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Tailandia: La verdad en juicio y la alta traición

David Streckfuss, un experto en Derechos Humanos e historia política y cultural, encuentra que el corazón del prolongado y actual debate de alta traición yace en la ley de difamación del país. Esta obviedad preocupa no sólo a los académicos, quienes están privados de hablar libremente, sino también a los ciudadanos comunes.

Truth on Trial in Thailand (La verdad en juicio en Tailandia), detalla una trayectoria de 110 años de juicios de alta traición, “sedición y traición a la patria, prensa y cine, anti-comunismo, desacato al tribunal”, y calumnia desde 1900. Esta censura se centra en el concepto legal y cultural min phraboromdechanuphap -หมิ่นพระบรมเดชานุภาพ.

Aunque la génesis de la censura moderna en Tailandia viene como resultado de la opinión pública en torno a la muerte por arma de fuego en 1946 del Rey Ananda, las leyes de alta traición llegaron a ser empleadas a tiempo completo “a partir del finales de los 50's bajo la dictadura militar”… con la bandera (hasta hoy) de la seguridad nacional. En ese momento y hasta el presente, algunos consideran, con razón o sin ella, que el hermano menor del Rey, Bhumibol, estuvo involucrado en la muerte de Ananda.

El paso hacia la dictadura de la alta traición de Tailandia dio lugar a Pridi Banomyong, el revolucionario de 1932, autor de la primera Constitución de Tailandia y ampliamente reverenciado “padre de la democracia tailandesa”, siendo acusado de regicidio en la muerte del Rey Ananda. A pesar que el anuncio oficial del gobierno afirma inequívocamente que la muerte del joven Rey fue accidental, tres funcionarios del Palacio fueron ejecutados en 1955 por este delito, nueve años después del evento, sin la intervención o el indulto real de la corona. El propio Pridi murió en el exilio en Francia; incluso después de su muerte, no se permitió que sus cenizas sean devueltas al suelo tailandés.

En 1973, un grupo de expatriados tailandeses, “afirmó que el Rey [actual] legitimó la dictadura que reprimió al pueblo” y acusó al Rey de ser un traidor a la nación y su gente. Un libro de 1983 clandestino, infame y ampliamente distribuido, “Los Nueve Reinos de la Dinastía Chakri”, acusó a todas las coronas Chakri, incluyendo al Rey Bhumibol, de una serie de crímenes.

Más recientemente, en 2008, Giles Ji Ungpakorn, de la Universidad de Chulalongkorn, se convirtió en el primer académico tailandés a ser acusado de alta traición en más de 50 años. Su crimen fue citar la biografía prohibida y seminal de Bhumibol en inglés, El Rey Nunca Sonríe de Paul Handley, en referencia a su libro, Un Golpe de Estado para los Ricos.

Los efectos a largo plazo de la confianza en la ley de difamación han distorsionado la verdad en Tailandia y ha creado estructuras autoritarias que aún manejan la política tailandesa, especialmente los militares, desmintiendo cualquier apariencia de democracia. La ley de difamación emplea una singular excepción -si puede ser probado por el demandado que son “la expresión de una opinión sincera”. Este libro sostiene que la historia tailandesa fue suspendida en 1958, preparándonos para “un estado de crisis sin fin” que continúa hasta hoy.

Streckfuss cita al historiador Antoon de Baets: “Los casos de difamación y las amenazas de demandar en casos de difamación tienen un efecto escalofriante en el debate histórico; son frecuentes pero velados los intentos de censura”. En ninguna parte se ha demostrado ser más cierto esto que en Tailandia, donde las desigualdades en la ley facilitan que cualquier ciudadano pueda acusar a cualquier otra persona por la más mínima expresión crítica hacia la monarquía del país.

Esta situación ha dado lugar al actual “alto grado de auto-censura” [Patricio Jory]. Como la conversación pública con respecto a la monarquía tailandesa es cada vez más reprimida por temor a ser procesados por falacia, el debate se ha traducido en numerosos subterfugios para preservar el anonimato del autor. Elusión de proxy anónimo, suplantación de IP, VPN y otros medios se están haciéndo cada vez más comunes en las guerras diarias entre los internautas y su gobierno.

Los procesamientos por alta traición se han producido a lo largo de la historia, equivalente a la traición, blasfemia o herejía, cuando las intrigas hicieron a los monarcas mucho menos seguros de lo que son hoy en día. En lugar de líderes, las monarquías modernas constitucionales como la del Rey Bhumibol se ven como símbolos de unificación o mascarones para la nación. Sin embargo, en Tailandia, el Rey también está caracterizado como “Jefe de Estado”, lo que implica la influencia y el poder.

Ciertamente, cuando el soberano nos bendice con su vago consejo, nadie lo sigue. Las declaraciones del cumpleaños del Rey Bhumbibol en 2005 dejaron en claro que él alentaba las críticas ya que era, después de todo, humano. Un plebeyo pronunciando tal sentimiento seguramente sería declarado culpable de alta traición en los tribunales tailandeses.

Sin embargo, la situación actual es que los burócratas del gobierno hicieron su misión el ‘proteger la monarquía’ así el Rey quiera o necesite protección o no. Al hacerlo, se congraciaban con sus compañeros aduladores y se aseguraban que ninguna mancha de deslealtad los tocara.

Estos mismos burócratas crearon la secreta “Fuerza de Trabajo 6080″ con un presupuesto secreto en 2007, un año después del golpe de estado militar de Tailandia. La fuerza de trabajo fue creado por el Comando de Operaciones y Seguridad Interna (ISOC) para contrarrestar cualquier expresión pública de que el Palacio pudo estar detrás del golpe de 2006.

Se ha hecho evidente para cualquier observador atento de las maromas políticas tailandesas que estos esfuerzos tienen poco que ver con el actual Rey y todo lo relacionado con su sucesor, el Príncipe heredero Vajiralongkorn. Vajiralongkorn ha sido caracterizado por la prensa internacional como “temido”, “detestado”, “odiado” o “desconfiado” o incluso “disoluto” o “corrupto” por muchos tailandeses que hablan con mucho cuidado en privado, sólo con personas de su confianza.

Este autor considera que estos sentimientos son exagerados, pero esas conversaciones apenas constituyen una “conspiración contra la monarquía”. Mientras el príncipe heredero tuvo, digamos amablemente, una juventud impetuosa y de mediana edad, parece haber crecido mucho más responsable a sus 50. Sin embargo, no se ha hecho parte en los deberes de la realeza de su padre, más allá de lo puramente ceremonial, por lo que queda por ver si puede mantener la monarquía como un símbolo de la nación tailandesa. Estas son aguas desconocidas y el tiempo dirá. Pero la mayoría de nosotros en Tailandia estamos dispuestos a darle el beneficio de la duda hasta que se demuestre a sí mismo indigno.

La atroz represión apenas emanando niebla desde el trono sin duda dará lugar a la caída del 10º Rey Chakri, como se indica en la mitología cultural tailandesa. Sin embargo, la represión no es probable que proceda del siguiente Rey, sino de lacayos del gobierno. Parecería que los gobiernos tailandeses en curso pueden estar, consciente o inconscientemente, preparando al futuro rey de una caída de la eminencia precisamente a causa de la inseguridad nacional que resulte de la censura masiva.

El volumen de las acusaciones de alta traición es impresionante, especialmente cuando uno considera que tales acusados pueden ser encarcelados durante quince años o más. Además de las sanciones del Código Penal tailandés, muchos más procesos se basan en la Ley de Delitos Informáticos de 2007, que fue la primera ley de urgencia aprobada por la legislatura del golpe militar de Tailandia.

Los procesos de CCA no pueden ser iniciados legalmente por cualquier persona, excepto la policía. Sin embargo, en la práctica, los cargos ciudadanos son precisamente los que la policía están permitiendo tener lugar. El proyecto de CCA apoyado por militares incluyó la pena de muerte para los delitos informáticos. La versión actual reduce las más severas sanciones por alta traición para un período de tres a 20 años. También debería acotarse que cualquier acusado puede ser detenido por la policía, sin tener cargos, hasta 84 días para la realización de sus investigaciones.

El caso más destacado sobre esto es el de Chiranuch Premchaiporn, directora del sitio web independiente de noticias en línea Prachatai. Prachatai desde hace mucho tiempo albergó uno de los pocos foros digitales abiertos de discusión pública en Tailandia. Algunos de los artículos públicos en Prachatai fueron considerados de alta traición y Chiranuch, como webmaster, fue acusada por no “moderar” estos comentarios lo suficientemente rápido. Ella enfrenta 50 años por 10 cargos de CCA y, a partir del 27 de Septiembre, dos cargos más por otros 10 años. El periodismo es obviamente una profesión peligrosa en Tailandia.

Sin embargo, tales acusaciones no tienen que ser actuales. El desafortunado encargado de la primera magistratura de Thaksin, Jakrapob Penkair, fue acusado de alta traición por difamar al primer Rey Chakri, quien reinó desde 1782 hasta 1809 como parte de un grupo especial en el Club de Corresponsales Extranjeros de Tailandia (FCCT). El moderador del grupo, el corresponsal de la BBC Jonathan Head, también fue acusado, así como toda la junta directiva de 13 miembros del FCCT, todos periodistas extranjeros.

El doble discurso del Ministerio de Información y Tecnología de la Comunicación de Tailandia fue creado por el gobierno de Thaksin y comenzó por censurar 1.247 sitios web en enero de 2004, en una lista de bloqueos publicada en la página web del ministerio. Esta fue la primera y última lista de bloqueos que el gobierno tailandés ha hecho pública.

Para 2008, el MICT anunció un programa para bloquear 1.000 sitios web “con contenido de alta traición, al costo propuesto de 495 millones de bahts ó 15 millones de dólares.

Nueve agencias tailandesas del gobierno ahora bloquean a al menos 210.110 sitios web, de acuerdo a comunicados de prensa oficial del 7 de Abril. Ellos usan una lista secreta de bloqueos y un presupuesto no revelado.

El decreto de emergencia fue aplicado a 24 provincias, pero, a partir del 1 de Octubre, permanece en vigor sólo en tres provincias y la capital. Sin embargo, el imperio de la ley en virtud de la Ley de Delitos Informáticos no ha regresado al resto de Tailandia. Ninguna orden de los tribunales ha tratado de bloquear de nuevo los sitios web bloqueados actualmente por los poderes de emergencia y la censura sigue siendo masiva.

No contento con el bloqueo de internet, el gobierno tailandés comenzó a supervisar las radios comunitarias y la televisión por cable “todo el día”. Gran parte de este seguimiento se ha realizado mediante otra ley auspiciada por los militares, la Ley de Seguridad Interna de 2007 y su producto, el Comando de Operaciones de Seguridad Interna, responsable de las más flagrantes ejecuciones extrajudiciales, secuestros y desapariciones.

La ley marcial es una situación peligrosa para cualquier país. Sin importar nada, en Tailandia, “los poderes de emergencia” resultan de un “decreto de emergencia” legislado. El decreto, en vigor desde el 7 de Abril de 2010, entrega todo el poder del gobierno a los militares y suspende el estado de derecho. Salvo, al parecer, en los casos de alta traición, porque estos casos han sido aún más agresivamente perseguidos utilizando tanto el Código Penal como la Ley de Delitos Informáticos a partir del decreto del Primer Ministro.

Por cierto, el decreto requiere ser renovado cada 60 días y parece no tener fin a la vista. Sólo cuando se acerca la renovación del Decreto, hay otra visión fugaz u otro atentado menor. La historia nos podría mostrar cuan rápido cayó Camboya en el Año Cero o Birmania cayó en la dictadura militar, demasiado rápido para que cualquier ciudadano note la diferencia. Algunos piensan que Tailandia se está acercando rápidamente a su propio Año Cero.

Es hora de que nosotros, el pueblo, decidamos lo que significa exactamente alta traición para los acusados, para que el imperio de la ley se apoye con precisión. Por ejemplo, ¿no ponerse de pie para el himno real antes de una película, como lo hizo Chotisak Onsoong, es de alta traición? Esto suena ridículo a cualquier persona pensante, ¿no? ¿No parece más importante para el futuro de nuestra sociedad saber qué es exactamente lo que Khun Chotisak estaba pensando?

Los números, por supuesto, son más elocuentes que las palabras. 765 personas fueron procesadas por alta traición “entre 2006 y 2009 -un promedio de casi 191 por año- un aumento del 115% en los últimos diez años inmediatos, cuando hubo un promedio de sólo cinco nuevos casos por año”.

Desde el golpe de estado militar de 2006 se ha producido un aumento de 2.000% en los nuevos procesos por alta traición. En 2009, un máximo histórico de 164 casos nuevos de alta traición fueron perseguidos. Aunque la información en casi todos los casos de alta traición es víctima de la autocensura de los medios tailandeses, la tasa de condenas para estos casos tuvo, entre 1992 y 2005, un promedio de 94%. Además, no hay casos de alta traición oficiales en los que a los acusados se les permitiera entrar en evidencia de que lo que decían era cierto o por el bien público.

Las sentencias  son mitigadas en un 50% si el acusado muestra arrepentimiento adecuado y se declara culpable; esta situación es casi una verdad universal. En muchos casos, el Rey, a petición del preso, ofrece el indulto real. Sin embargo, hay por lo menos algunos presos por alta traición que no buscarían el perdón del Rey.

“Debe haber veintenas si no cientos de tailandeses” en la cárcel por este “delito”, por lo menos 170 presos políticos, ninguno de los cuales es conocido por las organizaciones de derechos humanos o, de hecho, por la sociedad tailandesa en general.

Truth on Trial (la verdad en juicio) en Tailandia, del Dr. Streckfuss, cuestiona nuestra “tailandesidad”, o lo que nos hace tailandeses. Nuestro gobierno se ha convertido en un “régimen de difamación” -cualquier persona que no está de acuerdo con el cuerpo político debe ser censurada, condenada y encarcelada. Cualquier sugerencia de que la ley de alta traición sea derogada o modificada es vista como un signo de deslealtad.

Los esfuerzos acumulativos de las fuerzas armadas y la policía, los políticos, las elites ricas y privilegiadas, han tenido éxito en la creación de una cultura xenófoba en la que los tailandeses rechazan cualquier oferta sincera de supervisión internacional o incluso comentarios de los medios. Estas fuerzas han manipulado a muchos tailandeses para ser realistas viscerales. En forma rutinaria y sistemática encubrimos nuestra historia, sentando las bases para una dictadura inevitable.

El régimen tailandés ha creado un clima en el que las manifestaciones de calle declaman, “Ai [un grave insulto] B******* ordenó los asesinatos [a los Camisa Roja]” y graffiti contra la monarquía son publicados en vallas y paredes de baños públicos. Como el lector puede ver, ¡hasta debemos autocensurar la consigna real! Parecería que la ley de alta traición está teniendo exactamente el efecto contrario que los políticos nos quieren hacer creer. O quizás eso es sólo una cortina burocrática -el problema es simplemente acerca del control del gobierno en la gente.

Ahora lo ves, ahora no. Entonces, ¿quién tiene el Dhamma? Seguramente ni los políticos tailandeses ni los generales ni los jueces.

Sin embargo, nadie puede darse el lujo de no ser visto como leal. Estos realistas en el gobierno tailandés están cometiendo alta traición mediante el uso de nuestro Rey sin su consentimiento para apoyar su propia agenda. Esa agenda es el poder perpetuo.

Truth on Trial en Tailandia resucita los fantasmas de la censura de la masacre Dusun-Nyor de 1948, de Octubre de 1973 y los estudiantes de 1976, las víctimas del Mayo Negro de 1992, los musulmanes asesinados en Krue Se y Tak Bai en 2004, los Camisas Rojas sacrificados en Ratchaprasong en el Abril Sangriento de 2010 y los aplica a la historia viva de Tailandia. Sólo si la historia es sanada, Tailandia “podrá seguir adelante una vez más… cuando la verdad por fin tenga su día en la corte…”

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