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China: Nuestro derecho a liberarnos del temor

Categorías: Asia Oriental, China, Activismo digital, Derechos humanos, Juventud, Libertad de expresión

El blogger Lan Xiaohuan (兰小欢), en su artículo “Bitter Smile” [1], refleja cómo una nación llena de miedo ha silenciado la voz del pueblo. Además de lamentar que  hoy en día el precio que hay que asumir para luchar por los derechos de un ciudadano es cada vez más alto, se burla del miedo infundado que arrasa con el coraje y el amor de las personas. Asimismo, concluye  señalando que los ciudadanos chinos nunca se han puesto de pie sin realmente tener miedo.

Empieza contando una anécdota de su niñez:

Era muy tímido cuando tenía alrededor de cinco años. Un día, cuando regresaba del colegio, mi hermana me contó una historia de fantasmas que era tan tenebrosa que no pude dormir toda la noche. Mantuve a mi padre despierto porque lo levantaba cada vez que se quedaba dormido. Al siguiente día, mi papá regañó a mi hermana diciéndole: “¡Mira, has asustado mucho a tu hermano! ¡Te daré una paliza si te atreves a hacerlo de nuevo!”

Hoy recibí una carta de un chico que decía: “He estado tan preocupado últimamente. ¿Me podrías ayudar por favor? No hace mucho tiempo, había publicado un artículo sobre  el incidente de la Plaza Tiananmen en mi blog Baidu.com [2].  Dicha publicación fue borrada por el administrador y mi cuenta cerrada. Además, con frecuencia infringía el GFW (bloqueo de internet) para leer las páginas webs que estaban censuradas en China. ¿Seré puesto en alguna lista negra por eso? ¿Arruinaría esto mi plan de irme a estudiar al extranjero? ¡Por favor aconséjeme, muchas gracias!

Al terminar de leerlo, comencé  a reírme y lo tranquilicé utilizando casi un tono de broma. Pero luego me sentí algo triste por él y recordé lo que mi padre le dijo a mi hermana: “¡Mira, lo has asustado mucho!”.

No hace falta recurrir a la violencia para infundir miedo sino solo se necesita elevar el precio que hay que asumir para actuar con justicia, pero ni eso es necesario ya que nos desalentarán tan solo con demostrar que se puede elevar tal precio en cualquier momento.  Lea las historias sobre las personas que son “invitadas” a conversar con los agentes de seguridad pública, mire cómo los reporteros son tratados en Sichuan (donde ocurrió el terremoto de 5.1 grados). Observe su ansiedad y su miedo y podrá saberlo todo.

El precio que hay que asumir es demasiado para nosotros.

Si nuestros pequeños reclamos deben ser acallados, si debemos preocuparnos por nuestras palabras incluso cuando estamos fuera del país, si debemos pasar por intensas luchas internas antes de cualquier discurso, ¿Cómo podemos enfrentar con valentía los puños y armas de la bestia? ¿Cómo podría quejarse que las personas ya no se rebelan contra el demonio?

En 1949, Mao señaló: “Los ciudadanos chinos ahora se han puesto de pie”. Pero desde ese momento, nos hemos puesto de pie una y otra vez. Cuando Hong Kong regreso a China, proclamamos nuestro levantamiento. Cuando lanzamos nuestro primer satélite nos levantamos. Cuando se llevaron a cabo las olimpiadas, nos levantamos nuevamente. Algunos extranjeros se preguntaron, ¿ya no se habían levantado? ¿Por qué ahora siguen diciendo que se están levantando? Estaba molesto por su pregunta “Maldición, nunca antes nos habíamos levantado. Siempre hemos estado arrastrándonos por el suelo, entonces ¿por qué no podemos levantarnos de vez en cuando para respirar? Nos rendimos ante la humillación para nuestro pueblo de manera que podamos mantener la cabeza en alto para ustedes extranjeros. ¿O nos veremos sofocados por nuestra furia?”

Entonces, si nosotros los adultos tenemos que inclinarnos al suelo con humillación, cómo podemos educar a nuestros hijos sobre el “coraje” y el “amor”. Lo que podemos hacer es contarles cuentos de hadas cuando son pequeños sobre el “coraje” y el “amor” y con el tiempo lo harán realidad y gritaremos, ¡No!, ¡Quédate tranquilo!

Quizá la próxima vez cuando vuelva a China, deba visitar la Plaza Tiananmen para conversar con los cadáveres que yacen allí. ¡Mira, cuánto te asustaron!