamente después supe que a mi padre lo habían arrestado la misma noche de mi sueño, durante la reunión semanal obligatoria del partido – si un ciudadano no asistía, no tenía derecho a su ración de comida.

A mi padre lo mataron en Camp Boiro, pero no sabemos exactamente cuándo. Más probablemente durante la noche del 17 de octubre de 1971. Deben haberlo torturado hasta que se le rompió la columna, y “sacrificado” el mismo día. Se rumoreó que el brujo de Sekou Touré le había aconsejado al dictador sacrificar una cantidad de personas de complexion delgada ese día. Desafortunadamente, en Guinea a los peul nos consideran de piel morena clara.

¿Qué fue de usted y su familia?

A mi familia le ordenaron abandonar nuestras propiedades, y salimos solamente con lo que teníamos puesto. Mi mamá, que quiso sacar su alfombra para rezar, fue lanzada violentamente en las escaleras. Antes de la independencia, mi padre era un próspero hombre de negocios. Había mandado a su padre en un peregrinaje a La Meca y compró su primer auto (un Citroën sedán) en 1949. Empezó vendiendo sal, que cargaba a pie desde la costa al comienzo, y la cambiaba por kinkeliba, un té local muy apreciado en Guinea. Su dinero y posesiones fueron “nacionalizadas” por las mismas personas que lo mataron. Después de la desaparición de mi padre en Camp Boiro, los amigos se alejaron de nuestra familia, por miedo a ser arrestados como cómplices. Solamente un tío le dio a la familia refugio en su casa.

La milicia arrestó a mi mamá también, acusándola de conocer el paradero de mi hermano. La liberaron y cruzó la frontera con Sierra Leona a pie, arriesgando su vida para estar con él. Desde ahí, tuvieron que huir de nuevo, a Costa de Marfil, pues el régimen de Sierra Leona apoyaba a Sekou Touré. Los hijos mayores salimos del país. Esa es la razón por la que mis hermanos y hermanas son ciudadanos canadienses, franceses, estadounidenses, austriacos, italianos y senegaleses.

¿Son conscientes ahora los guineanos de lo que pasaba en Camp Boiro?

Desafortunadamente en Guinea, el legítimo «deber de la memoria» está obstaculizado por una brecha en la información. El país carece de educación, instalaciones para capacitación. El ciberactivismo es también muy limitado, debido a la pobre conexión a Internet, cortes de energía eléctrica, bajos ingresos. La historia guineana fue falseada por los torturadores y los nostálgicos de la llamada revolución. Elogian la memoria del dictador, Sekou Touré, que murió en 1984 (en Cleveland, EEUU). Su sucesor, el Jefe Militar del Estado Mayor Lansana Conté, siguió sus pasos. Hasta la muerte de Lansana Comté, la última Nochebuena, se celebraba la memoria de Sekou Touré cada año por parte de los altos funcionarios del gobierno. El palacio presidencial del país tiene su nombre. Sékoutoureya significa la casa de Sékou Touré.

Es por eso que la Association de víctimas, conformada por los sobrevivientes y los hijos de las víctimas, trabaja en localizar fosas comunes, regresando los restos a sus familias, rehabilitando a las víctimas, reclamando las posesiones incautadas por el Estado. Nuestro objetivo es convertir Camp Boiro en un monumento conmemorativo (para algunas fotos del campo, tomadas en 1999, ver acá) dedicado a la memoria de las víctimas, sobre todo la “cabina técnica” donde torturaban a los prisioneros, y la “cabeza de la Muerte”, donde los ejecutaban.

Desde que murió el presidente Comté, otro golpe ha ocurrido en Guinea.

Esta vez, un golpe militar sin derramamiento de sangre, que trajo a la presidencia al Capitán Moussa Dadis Camara. Es educado, capacitado en un país democrático, y es suficientemente joven como para no haber participado con antiguos regímenes. Nuestras esperanzas de justicia aumentaron el 24 de marzo, cuando el nuevo presidente recibió oficialmente a miembros de nuestra asociación en Conakry. La reunión fue difundida por televisión nacional. Durante esta reunión, el presidente Dadis Camara pidió perdón a los miembros de nuestra asociación y reveló que su propio padre estaba entre las víctimas. Es un avance alentador, pero es apenas el primer paso en un proceso más largo para alcanzar la reconciliación nacional.

Entrevista realizada el 27 de marzo.

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