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Cuba: Periodistas puestos en libertad dan su testimonio

Categorías: Latinoamérica, Cuba, Derechos humanos, Libertad de expresión, Migración e inmigración, Política, Protesta

El Comité para la Protección de Periodistas, [1] entidad sin fines de lucro con sede en Estados Unidos, va a publicar la serie “After the Black Spring: Cuban Stories of Prison and Freedom” [2] (Tras la Primavera Negra: Historias Cubanas de Prisión y Libertad) con testimonios de algunos de los periodistas puestos en libertad. En marzo de 2003, el gobierno cubano arrestó a 75 disidentes, muchos de ellos periodistas, en lo que algunos llamaron “la primavera negra”. Tras meses de negociaciones, donde estuvo incluida la Iglesia Católica cubana, se puso en libertad a todos los miembros del “Grupo de los 75″ [3].

El periodista Omar Ruiz Hernández [4] fue puesto en libertad y se exilió en España. A continuación se muestran algunos fragmentos de su testimonio [5] publicado por el Comité para la Protección de Periodistas:

Cuando me desperté la mañana del 8 de julio de 2010 en la Prisión de Guamajal en Villa Clara, no hubiera imaginado que cinco días más tarde iba a estar aterrizando en el aeropuerto internacional de Barajas, en España, acompañado por cinco de mis camaradas […].

[…] Llegamos a Madrid el 13 de julio al mediodía, una fecha en que los supersticiosos no recomendarían casarse ni embarcarse en un avión. No obstante, los que acabábamos de aterrizar en el aeropuerto de Barajas, era el mejor día de los últimos 2.684 días de nuestras vidas.

Habíamos dejado atrás la tierra que nos vio nacer, los amigos queridos que nos habían acompañado espiritualmente durante siete años de cautividad y a los que, como a algunos de nuestros parientes, puede que no volvamos a ver nunca más. Pero a pesar de estar en un país diferente, éramos hombres libres y también teníamos detrás nuestro siete años de celdas oscuras, vejación, humillación, desnutrición, noches de insomnio y repentinos sobresaltos — todos los horrores de la prisión, empeorados por el hecho de no tener motivos para estar allí.

Ruiz Hernández explica cómo su vida en el exilio también ha sido algo difícil:

Nos llevaron a un hostal a las afuera de Madrid donde, a pesar de no tener las comodidades de un hotel, comenzamos a familiarizarnos con los avances tecnológicos de la vida moderna, que antes nos eran desconocidos. Grifos con agua caliente y fría en las duchas y en los lavabos, vestíbulos con luces que se encienden en cuanto pones un pie en ellos, máquinas automáticas que sirven café o refrescos, teléfonos móviles e Internet. En pocas palabras: todo lo que se puede conseguir cuando no hay límites en la iniciativa libre del individuo.

Después de estar una semana en el hostal, donde tuve la primera oportunidad de contar al mundo las realidades del sistema carcelario cubano, a mi familia y a mí nos trasladaron a la provincia de Málaga, un poco más de 310 millas (500 kilómetros) al sur de Madrid, a un centro de refugiados dirigido por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Aún estamos viviendo aquí, junto con refugiados de otros países, especialmente los que vienen del continente africano.

La vida aquí no ha sido del todo fácil; vivir hombro a hombro con otras culturas y costumbres nunca lo fue. Pero incluso cuando no se tiene que compartir el comedor o el patio, el exilio es extrañamente fácil. Al menos, vas a estar agobiado por la incertidumbre y la aprensión que vienen junto con estar sumergido en las profundidades de lo desconocido en un país que no es el tuyo.

Por último, da gracias a Dios por poder estar en España y elogia a la democracia electoral, que ha sido cuestionada durante las recientes protestas en España [6] y en otros países de Europa [7]:

Este exilio me ha dado la oportunidad de experimentar in-situ, más allá de las comodidades que ofrece la vida moderna en un país del Primer Mundo, lo dinámico y democrático que puede ser un país, donde las opiniones no siempre van en la misma dirección y donde la gente, a través de las urnas, tiene la última palabra.