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Armenia-Azerbaiyán: Bloggers construyen diálogo

Aunque una reciente conferencia realizada este mismo mes en el Instituto de Paz de Estados Unidos en Washington D.C. resaltó algunos de los defectos y peligros de usar los nuevos medios sociales en la solución de conflictos, nadie duda que las herramientas en línea se han movilizado para llenar el vacío dejado por medios por lo general políticamente polarizados y propagandísticos en el Cáucaso del Sur.

Esto es particularmente cierto para Armenia y Azerbaiyán, dos países encerrados en un punto muerto sobre continuar negociaciones para encontrar una solución duradera al conflicto por el disputado territorio de Nagorno Karabakh, más de 16 años después de un acuerdo de cese al fuego firmado en 1994. La guerra cobró más de 25,000 vidas, obligó a un millón de personas a dejar sus hogares, y hay temores de un nuevo brote de las hostilidades, sobre todo después de la breve guerra entre Rusia y Georgia a fines de 2008.

Sin embargo, aun cuando la mayor parte de la actividad en línea en esta zona discutiblemente busca solamente exacerbar la situación, los blogs permiten que voces alternativas tengan la oportunidad de ser escuchadas. Una oportunidad como esta se hizo evidentemente clara esta semana cuando EurasiaNet, un sitio web de noticias en línea que trata del Cáucaso y Asia Central, volvió a publicar dos posts invitados de una blogger armenia y una azerbaiyana.

Estos dos posts de Scary Azeri y Global Chaos fueron publicados originalmente como parte de una serie para un proyecto en línea que da espacio a voces alternas sobre el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán por el disputado territorio de Nagorno Karabakh. […] El proyecto está administrado por […] el editor del Cáucaso de Global Voices Online, que radica en Ereván.

En el primero, publicado originalmente en The Caucasian Knot como parte de un proyecto mayor que usa nuevos medios sociales para superar estereotipos negativos en la región, la popular blogger azerbaiyana Scary Azeri ofrece sus propias reflexiones personales sobre el conflicto y cómo la actividad en línea ha abierto nuevas vías para la comunicación.

En mi salón del colegio, la mitad éramos azeríes. El resto eran de otras nacionalidades. Ni siquiera registré el hecho de que algunos de mis compañeros eran armenios hasta que la gente empezó a irse. ¿Repentinamente empecé a odiarlos solamente porque tenían nombre armenio? Por supuesto que no. ¿Mi madre odia a su amiga de universidad que tuvo que huir de Bakú, pero después, años más tarde, luego de encontrar a mi mamá en Facebook, se puso en contacto? Las he visto hablar en Skype, riendo, compartiendo sus recuerdos. Nada había cambiado entre ellas. Nada podría cambiar.

[…]

[…] Nuestra mentalidad, culturas y antecedentes están interrelacionados y las semejanzas vienen a través de nuestra música, comida y costumbres. Internet abrió las puertas en el mundo virtual que habían estado cerradas por la guerra en la vida real.

Pero en la vida real, ¿hasta dónde se extiende este conflicto más allá de las fronteras? ¿Qué pasa afuera, lejos de la zona de conflicto?

Bueno, discutiría que se apaga lentamente.

[…]

Y así es como se siente alguien que vive fuera de la zona de conflicto. Por supuesto que recuerdo lo que pasó. Pero también recuerdo las buenas partes del pasado. A la larga, toda guerra llega a su fin. Y sinceramente espero que vaya a haber paz en la región pronto. En algún momento durante mi vida.

Una segunda entrada invitada de la armenia Global Chaos repitió el mismo mensaje y particularmente se centró en la necesidad de pensar en términos regionales, no nacionales.

[…] Es mucho más fácil aplicar la etiqueta de “país” (es decir, camisa de fuerza) y manipular las mentes: la falta de una mejor alternativa y el esquivo foco de atención podría, después de todo, alimentar de suficiente “coraje y dedicación” para un conflicto…

¿Por qué no notar que con los siglos –antes incluso de ser conscientes de nuestra “nacionalidad” como tal (puesto que, bastante sorprendentemente, esto último es un concepto muy moderno)– hemos evolucionado como región, compartiendo tierra y cultura? ¿Por qué no admitir que, después de todo, no somos tan diferentes, y que verdaderamente podemos superar el interminable y sin sentido debate político y continuar el proceso que fue interrumpido tan abruptamente con la creación de fronteras mayormente artificiales?

¿Por qué no centrar toda esa energía y esfuerzo hacia compartir antes que dividir y distanciar? ¿Por qué no notar que somos seres humanos –primero y ante todo– antes de haber tenido una etiqueta “nacional”?

Veronika Agajanyan, que escribe en la sección de blogs del recientemente lanzado Caucasus Edition, dice que las actitudes que se forman pueden simplemente haber sido determinadas por un accidente de nacimiento.

Nuestro nacimiento no depende de nuestra voluntad. Nunca somos libres de escoger dónde y cuando nacemos. […]

[…]

En 1988, no podía imaginar que los dos primeros hechos estaban a punto de ser incompatibles. Y no era yo quien decidiría que con un año de edad tendría que salir de la ciudad donde mi vida había empezado, sin derecho de regresar jamás. Como sea, tenía que pasar y pasó.

[…]

Bueno, ciertamente nuestro nacimiento no depende de nuestra voluntad. Sin embargo, siempre somos nosotros los que decidimos cómo vivir más allá. Siempre somos libres de hacer una elección entre guerra y paz, odio y amor, destrucción y creación, muerte y vida. Teniendo en cuenta los hechos de mi vida, se puede notar que estuve muy cerca de dedicarme a los sentimientos negativos. Pero mis padres, así como amigos armenios y azerbaiyanos no permitieron que pasara. Y les estoy más que agradecida a todos por eso.

La joven refugiada armenia de Bakú, la capital azerbaiyana, también se toma el tiempo de recordar su propia experiencia luego de haber sido inspirada por otro post invitado de Zamira Abbasova, refugiada de etnia azerí, que también huyó de su hogar en Armenia durante la guerra. Global Voices ha puesto a ambas en contacto.

Finalmente, en otro post invitado en The Caucasian Knot, el popular blogger armenio Ianyan también nota la importanca de usar nuevos medios sociales para abrir líneas de comunicación, superar los estereotipos y colocar los valores humanos por encima de los nacionales.

Cuando más escribía, se hacía más evidente que todos nosotros –armenios, turcos, azeríes– compartíamos más de lo que nos hicieron creer. En los términos más simples, nos convertimos en humanos –una noción que habíamos olvidado durante demasiado tiempo. El elemento más gratificante de toda esta increíble experiencia fue notar que todos nos habíamos convertido en agentes de cambio justo delante de nuestros ojos.

“No hay naciones”, dijo Isaac Asimov. “Solamente está la humanidad. Y si no llegamos a entender eso pronto no habrá naciones porque no habrá humanidad”.

Y mientras el cambio vendrá gradual y lentamente y seguiremos expuestos a los que prefieren difundir la intolerancia y la falta de comprensión, las mareas están cambiando y el impulso es grande. Dar un paso para entender al prójimo más allá de la política, líneas territoriales y propaganda no es nada difícil –solamente debes tomarte el tiempo para tratar.

Global Voices seguirá de cerca las novedades en el uso de nuevos medios sociales en el conflicto Armenia-Azerbaiyán. Observen este espacio.

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