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Crisis de la Eurozona: La respuesta de los medios ciudadanos en 2011

Esta entrada forma parte de nuestra cobertura especial de Europa en crisis.

No sólo se recordará el año 2011 por la crisis de la deuda soberana europea y su impacto en la economía global, sino también por sus duras repercusiones en la vida cotidiana. La crisis, que empezó en 2007, no tiene precedentes en la historia de la posguerra: Europa vive ahora sus días más oscuros en materia económica desde la década de los treinta.

A causa de la creciente importancia del asunto y a la difusión de las redes sociales, en los últimos meses se ha visto la multiplicación del «blogueo económico» (así como del tuiteo). Hay una enorme cantidad de opiniones e ideas sobre la crisis, así como de reacciones ante ella, que tratan de entender qué le deparará el futuro a la eurozona.

El incremento del IVA, junto a los recortes en sueldos, pensiones y prestaciones sociales, provoca que algunos bienes básicos empiecen a parecer inasequibles. El bloguero indio Deepankar Basu escribió en Sanhati, una web india sobre economía [en]:

Estas medidas [de austeridad] reducen el gasto y suben los impuestos para reducir el déficit del gobierno. No obstante, los recortes en gasto público y las subidas de impuestos vienen a ser en este preciso momento la peor política posible, puesto que disminuyen aún más la demanda agregada y sumen a las economías en una recesión cada vez más profunda.

La deuda soberana y los bonos basura: los manifestantes toman la calle

Camp site at Puerta del Sol, Madrid, Spain. Photo by Julio Albarrán, republished under a CC License.

Acampada en la Puerta del Sol, Madrid (España). Foto de Julio Albarrán, republicada bajo una licencia Creative Commons..

Se considera que la crisis empezó en Irlanda, Grecia y Portugal, pero pronto se extendió a España y a Italia.

Una vez que las agencias de calificación internacionales evaluaron la solvencia (la capacidad para pagar deuda pública) de cada país, parecía que tenían el poder de decidir el futuro de la Eurozona; un poder sobre el destino de cada estado que provocó fuertes debates en toda Europa, en los que muchos ponían en duda la legitimidad de los análisis.

Por ejemplo, en Portugal hubo una fuerte conmoción y reacción cuando la agencia estadounidense de análisis financiero Moody's redujo la deuda portuguesa a «bono basura».

Sin embargo, el centro de las protestas se remonta a mayo. Todo empezó en España con el movimiento 15-M, coordinado en su mayoría por la organización juvenil ¡Democracia real YA!, que tuvo una gigantesca actividad en la red y organizó enormes manifestaciones contra la corrupción, el desempleo y una estructura política que consideran que favorece el bipartidismo.

Las acampadas nacidas en la Plaza del Sol de Madrid se extendieron pronto a otras ciudades españolas, como Barcelona, Sevilla o Málaga. Pocas semanas después, surgieron movimientos similares en otros países europeos, que terminaron por extenderse por todo el globo con Occupy Wall Street.

Algunos, entre los que se incluían los medios tradicionales, no tardaron en establecer semejanzas entre la llamada Revolución española y la primavera árabe.

Como si se tratara de la plaza Tahrir, en Egipto, escenario de las protestas populares. El caldo de cultivo del derrocamiento de Hosni Mubarak. Esto es distinto pero puede ser el embrión de algo. Quién sabe.

Grecia, que en 2010 fue el primer país de la Unión Europea en sufrir los daños de la austeridad promulgada por el FMI y el BCE, pronto manifestó su solidaridad con el movimiento español. En Grecia en concreto las manifestaciones antiausteridad han sido más fuertes que en ningún otro lugar: en junio hubo manifestaciones pacíficas y reuniones en la Plaza Syntagma; cuando los manifestantes planearon rodear el edificio del Parlamento el día en que estaba programada la votación del plan de austeridad [en], hubo choques violentos contra la policía.

Las protestas continuaron en el verano boreal, sobre todo en España y Grecia. No obstante, hubo que esperar hasta otoño para que las grandes reformas y los programas de austeridad adoptados por los países del PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) se convirtieran en un punto de inflexión en la crisis de la deuda soberana europea.

«Sangre y lágrimas»: receta de austeridad

Runner statue mocked up as a rioter. Photo courtesy of the Athens indignants' multimedia team, licensed as CC BY-NC-ND 3.0

Estatua de un corredor disfrazado como uno de los participantes de los disturbios. Foto cortesía del equipo multimedia de los indignados de Atenas, bajo una licencia CC BY-NC-ND 3.0

En octubre Grecia vivió una protesta sin precedentes en el desfile del Día del Oxi (Día del No), en la que los griegos manifestaron su enfado [en] ante las continuas medidas de austeridad sin resultado, que culminaron en arreglo entre los bancos y los políticos europeos y que muchos temen que marque el comienzo de una nueva «ocupación» extranjera del país.

Las medidas de austeridad han tenido un impacto sumamente grave en Grecia, donde los suicidios y la criminalidad están aumentando y donde la asistencia social y sanitaria se está haciendo más y más cara. Según se informa, el alto coste (que puede alcanzar los 1000 euros) de un parto en un hospital público es solo un ejemplo de las consecuencias negativas de la crisis actual.

Pero también contamos con las historias de las víctimas de la explosión de la burbuja inmobiliaria, de la crisis financiera y de las altas tasas de desempleo. Miles de familia se han quedado sin hogar. En España se inició una enorme campaña contra la especulación inmobiliaria y para evitar deshaucios y realojar a las familias en edificios deshabitados.

Movilización en las calles y en la red

Además de los problemas económicos y sus consecuencias para los europeos, la participación democrática y los derechos ciudadanos son ahora el centro del debate público. La enorme participación en manifestaciones antiausteridad, tanto en la calle como en la red, fue una novedad dentro del escenario político de Europa.

Muchos, como los portugueses, han señalado que existe una alternativa a las medidas que la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo imponen desde arriba: la puesta en práctica de democracia directa por parte de Islandia se ha convertido en el modelo a seguir. Desde que Islandia se negó a recibir un rescate internacional, muchos argumentan que podría haber una solución diferente a la crisis actual, una que no suponga pasar diez años de duras restricciones presupuestarias para pagar a los acreedores.

Sin embargo, en estos meses también se ha puesto otra carta sobre la mesa con los importantes cambios de gobierno en tres países europeos. Mientras que en España el cambio se debió a unas elecciones adelantadas, los nuevos primeros ministros de Grecia e Italia fueron elegidos por el jefe de Estado, sin la aprobación popular.

La renuncia de Silvio Berlusconi en Italia fue particularmente importante, no solo para el país, sino también para toda la Unión Europea: el país necesitaba calmar a los mercados para mantener los tipos de interés sobre la deuda soberana bajo control. Tras la «fiesta por la dimisión de Berlusconi», los italianos y europeos metidos en la crisis tuvieron que volver a hacer frente a la cruda realidad en la que tienen que vivir.

Mientras las penurias financieras de Europa se agudizan, reina la austeridad, la crisis se acentúa y los economistas predicen una recesión (¿sin precedentes?): puede que el el 2011 se recuerde como «un año perdido» dentro de la historia económica europea.

Esta entrada forma parte de nuestra cobertura especial de Europa en crisis.

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