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Cuba: Nueve años después de la Primavera Negra

La Primavera Negra de Cuba – término que hace referencia a las medidas y detenciones del gobierno cubano contra los disidentes en 2003 – llega este año a su noveno aniversario. Setenta y cinco personas fueron encarceladas tras la represión estatal, acusados de ser agentes de los Estados Unidos.

Todos los prisioneros políticos detenidos durante la Primavera Negra fueron liberados progresivamente [en] a partir de 2010, si bien debían aceptar el exilio a España como condición para su liberación. Los disidentes que rechazaron esta propuesta fueron los últimos en salir en libertad.

La injusticia de las sentencias inspiró la creación del grupo cubano de oposición más famoso y respetado: Las Damas de Blanco, conformado por las esposas y otras mujeres familiares de los disidentes, quienes presionan pacíficamente para que sus parientes sean liberados.

El noveno aniversario de la Primavera Negra ha llevado a muchos blogueros cubanos a recordar sus historias y preguntarse si algo ha cambiado o no, más aún teniendo en cuenta la cercana visita de Benedicto XVI [en] y la imposibilidad de que el pontífice pueda reunirse con la oposición para discutir el historial de derechos humanos en Cuba [en].

Reinaldo Escobar, escribiendo para Translating Cuba [en], comenta:

En el noveno aniversario de la Primavera Negra de 2003, y en la antesala de la visita a Cuba del Papa Benedicto XVI, la policía política cubana ha intensificado sus actividades represivas contra Las Damas de Blanco.

Resulta cuanto menos paradójico que los cuerpos de seguridad del Estado actúen como si tuviesen la certeza de que las autoridades eclesiásticas no van a protestar. Da la impresión de que se ha alcanzado un acuerdo (o poco falta para ello) entre el gobierno y la Iglesia Católica, bajo el cuál la policía tiene vía libre para continuar con la represión y los religiosos podrán expandir sus derechos de culto. Habrá más procesiones, más permisos para construir iglesias seminarios y conventos como pago por mirar únicamente al cielo.

Afortunadamente, la fe no depende de esos errores. Lo que ocurrirá a largo plazo es que la influencia de la iglesia católica se verá mermada en un futuro sin dictadura.

Pedazos de la Isla señala que, nueve años después, la represión continúa:

En el noveno aniversario de la Primavera Negra y solo una semana antes de la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba, numerosos activistas de derechos humanos a través de la isla fueron reprimidos y detenidos, en especial las Damas de Blanco que intentaban llegar a misa en sus respectivas iglesias locales. Esta oleada represiva también se extendió hasta la ciudad de Pinar del Rio

Mientras “Notes from the Cuban Exile Quarter” (Noticias desde el Barrio de Exiliados Cubanos) se pregunta si otra Primavera Negra es inminente [en], otro participante de “Translating Cuba” (y uno de los 75 de la Primavera Negra), Juan Adolfo Fernández Sainz, comparte su testimonio [en]:

El 18 de marzo fui a Chinatown, en el centro de La Habana, para intercambiar ideas con compañeros de la prensa independiente. El tema era la Guerra de Iraq, que había sido declarada unilateralmente y sin el apoyo internacional que tuvo la Operación Tormenta del Desierto tras la invasión de Kuwait por parte de Saddam Hussein.

Como en los días previos habían tenido lugar numerosos arrestos, pasó por mi cabeza quemar algunos papeles, pero decidí no hacerlo. Escribo mis comentarios y artículos para que sean publicados. Era mi punto de vista y no tenía nada que esconder. No me sentí culpable. La tarde del 19 mi casa fue  escenario de una búsqueda.

Mi habitación estaba llena de soldados. Me percaté de que quienes habían invadido mi espacio no tenían ni idea de nosotros. Les habían lavado el cerebro. Para ellos, yo era un traidor al servicio de una potencia extranjera.

En el proceso de la investigación criminal pasó lo mismo. De lo único que se preocuparon fue de inculpar al gobierno estadounidense… saqué la conclusión de que no estaban interesados en conocer la verdad, simplemente querían condenarnos.

Fue una condena brutal. Un día, en la cárcel, me entretuve sumando las condenas de los 75 y entre todos sumábamos unos 1500 años, 20 años de media. Ninguno de nosotros había cometido actos violentos o había incitado a la violencia. Había habido peores olas de represión, pero no tan crueles contra la oposición civil y pacífica. Los proyectos propuestos por los detenidos buscaban únicamente una pacífica transición hacia la democracia.

Estuve siete años en prisión y no me arrepiento. Después elegí el camino más fácil y me fui de allí. De ahí mi compromiso hacia quienes decidieron quedarse. Y mi decisión de hacer todo lo que me dicta la conciencia por apoyar la causa que hemos elegido. No quieren imponer ninguna idea. Les conozco, quieren lo mejor para Cuba.

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