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Kirguistán: Ravshan Jeenbekov y la Generación Facebook

De todos los conflictos existentes en la problemática sociedad política de Kirguistán, uno que a menudo se pasa por alto, es el conflicto entre generaciones. Al contrario que el cisma norte-sur representado por las elecciones [en] y las protestas callejeras [en], la división generacional es sutil en su complejidad al existir dentro de facciones políticas en lugar de entre ellas, mientras los miembros de una élite joven y experta en tecnología retan abiertamente a sus jefes con fobia a los blogs en el parlamento nacional.

Buen ejemplo de ello ha sido el último intento de designar un primer ministro para dirigir el gobierno. La mayoría de los candidatos que se han presentado tenían menos de 45 años, lo cual representa un cambio radical en el mundo de la política interna.

Tras un fuerte apoyo de los votos de la coalición, Omurbek Babanov [en], de 41 años, asumió el cargo el 23 de diciembre. Pero el líder de la facción Respublika fue en gran medida la elección del establishment. Al ser aliado del último presidente electo Almas Atambayev, se puede confiar en él considerablemente para  la jefatura de estado mientras Atambayev disfruta de un estilo de vida más glamuroso al asistir a grandes cumbres interestatales [en] y remodelaciones del personal de seguridad [en].

Ravshan Jeenbekov [en], también de 41 años, podría haber sido un primer ministro más independiente y reformista. Sin embargo, su candidatura fracasó al tener solo 5 votos de la coalición. Además, Jeenbekov no consiguió el apoyo de muchos miembros de su propio partido, Ata-Meken, los cuales, bajo el liderazgo del político veterano Omurbek Tekebayev, decidieron refrendar el statu quo inducido por Atambayev. Después del comunicado de los votos de la coalición el 19 de diciembre, las condolencias desbordaron el muro de Facebook de Jeenbekov.

“Señor parlamentario Jeenbekov, después que su partido no le haya apoyado en las votaciones para el cargo de primer ministro de Kirguistán, ¿sigue pensando en continuar trabajando con los traidores?” preguntó [ru] Aziz Abakirov

“Hola Aziz. Cada uno elige su propio camino. Yo trabajo de acuerdo con mis convicciones y hago mi propio camino. Muchos miembros de mi partido han hecho su elección. Están en su derecho, aunque creo que no del todo, debido a [su obligación a] su posición política e ideológica. Tendré que trabajar con ellos, sí, porque soy un parlamentario de ese partido. Debo hacerlo”, respondió [ru] Jeenbekov.

“Pero conteste, ¿cómo puede amar a una mujer que le ha engañado?” insistió [ru] Abakirov.

“Aziz, el amor por una mujer y la política difieren mucho uno de la otra),” contestó [ru] Jeenbekov.

Incluso durante momentos menos emocionantes del calendario político de Kirguistán, el muro de Jeenbekov se encuentra desbordado por las discusiones. Mientras el parlamentario responde infaliblemente a los elogios (a pesar de todo es humano) y elude las preguntas complicadas (a pesar de todo es político), quizás el elemento más importante de su perfil es que ofrece a sus casi 4.500 seguidores un espacio donde pueden discutir temas de actualidad y conocer edninomyshliniki (como personas concienciadas) y con las que comparten valores comunes. El hecho que un representante electo participe frecuentemente en estos intercambios asemeja todo este proceso a la visión Rousseauniana de la democracia directa [en].

“Es una pena que muchos parlamentarios no se den cuenta que la conciencia de la juventud está creciendo, y que ésta no es la misma gente que asiente a todo lo que dicen sus “jefes”. O quizás lo sepan y, por lo tanto, nos lo están ocultando porque nuestras ideas y pensamientos los derriban. Inevitablemente tendrá lugar una “revolución” intelectual. Hoy en día muchos líderes jóvenes se han dado cuenta que pueden participar en el gobierno y están en todo su derecho a hacerlo” concluyó Uluk Kydyrbaev durante la discusión del 19 de diciembre en el muro que obtuvo un gran número de “me gusta” de otros usuarios.

De hecho, al mostrar la ambición de nominarse a sí mismo para el puesto de primer ministro, Jeenbekov no asintió a los jefes de su partido, sino que los desafió, y gracias a los crecientes seguidores online que socavan las formas más tradicionales de lealtad política en Kirguistán (el respeto a la antigüedad, regional y basado en el patronazgo, etc.), el día en el que él y otros diputados familiarizados con los medios de comunicación social reten a los aksakals bajo sus propias condiciones puede que no esté tan lejano. Como ya predijo Jeenbekov en respuesta a uno de sus seguidores, Ilyas:

“Ilyas, creo que el partido [Ata-Meken] se reformará para las próximas elecciones. Estoy seguro que [para las próximas elecciones] aparecerá un partido fuerte con una posición liberal-democrática”.

Aquí pueden ver su espacio [en].

Los medios de comunicación social en la política kirguisa: Ninguna varita mágica, por ahora.

Los cínicos argumentarán que los medios de comunicación social como Facebook y Twitter están limitados en su habilidad para transformar bien el organismo o la estructura fundamental de la sociedad política kirguisa y, actualmente, los números apoyan su situación.

Mientras la penetración de Internet en el país, tan solo por debajo del 40%, se compara favorablemente con la mayoría de países de Asia Central, los expertos en estadística de los medios de comunicación social estiman [en]que solamente el 1.17% del país tiene una cuenta en Facebook, de los cuales la gran mayoría viven en la capital, Bishkek. Asimismo, un informe de 2009 citado [en] por Neweurasianet sugirió que menos del 10% de los usuarios de Internet kirguisos tienen más de 40 años, lo que significa que muchos de los más poderosos e influyentes en esta sociedad post-soviética aún se divierten desconectados de Internet.

No obstante, como el uso en general continúa creciendo, las cuentas de Twitter o Facebook están siendo vistas cada vez más por peces gordos locales como una valiosa fuente de capital político. Ya en septiembre un post de Global Voices escrito por Elena Skochilo destacó una caza de brujas que hubo en Facebook en la que se demandaba [ru] a los ciudadanos de la red kirguisos a que “dejaran de seguir” o que “eliminaran de sus amigos” a políticos en Twitter y Facebook, que no usan personalmente sus cuentas o que las han creado de manera oportunísta justo antes de las elecciones. Como publicó [ru] el activista de derechos humanos Dmitry Kabak en el muro del grupo:

“Sé al 100% que Dastan Bekeshev [en], Shirin Aitmatova [en] y Ravshan Jeenbekov escriben ellos mismos. No sé quién escribe en las cuentas de Nariman Tuleev [en] y Tursunbai Bakir uulu [en]. [Su actividad de] Twitter y Facebook se ha intensificado en la víspera de la carrera presidencial. Marat Imankulov [en]… no está escribiendo él mismo; la fecha de nacimiento y los puestos no coinciden y solo hay vínculos a nuevas historias “sobre él”. Por favor, añadan información sobre “actividad sospechosa” en las cuentas políticas y después deje de seguirlas”

Pero si los agentes de poder kirguisos ven a los medios de comunicación social como una oportunidad para comunicarse con los electores o, simplemente, otra manera de potenciar sus perfiles públicos, sus escarceos con la actividad online son pruebas suficientes de que Facebook y Twitter están alterando gradualmente el panorama político de esta república parlamentaria de un año de edad. El último en particular se ha convertido en “noticia antes de que lo sea”, ya que agencias online como Kloop confían [en] en las actualizaciones en vivo de diputados en Twitter, meditando sobre las leyes y la formación de coaliciones mientras discuten y regatean durante la legislatura.

Por otra parte, en un país pequeño donde las instituciones son débiles y las conexiones personales lo dominan todo, el efecto desencadenante de un “tuiteo” en concreto puede que tenga las mismas consecuencias que múltiples llamadas telefónicas en un momento en el que un organismo político aletargado necesita que lo pongan en marcha. Esa es la conclusión a la que se ha llegado [en], en un brillante artículo del blog de Política Exterior de Natasha Yefimova-Trilling, titulado “Twitter contra la KGB”.

Al comienzo de la obra nos encontramos con el fotógrafo estadounidense Nic Tanner con un pequeño inconveniente. Mientras cubría el periodo [en] que siguió a las elecciones presidenciales de noviembre en la ciudad sureña de Osh, fue abordado por unos hombres con ropa lisa que decían ser representantes del equivalente local de la KGB. Después de llamar desesperadamente a su compañero periodista, David, el marido de Natasha, un tuiteo de emergencia [en] se publicó en @DTrilling, cuyos seguidores incluyen a “jóvenes oficiales kirguisos, tanto antiguos como actuales”. En cuestión de minutos, se propagó una situación tensa y Tanner fue liberado, desconcertado por el cambio total de comportamiento de los oficiales hacia él. Pero como explica [en] Yefimova-Trilling:

Esta no es una historia de la habilidad de Twitter para incitar protestas a pie de calle y organizar a ciudadanos ordinarios para que defiendan causas justas. Kirguistán es un lugar donde las redes sociales de alta tecnología se entrecruzan con las redes anticuadas del patronazgo. Todos aquellos con los que tuvimos contacto eran personas que conocíamos físicamente y personas con influencia… Nuestro uso de los medios de comunicación social no ha pinchado una red de activistas clandestinos de la sociedad civil, sino que simplemente ha acelerado la maquinaria bien engrasada del jala-cuerdas.

Lamentablemente, Twitter no es una varita mágica si eres un activista que vela por los derechos humanos de la etnia uzbeca. Después de haber sido arrestado tras un conflicto étnico en el sur de Kirguistán, un tribunal regional condenó a Azimzhan Askarov a cadena perpetua con una serie de cargos que las organizaciones de derechos humanos internacionales y nacionales temían [en] que hubieran sido inventados bajo unos antecedentes de nacionalismo exacerbado. A pesar que #Askarov es uno de los más tuiteados sobre cualquier tema en la Twitteresfera kirguisa, el Tribunal Supremo kirguiso ha mantenido la decisión del tribunal regional del 21 de diciembre.

Los medios sociales pueden llegar lejos en la política kirguisa, pero probablemente solo tan lejos en cuánto la vida pública del país siga estando dominada por caras familiares [en], una judicatura comprometida y a lo que se refiere [en] Daisy Sindelar de la RFER/L como “estación/es de maniobras de poder canosas”.

N.B. Un obstáculo de infraestructura para los poderes de las tecnologías sociales de Internet en Kirguistán es el irregular suministro de electricidad del país en la actualidad. Tras una ola de frío que contempló un mayor consumo energético [en] en la mitad norte del país, la red de suministro eléctrico de la era soviética se está resintiendo, y esto ha llevado a una continua escasez para los ciudadanos. En una parodia de esta audaz y profética declaración [en], Sadybakas Abylov ha creado [ru] un post en su blog muy vívido y fácil de leer que se titula “No habrá electricidad”.

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