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Por una mayor transparencia en la gestión de la ayuda internacional

Imagínese que es usted el nuevo líder de uno de los países menos desarrollados del mundo, y que está tratando de asignar prioridades en los presupuestos de desarrollo y gasto social. De hecho, digamos que es usted el presidente entrante de Guinea-Bissau, un país del África Occidental justo al sur de Senegal, con una población de 1,6 millones de personas [eng] y un PIB per cápita estimado de entre 500 y 1000 dólares [eng]. El PIB total es tan solo de 1720 millones de dólares, y (según cifras de 2002) [eng], un 40% proviene directamente de agencias de ayuda exterior. Las Naciones Unidas han aportado 18,3 millones de dólares como suplemento a los salarios gubernamentales [eng]. Portugal ha prometido donar 42 millones de euros durante los próximos tres años [eng]. Japón ha garantizado 9,6 millones de dólares de ayuda financiera [eng] para ayudar a que se ponga en práctica un programa de alfabetización. Y todo esto es calderilla comparado con las sustanciosas donaciones de USAID, DFID [Departamento para el Desarrollo Internacional], la Comisión Europea y el Banco Mundial [eng].

Como corresponde al nuevo presidente, está enterado de los problemas a los que se enfrenta su país. Es necesario industrializar el sector agrario para mejorar la productividad. Se debe reforzar la seguridad para que los proyectos de desarrollo de infraestructuras se desarrollen sin contratiempos. Se debe mejorar la educación técnica y científica para desarrollar una generación de ingenieros que puedan explotar las reservas marítimas de petróleo del país. Hay que mejorar los servicios de salud para elevar la esperanza de vida por encima de los 50 años [eng], y para contribuir a una población activa más productiva. Lo que ignora, lo que es muy difícil de controlar, es cuánto dinero exactamente entra en su país desde los bolsillos de los donantes, en qué se gasta, y cuán efectivo ha sido. Esta información no está disponible porque como todo el mundo sabe los donantes son bastante “opacos” cuando se trata de su dinero a pesar de que reclaman una mayor transparencia por parte de los países con los que trabajan.

En un excelente comunicado de tres páginas titulado “Más transparencia en la administración de la ayuda exterior es crucial para una mayor efectividad” [eng], Sam Moon y Tim Williamson demuestran cómo la falta de transparencia puede reducir la capacidad de los contribuyentes para pedir responsabilidades a sus gobiernos, al no estar claro qué proyectos están financiados por el gobierno y cuáles por donantes externos. La falta de transparencia en la administración de la ayuda exterior lleva a una falta de transparencia en los presupuestos del gobierno, señalan los autores. “Sin transparencia, la diferencia entre la ayuda recibida y la ayuda utilizada es difícil de medir, y la corrupción es más difícil de localizar y eliminar”. Fue este mismo hecho el que llevó a Peter Eigen a dejar su puesto de director de la Oficina del Banco Mundial para África Oriental y fundar Transparencia Internacional [eng]:

La falta de transparencia en la administración de la ayuda exterior también dificulta la colaboración entre los distintos proyectos filantrópicos. En nuestra clasificación por países de los casos de estudio sobre “tecnología para la transparencia” [eng] nos encontramos con varios proyectos financiados por un mismo donante, pero cuyos participantes ignoraban la existencia de los otros hasta que los pusimos en contacto. Una simple lista de proyectos por región y tema ayudaría considerablemente a promover la colaboración y evitar la duplicación de proyectos.

Por último es una cuestión de moral que los donantes que desean fomentar una mayor transparencia deberían a su vez rendir cuentas de su propio trabajo mediante la publicación de la información relacionada con sus actividades y gastos.

Cuando la falta de información lleva a la desinformación

La incapacidad de los gobiernos para contabilizar el flujo de ayuda que entra al país es tan solo una de las consecuencias negativas de la falta de transparencia; también es causa de la desinformación acerca de la cantidad y la efectividad de la ayuda económica y las ayudas al desarrollo. Según una encuesta llevada a cabo por el Proyecto Borgen [eng], los ciudadanos estadounidenses calculan en promedio que el 24% del presupuesto federal se destina a asistencia al desarrollo. En realidad, es menos del uno por ciento. Es decir, unos 25 centavos al día por cada estadounidense [eng]. Además, menos de la mitad de esta ayuda se destina a los países más pobres; los que reciben más dinero son aliados estratégicos como Egipto, Israel, Rusia, Pakistán, Afganistán e Irak.

Esta desinformación sobre cómo se utiliza el dinero de la asistencia al desarrollo –y a cuánto asciende exactamente– ha contribuido a crear una reacción hostil liderada en los medios de masas por Dambisa MoyoBill Easterly [eng]. Durante la primera (y por desgracia, única) conferencia TED (Tecnología, Entretenimiento, Diseño) en África en 2007, la “Generación Guepardo” [eng] de jóvenes líderes africanos pidió que se avanzase el desarrollo en África por medio del “comercio en lugar de la ayuda monetaria” [eng]. La retórica popular afirma que miles de millones de dólares para el desarrollo en África no han conseguido nada, especialmente en el África subsahariana. Pero esta hipérbole se basa en que simplemente no sabemos cómo y en qué se gasta la ayuda y cuáles son los resultados. Esta información tiende a quedarse en los archivos de cada donante. Está claro que no podemos medir la efectividad de la ayuda [eng] si no hay transparencia.

El camino hacia la transparencia

Las buenas noticias: hemos llegado al punto en el cual todos estamos de acuerdo en que tenemos que trabajar por una mayor transparencia en la administración de la ayuda. El desafío, y el desacuerdo, residen en cómo hacerlo. Por ejemplo, ¿cuán detallada debería ser la información? ¿Se está violando la privacidad de trabajadores individuales al hacer públicos sus salarios? ¿En cuánto tiempo se debería hacer pública la información? ¿En qué formato? ¿Cómo hacemos que toda esta información pueda ser consultada, agrupada y asimilada si viene de diferentes donantes? ¿Cuáles son los modos más eficaces de integrar la publicación de información con la contabilidad del donante y los presupuestos del país receptor? ¿Habría que publicar los futuros presupuestos junto con las inversiones pasadas y los gastos presentes?

Estas preguntas tienen difícil respuesta, y su dificultad reside probablemente más en cómo cada institución gestiona sus registros que en las diferencias ideológicas relacionadas con la privacidad y el poder. Afortunadamente, existen varias iniciativas para desarrollar estándares que favorezcan la transparencia. Una de ellas es la Iniciativa Internacional para la Transparencia en la Ayuda para el Desarrollo [IATI, por sus siglas en inglés] [eng], una “coalición temporal de gobiernos donantes, gobiernos de países en vías de desarrollo y ONG” que se formó en la Agenda para la Acción en Accra [eng] en 2008, nacida de la Declaración de París sobre la Efectividad de la Ayuda Internacional 2005 [eng]. Según su sitio web, “el papel de la IATI consiste en desarrollar estándares consistentes y coherentes aplicables a los informes de los donantes sobre el gasto de la ayuda”. Publican un boletín bimestral que desafortunadamente solo está disponible en el formato cerrado de Microsoft Word [end]. Es de esperar que esto no refleje su actitud acerca de cómo debería publicarse la información sobre la ayuda internacional.

En noviembre de 2008 el comité planificador de la IATA inició lo que sería un proceso de 18 meses para definir:

  • Un formato común y estándar y un conjunto de definiciones para la publicación de información relacionada con la ayuda internacional
  • Un código de conducta para los signatarios de la iniciativa

Según su último boletín, estaban trabajando para alcanzar un acuerdo antes de julio sobre qué datos deberían publicarse, cuya implementación debería comenzar en diciembre, así como el código de conducta acordado.

Publica lo que donas [eng] tiene como finalidad informar sobre la importancia de la transparencia en la gestión de la ayuda, y presionar a los EE UU, la Unión Europea y el Banco Mundial para que cumplan objetivos de transparencia específicos [eng].

Si todo va bien la  información de los donantes acerca de sus gastos y actividades debería comenzar a fluir en abundancia a principios del año próximo. Pero, ¿cómo interpretar toda esta información? ¿Cómo se crean mecanismos para que una mayor transparencia realmente produzca una mayor rendición de cuentas por parte de los participantes en los proyectos filantrópicos, los gobiernos que reciben ayuda, y los donantes?

El papel de la tecnología en la transparencia

Ya se han desarrollado algunos proyectos innovadores para ayudar a visualizar la ayuda al desarrollo. El Proyecto Ujima [eng] recoge datos de USAspending.gov, el Ministerio de Justicia de los EE UU, el Departamento de Estado de EE UU, el Fondo Global para la Lucha contra el VHI / SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, y el Departamento para el Desarrollo Internacional en el Reino Unido [eng], para visualizar los flujos de la ayuda monetaria, las ventas de armamento y gastos de cabildeo a nivel nacional en toda África. Está gestionado por el Instituto de los Medios de los Grandes Lagos [eng] en Ruanda, y el sitio web fue creado por Appfrica [eng], una empresa de diseño web con base en Uganda.

El periodista de The New York Times Ron Nixon describe el nacimiento y los objetivos del Proyecto Ujima en el evento TEDx [Tecnología, Entretenimiento, Diseño] en Kampala.

Aidinfo.org [eng] es un proyecto de Iniciativas para el Desarrollo [eng] para analizar el suministro y demanda actuales de información relacionada con la ayuda internacional. Un artículo reciente publicado en este blog [eng] admite que varios de los supuestos que se hicieron al principio del proyecto han sido cuestionados en estudios posteriores, “en particular la idea de que si se divulga más información sobre la ayuda, la gente la utilizará”. También han hallado que “los donantes publican mucha más información de lo que algunos de nosotros pensábamos, pero no está en un formato que sea útil para la mayoría de los usuarios. A menudo esta no aparece a tiempo o bien no es contrastable”. Y lo que es más importante, subrayan que la información relacionada con “la ayuda y otros recursos que fluyen desde los países donantes” deben vincularse con “el movimiento más amplio de rendición de cuentas en los países receptores donde en general los beneficiarios están interesados en la transparencia de todo el presupuesto”. En otras palabras, desde la perspectiva de un activista con sede en Kenia a favor de que las instituciones den cuenta de sus actividades, las estadísticas sobre la ayuda del Proyecto Ujima [eng] son tan solo una pieza de un rompecabezas mucho más grande. Otras piezas son la supervisión del Fondo para el Desarrollo a Nivel de Circunscripción, las industrias de extracción, y una auditoría del Ministerio de Finanzas [eng].

aid information challenge

Programadores trabajando juntos en el Desafío sobre la Información y la Ayuda Internacional en Londres

Este hecho no le resta importancia a la transparencia, solo la hace más complicada. Afortunadamente, una comunidad creciente de investigadores, programadores y activistas están cooperando en línea –y también en “BarCamps” [red internacional de conferencias abiertas y participativas]– para desarrollar herramientas y técnicas capaces de superar los muchos obstáculos que dificultan la efectividad de la ayuda internacional. Las personas relacionadas con la transparencia en la ayuda internacional estuvieron muy ocupadas en marzo y abril. Todo empezó el 8 de marzo cuando algunos estudiantes de la Universidad de William & Mary, la Universidad de Georgetown y la Universidad George Washington [eng] asistieron a una presentación previa del Portal AidData [eng], que se lanzaría públicamente un mes después. La semana siguiente el primer Desafío sobre la Información y la Ayuda Internacional [eng] reunió a programadores y agencias de ayuda internacional para encontrar soluciones estratégicas sobre cómo utilizar la información pública para aumentar la efectividad de la ayuda. Han enlazado [eng] proyectos análogos que ya están desarrollándose, y han publicado una lista [eng] de recomendaciones. El 22 de marzo comenzó en Oxford la Conferencia sobre Transparencia y Financiamiento del Desarrollo [eng] en la que se reunieron académicos, “think tanks” y agencias de ayuda al desarrollo para hablar sobre el papel de la información en la transparencia. El último día incluyó el lanzamiento público del portal de AidData.org [eng], el más completo de su clase, y talleres prácticos sobre cómo utilizarlo. Dos semanas después tuvo lugar en las oficinas centrales de The Guardian en Londres el primer Desafío sobre la Información y la Ayuda Internacional [eng] con sede en el Reino Unido. Han confeccionado una lista de ideas y prototipos para proyectos [eng], y en su sitio web prometen que celebrarán futuras actividades en otros países [eng]. El mes pasado el Departamento para la Coordinación de la Ayuda Exterior organizó su propio taller de aprendizaje sobre transparencia y rendición de cuentas [eng]. Por la misma fecha el Banco Mundial anunció [eng] que había hecho públicos todos sus indicadores de desarrollo y financiación [eng]. Otras iniciativas para mejorar la transparencia en la filantropía y asistencia al desarrollo incluyen el Índice de Donantes de América Latina, Glasspockets y Grantsfire [eng].

El impulso del movimiento de transparencia en la ayuda internacional es visible, pero si no se consigue una mayor coordinación y agrupación, todas estas iniciativas llevarán a más confusión que claridad. Es necesario presentar los datos sin procesar de manera que sean fáciles de comprender, y sean relevantes a las iniciativas de rendición de cuentas a nivel local y nacional en cada país. Antes de saturar internet con información debemos crear los canales de comunicación que permitan hacer uso de ella.

Pilar González Dueñas colaboró en la traducción de este post.

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