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Somalia: La crisis de seguridad alimentaria se propaga a pesar de la ayuda

Este post forma parte de nuestra cobertura especial Desarrollo global 2011 [en].

Este artículo se encargó como parte de la serie sobre Inseguridad Alimentaria [en] del Pulitzer Center/Global Voices Online. Estos informes se apoyan en la información multimedia del Portal Pulitzer sobre Inseguridad Alimentaria [en] y en las contribuciones de blogueros de todo el mundo que tratan sobre este tema.

Según indica la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Cuerno de África está atravesando la “crisis de seguridad alimentaria más grave que tiene lugar hoy en el mundo” y los expertos advierten que la situación de hambruna que se vive en Somalia va a empeorar [en].

Más de 12 millones de afectados

People line up for food at a camp in Mogadishu, Somalia. Image by UN Photo/Stuart Price on Flickr (CC BY-NC-ND 2.0).

Refugiados haciendo cola para recibir comida en un campamento en Mogadiscio, Somalia. Foto ONU Photo/Stuart Price disponible en Flickr (CC BY-NC-ND 2.0).

La peor sequía de los últimos 60 años en combinación con los conflictos del país y la subida de los precios de los alimentos son los desencadenantes de la crisis alimentaria que se vive en el noreste de África y que, según datos aportados por la FAO, afecta a más de 12 millones de personas.

Aunque países como Yibuti, Etiopía y Kenia se han visto gravemente afectados, Somalia ha sido duramente golpeada, pues atraviesa la crisis de inseguridad alimentaria más grave de África en los últimos 20 años.

La situación de hambruna afecta en este momento a cinco regiones de Somalia y se prevé que pronto se extienda a otras dos regiones, incluso a más en los próximos meses. En los últimos tres meses, la hambruna ya ha provocado la muerte de decenas de miles de personas, entre las que se cuentan ya 29.000  niños [en]. Además, 3,7 millones de personas se encuentran en situación de crisis, de los cuales 3,2 millones necesitan ayuda de forma inmediata para sobrevivir.

Como respuesta, la FAO ha celebrado dos reuniones de emergencia en menos de un mes para determinar los pasos a seguir para tratar la crisis. La última reunión tuvo lugar el 18 de agosto.

David Dorward, profesor de la Universidad australiana La Trobe, declara en la web The Conversation que existe un razón [en] que explica por qué Somalia se ha visto más afectada por la crisis que los países vecinos:

Si bien las sequías están provocadas por el clima (por la falta de lluvias), la causa de las hambrunas es siempre política…

Los cultivos se han echado  a perder y el ganado ha muerto por la falta de pastos, pero el problema no se propaga de la misma manera por toda la región afectada por la sequía…

La hambruna ha afectado de forma diferente a cada parte del Cuerno. Es la política la que decide quién y cuántas personas se mueren de hambre en cada puerto, capital y campo de refugiados.

Un conflicto constante

Somalia ha vivido sumida en un conflicto prácticamente constante desde el inicio la guerra civil en 1991. Aunque existe un gobierno de transición en la capital, Mogadiscio, el grupo militantes islámico Al-Shabaab controla gran parte de la zona sur del país, donde la hambruna es más grave. Tal y como denuncian los medios de comunicación [en], Al-Shabbab ha vetado, por motivos que se reservan, la entrada a numerosas organizaciones humanitarias y no permite que la gente abandone el país.

En una intervención en el blog del Consejo de Relaciones Internacionales, John Campbell señala a Al-Shabaab como principal responsable [en] de la crisis:

Realmente, Al-Shabaab es el principal responsable de la hambruna. El grupo terrorista continúa bloqueando la entrada a los trabajadores de las organizaciones humanitarias de occidente durante una sequía que ha obligado a desplazarse a cerca de dos millones de personas, un cuarta parte de la población total de Somalia. Hace unos años, Al-Shabbab prohibió una campaña de vacunación infantil por considerarla un complot occidental; ese programa podría haber salvado la vida de muchos niños que en consecuencia contrajeron el sarampión.

Según la Oficina de Coordinación Humanitaria de las Naciones Unidas (OCHA por su siglas en inglés) la sospecha de casos de sarampión en Somalia ha aumentado más de un 660% [en] en comparación con el mismo periodo del año pasado y  los casos de cólera también van en aumento. No obstante, la semana pasada, Human Rights Watch publicaba un informe donde se indica que todas las partes participantes en el conflicto armado de Somalia están contribuyendo a la catástrofe.

Por su parte, una investigación publicada el 15 de agosto por Associated Press revala que los sacos de comida destinados a los somalíes se están robando y vendiendo después en los mercados [en]. El aumento de los precios también está dificultando el acceso de la población a la comida: los medios [en] informan que, en los últimos nueve meses, los precios de los alimentos locales de primera necesidad han aumentado en más de un 240%, superando el récord de precios registrado en 2008.

En su blog Find What Works, Dave Algoso, técnico de cooperación y desarrollo internacional en Kenia, declara que otra de las causas de la crisis es que la capacidad de respuesta ante la crisis no es lo suficientemente rápida. Rebecca Sargent, bloguera en a peace of conflict, también culpa, entre otros muchos factores, a los grandes contratos de arrendamiento de tierras que se han convertido en “apropiación de las tierras” [en].

La crisis ha obligado a los somalíes a huir a los países vecinos, incluidos Etiopa, Yibuti y particularmente Kenia. Aunque se construyó para albergar a noventa mil personas, el número de refugiados del complejo de Dadaab, al norte de Kenia, ronda ya los 400.000 [en] y cada día llega una media de 1.300 somalíes más. En una de las series de Pulitzer Center on Crisis Reporting, Samuel Loewenberg informa sobre la “desastrosa masificación” del campo de refugiados de Dabbab [en].

Mientras los trabajadores humanitarios luchan por hacer llegar comida y ayuda a los necesitados, algunos blogueros se preguntan qué pueden hacer ellos. Ann Freeman, que publica en Upside My Head (Pay Attention Now), propone tres maneras de ayudar [en], entre las que se incluye una mayor toma de conciencia. El Programa Mundial de Alimentos ha elaborado un juego de preguntas o quiz precisamente con este objetivo. Por su parte, Cynthia Bertelsen, bloguera de Gherkins and Tomatoes, se pregunta por qué no hay más escritores del sector alimentario y blogueros debatiendo sobre la hambruna [en].

Búsqueda de soluciones

Si bien es cierto que la ayuda con carácter de emergencia y las soluciones a corto plazo son necesarias, en la última reunión de emergencia de la FAO, los expertos internacionales en materia agrícola también recalcaron la necesidad de llevar a cabo acciones con vistas a largo plazo y nuevas políticas para hacer frente a futuras hambrunas. El ministro de agricultura de Kenia, por ejemplo [en], insistió en que es necesario contar con semillas resistentes a las sequías, desarrollar proyectos de irrigación e infraestructruras a pequeña escala y evaluar la relación existente entre los problemas de la producción de alimentos y el cambio climático.

Hannah Ellison, que escribe para el blog del Population Institute, considera que, para que las otras reformas funcionen, la planificación familiar [en] también debe formar parte de la estrategia. Jeffrey Swindle, bloguero en el portal Global Broadband and Innovations de USAID, expone la importancia y potencial [en] que poseen las tecnologías de la información y comunicación a la hora de organizar acciones humanitarias y prevenir las hambrunas. Marion Nestle, profesor de Estados Unidos y bloguero de Food Politics, considera que la política de Somalia [en] también debería tratarse:

Seguimos cometiendo los mismos errores.

Esto se debe a que parece —y en el caso de Somalia no solo lo parece sino que es así— mucho más fácil dar solución a la necesidad inmediata de ayuda alimentaria que hacer frente a la política subyacente que ha provocado el problema en primer término.

Pero si no resolvemos el problema político, las mismas tragedias continuarán reproduciéndose una y otra vez.

A pesar de la gravedad de la situación, algunos blogueros tratan de no perder la esperanza. La modelo somalí Iman, por ejemplo, publicó en el blog The Huffington Post, un listado con cinco semillas de esperanza para Somalia [en], entre las que incluye la fortaleza de sus mujeres. Ed Carr, que bloguea en Open The Echo Chamber, señala que, si los humanos hemos causado este desastre, también podemos evitar el siguiente [en], y Dave Algoso inyecta un poco de esperanza en su blog Find What Works al compartir tres vídeos muy alentadores junto con declaraciones como la siguiente:

A menudo, las imágenes de las victimas de la hambruna refuerzan estereotipos pesimistas como el de los africanos como un pueblo perdido que no puede hacer gran cosa por sí mismo. En contra de esas imágenes, quisiera matizar y aclarar la complejidad de la situación con la esperanza de rebatir esos estereotipos y provocar una mejor respuesta en los usuarios de los medios de comunicación occidentales.
Pero otro antídoto posible es simplemente combatir la desesperanza simplista con esperanza simplista.

Este post forma parte de nuestra cobertura especial Desarrollo global 2011 [en].

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