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Ciberpolicía iraní, geografía y la negación psicológica de servicio

La Radio Pública Nacional [en] reportó que Irán esta planeando desplegar a la “ciberpolicía” en todo el país, mientras el General Ahmadi Moghaddam afirmó que “No hay tiempo que perder” para desplegar la más reciente línea de defensa de la República Islámica contra sus enemigos, reales y percibidos. Esta tampoco es la primera vez [en] que Moghaddam ha pretendido preparar a la ciberpolicía. Con la Basij buscando ocupar el ciberespacio [en] también, la internet de Irán está comenzando a verse muy concurrida.

General Ahmadi Moghaddam

Cuando escuchamos acerca de la ciberpolicía nos imaginamos “hackers” atacando sitios de la oposición y monitorizando activistas del Movimiento Verde en línea. El discurso popular sobre la idea de la ciberpolicía, inevitablemente, se centra en el aspecto “cibernético”. Lo que pasan por alto es que estos policías son seres humanos y están tratando de encontrar y arrestar a otros seres humanos. Lo que empieza como cibernético siempre termina como humano.

Mientras que las palabras de Moghaddam pueden o no presagiar la creación real de una ciberpolicía iraní, esto no quiere decir que no tienen peso. La psicología de la censura y la vigilancia en internet es un área que ha recibido poca investigación y merece más atención. La forma como se siente internet, puede afectar lo que realmente pensamos que es. Entonces podemos proyectar esa visión de internet al resto del mundo, influyendo en las ideas de “Libertad en Internet” y orientando la política exterior [en]. ¿Tendríamos incluso un concepto de “Libertad en Internet” si la única red que conocíamos estuvo restringida? Para un usuario promedio de la internet restringida de Irán, el oír la propaganda acerca de ser arrestado por el uso de Facebook [en], correos electrónicos hackeados [en], millones de sitios web bloqueados [en], Facebook como un nido de espías [en] y ahora miles de ciberpolicías distribuyéndose por todo el país, puede hacer aún más intimidante una internet ya llena de temor. Una fuerte encriptación y las herramientas de anonimato pueden ayudar a un usuario a saber que están más seguros, pero cómo realmente puede sentirse el usuario es totalmente diferente.

La discusión popular ha tendido a “binarizar” al usuario iraní de internet, transformándolo de ser humano complejo en:

  • Amante de la libertad dispuesto a asumir cualquier riesgo en el nombre de la democracia liberal occidental (internet daña a la dictadura) o…
  • Ciudadano oprimido y temeroso sujeto a acoso constante o arresto (internet ayuda a la dictadura).

…con muy poca atención prestada a la realidad del individuo y al contexto en el que accede a internet. Cuando se analiza el contexto, este tiende a ser descuidado o exagerado y cada una de esas posiciones se ve proyectada sobre vastas áreas geográficas, como la ciberpolicía distribuida todo Irán. La espacialidad de contexto para un usuario de internet dentro de un régimen represivo ha recibido, además, poca atención genuina de los que estudian la censura en internet, ya que tiende a añadir una capa importante de complejidad. Mientras la censura pueda estar centralizada, las percepciones y su influencia en el comportamiento real de internet no lo están. Un usuario de internet en Teherán, puede muy bien ser más prudente que uno en un lugar remoto en el que el poder del régimen se percibe con más debilidad.

El tamaño de Irán hace poco probable que el poder se distribuya equitativamente.

Mientras las recientes declaraciones del régimen pueden ser anuncios reales de los planes futuros, en el sentido inmediato están siendo utilizadas para crear un clima de temor y duda en torno a internet. El régimen no puede ser capaz de intimidar a los intransigentes activistas del Movimiento Verde, pero podrían influir en millones de otros iraníes en una variedad de maneras, con las influencias psicológicas también mediadas por la geografía. En última instancia, la retórica del régimen, combinada con la propaganda efectiva, puede contribuir a la autocensura y la autorregulación, como el panóptico [en]. Aunque aplaudo el reciente informe de DDoS del Berkman Center [en], me pregunto qué pasaría si los sitios de la oposición estuvieran bien protegidos de ataques DDoS pero recibieran poco tráfico porque los dictadores desistieran y desviaran los recursos a más intimidación psicológica y física. Como Ethan Zuckerman ha señalado [en], una “negación de servicio” no necesariamente sería técnica, también puede ser burocrática. Los recientes comentarios y acciones del régimen demuestran la posibilidad de que una denegación de servicio puede ser psicológica también.

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