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Guatemala: Policía mata a campesino con lata de gas lacrimógeno

Este post es parte de nuestra cobertura especial de Derechos Indígenas.

Los patrones de distribución de tierras en Guatemala son los más desiguales en América Latina y el mundo: el 2% de la población es propietaria del 70% de toda la tierra de labranza productiva, y la mayoría de los propietarios no las explotan.

La mayoría de los guatemaltecos pobres son indígenas que viven en áreas rurales y que trabajan en agricultura. Enfrentan un alarmante 49% de niños [en] desnutridos, señales crecientes de hambruna y carecen de políticas eficientes de desarrollo rural, como lo señala el blog Gestión Territorial.

Campesinos preparando maíz, de Alberto Arce (CC BY-NC-SA 3.0).

Los propietarios de latifundios están dedicando tierras que algunas vez se usaron para producir comida para los lugareños, para cultivos de biodiesel o de caña de azúcar, debido al precio creciente de estos cultivos, la baja tecnología y la poca cantidad de campesinos que se requiere para el cultivo, como explica el blog El Polvorin. Esto está poniendo en peligro la seguridad alimenticia de miles de personas que viven por debajo de la línea de pobreza.

Las familias indígenas viven con una dieta muy humilde, como lo describe el blog Mayan Families [en]:

La mayoría de las familias indígenas comen tortillas como lo básico en su dieta. A menudo, cuando las familias no tienen nada más que comer, siempre pueden servirse tortillas con sal, pero ahora hasta eso está amenazado por la escasez de maíz y el creciente costo de lo que está disponible.

Como mecanismo de sobrevivencia y debido a la falta de oportunidades de trabajo y de políticas asistenciales públicas, muchas familias están usando pequeñas porciones de tierras productivas subutilizadas (donde nacieron y han vivido siempre) para producir la comida que necesitan para sobrevivir: maíz, granos y algunas verduras.

Esto está haciendo que aumente la cantidad de disputas de tierras, pues los propietarios no quieren a los campesinos en su propiedad privada y con frecuencia usan el apoyo de las fuerzas armadas y medios violentos para desalojarlos. Los medios no suelen informar acerca de las víctimas humanas de estos desalojos.

Eso fue lo que ocurrió la semana pasada, cuando un campesino murió a manos de las fuerzas de seguridad durante un desalojo de tierras en Retalhuleu, cerca de la costa del Pacífico guatemalteco. Ahí, Sergio de León (31), campesino sin tierras, padre de cinco hijos, murió cuando la policía disparó una lata de gas lacrimógeno directamente a su pecho. Alberto Arce, periodista gráfico independiente y blogger grabó este desalojo (advertencia: hay imágenes fuertes):

Para una versión con subtítulos en inglés de este video, visita DotSub.

En el artículo “Otro campesino muerto por disputa de tierras“, Plaza Publica, un nuevo medio de comunicación digital que revela la corrupción y desafía la autocensura tradicional de los medios guatemaltecos, describe la tragedia de Sergio de León y los dilemas por sobrevivir que enfrentan las familias pobres en Guatemala.

De un lado, los campesinos luchan y arriesgan la vida para defender la tierra que les dará comida a sus hijos, la tierra donde nacieron, donde nacieron sus padres, donde toda su familia ha trabajado toda la vida. De otro lado, policías y miembros del ejército, pobres y mal capacitados, tienen que seguir órdenes de disparar y usar violencia en contra de los campesinos -tan pobres como ellos, con orígenes comunes- como una forma de conservar su trabajo, para alimentar a sus familias. El tercer actor en este conflicto es un gobierno que no tiene voluntad de resolver el creciente número de conflictos de tierras y desigualdad en la distribución de tierras.

La muerte es la solidaridad del actual gobierno, según el blog Frente Popular:

El saldo ha sido un campesino ejecutado extrajudicialmente, tres campesinos más  con heridas, viviendas campesinas destruidas, además del trauma causado especialmente a los niños quienes grabarán de por vida la respuesta que el “gobierno de la solidaridad” les ha propinado. Fuerza armada ante la demanda de tierra y de fuente de trabajo. Estado, al servicio del capital, en contra de la clase campesina. Esa es la respuesta y esta es la realidad histórica que se confirma. Nunca fue una política pública, una alternativa laboral, una solución negociada, ya no digamos una transformación de la  estructura agraria. Siempre fue la defensa del régimen de propiedad que nos ha  privado de todo y del modelo económico para continuar acumulando por explotación, por desposesión y por exclusión de las grandes mayorías.

Los conflictos de tierra y la distribución desigual de la riqueza, que han aumentado debido a las crisis económicas de las dos últimas décadas, fueron temas centrales de los Acuerdos de Paz de 1996. Una policía con deficiente capacitación sirviendo a los intereses de los poderosos es el otro problema; la muerte de De León no es un caso aislado. Como lo mencionan diferentes blogs, ha habido varios casos de uso excesivo de fuerza al realizar desalojos, como en Nueva Linda, Salvador Xolhuitz, la comunidad Bella Flor y en otras áreas cerca del río Polochic, siempre con asistencia de la policía, siempre con costos humanos por parte de los campesinos.

En el blog oficial de ‘Global Visionaries’, en el artículo “Falta de tierras, hambre y cambio social en Guatemala” [en], Camron McDonald describe un desalojo que ocurrió a comienzos de este año, y describe abusos similares de las fuerzas armadas:

El 15 de marzo de 2011, más de 1,000 policías y soldados aparecieron en el valle de Polochic al norte de Guatemala. Estaban ahí para desalojar a más de 3,000 indios Q’eqchi maya que vivían en tierras reclamadas por una empresa de agroindustria guatemalteca. Muchas de estas familias han estado viviendo y cuidando de estas tierras durante treinta años. Según Danilo Valladares, escritor del Servicio InterPress, las fuerzas de seguridad quemaron o aplastaron las cabañas de los campesinos y destruyeron sus cultivos de subsistencia con machetes y tractores. Murió un joven en la reyerta y muchos otros quedaron heridos. Ahora, cerca de 800 familias se han quedado sin casa y sin acceso a la tierra que necesitan para cultivar alimentos para comer.

También agrega:

En este punto, puedes estar preguntando, ¿cómo se llegó a esto? Desafortunadamente, ésta tragedia es solamente una de centenares de casos similares que han ocurrido a lo largo de la historia de Guatemala. Repetidos llamados para reformas de tierras a lo largo de los años se han encontrado con poco cambio en la vida real. Hoy, el cinco por ciento más acomodado de la población es propietaria del 80 por ciento de las tierras. La carencia de voluntad política y falta de leyes claras con respecto a la tenencia de la tierra llevan a largas disputas que por lo general terminan a favor de los ricos y poderosos. Mientras tanto, no poseer tierras ha sido identificado como una de las principales causas de la pobreza y hambre a gran escala que sigue asolando al país.

El Jefe de Policía que dio la orden de desalojar a Sergio de León no fue ni arrestado ni sancionado. El policía que usó un arma no letal (gas lacrimógeno) con propósitos letales (disparar al campesino en el pecho) tampoco fue arrestado. La comunidad regresó a las tierras ocupadas pues no tienen a dónde ir, pero la policía puede regresar en cualquier momento. Y esta es apenas una de las aproximadamente 1360 disputas de tierras. Una política diferente y una manera diferente de resolver los conflictos de tierra  y erradicar el hambre no es solamente necesaria. Es urgente.

Este post es parte de nuestra cobertura especial de Derechos Indígenas.

Todas las fotos y video de Alberto Arce están bajo licencia de Creative Commons Attribution Non Commercial Share Alike.

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