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Kirguistán: ¿Juicio a Internet?

El juicio que se está llevando a cabo a un periodista étnico ruso acusado de incitar al odio racial en una serie de artículos en línea puede tener profundas implicancias sobre las regulaciones del Internet de Kirguistán, así como también poner a prueba la neutralidad del moribundo sistema judicial del país.

Vladimir Farafonov está acusado en virtud del artículo 299, sección uno, que aplica un cargo por causar “antagonismo nacional, racial, religioso o interregional” a través de los “medios de información masivos”. Bajo las condiciones de imparcialidad judicial, es probable que el resultado del juicio dependa de la dificultad para demostrar que los artículos de Farafonov se ajustan al cargo en cuestión, dado que la ley kirguisa no contempla Internet como un “medio de información masivo”.

No obstante, dado que las cortes locales con frecuencia son esclavas del clima político predominante, hay muy poca certeza de que los procesos judiciales se centren en este tecnicismo únicamente.

Para complicar aun más el caso descrito [en] por el CPJ (Comité de Protección a Periodistas) como “políticamente motivado”, Farafonov mismo, al comparecer en el inicio del juicio el 28 de marzo, dijo [ru] que al menos 11 de los 16 artículos que se habían presentado como pruebas en su contra no fueron escritos por él, algo que la fiscalía, que no es generalmente conocida por su dominio de la red, encontrará difícil de rechazar.

Además, la idea de que los artículos ofensivos habían sido escritos por más de una persona fue incluso propuesta por los opositores a los trabajos si atribuidos a Vladimir Farafonov.

Jyrgalbek Turdukozhoyev, un influyente ex editor de una agencia de noticias en línea con sede en Bishkek, Kabar.kg, presentó el año pasado una diatriba por escrito contra “los Farafonov” en la prensa de lengua kirguisa, y luego dio [ru] una entrevista al periódico “Kyrgyz Ruhu”, que posteriormente se tradujo y publicó en internet, en la que explicaba la decisión de pluralizar su objetivo:

“En mi artículo, estaba lejos de “atribuir” la lista de artículos publicados bajo la firma de V. Farafonov a un autor, porque para mí era claro que detrás [de los artículos] hay todo un grupo de autores, que enmarañan y transmiten sinsentidos”, dijo.

Entonces, para resumir esta extraña situación: Un periodista étnico ruso, nacido en Kirguistán, enfrenta la posibilidad de ser encarcelado (hasta por cinco años, según el artículo 299, sección uno, del Código Penal kirguiso) por incitar el antagonismo racial en algunos artículos publicados en línea. El periodista niega ser racista (en su defensa, cita a su esposa mitad kirguisa) y niega ser el autor de la mayoría de los artículos (y muchos de los denunciantes parecen estar de acuerdo con él), mientras que su equipo jurídico niega que Internet corresponda al ámbito de los “medios masivos”.

Nota: Si todo esto parece tener un aire de comedia, aún no es nada comparado con la decisión de una corte provincial del sur del país de sentenciar [en] a dos testigos de Jehová a prisión como radicales islámicos en mayo del año pasado…

¿Derecho a incitar?

Pero, ¿qué hizo exactamente Farafonov (o las personas que se hacían pasar por él) para ofender al fiscal kirguiso y que generó los cargos en su contra? Un artículo de Eurasianet.org buscaba [en] enmarcar las acusaciones contra el periodista dentro del contexto de algunas de las retóricas abiertamente ofensivas incluidas en los artículos vinculados a su nombre:

“Lo que escribe [el periodista] no ayudará a su defensa. En septiembre de 2010, Farafonov escribió en byeli parus… que sólo 20 por ciento de los kirguisos étnicos son “humanos modernos”, mientras que 80 por ciento están “estúpidamente atascados en la edad media asiática”.

En un artículo de agosto de 2011 sobre el asesinato de un turista kazajo en la región de Issyk-Kul de Kirguistán, publicado [ru] por Centrasia.ru, Farafonov dijo de la prensa kirguisa que cubría la historia que era “prisionera del oscurantismo político”, atrapada en un “estancamiento absoluto” comparable a una era de “feudalismo primitivo”. Al catalogar el asesinato como un ejemplo de la “elemental hospitalidad kirguisa”, las mordaces referencias del autor a los “primitivos” kirguisos rurales fue condenada por los periódicos de esa lengua…”

¿Incendiario? Desde luego. ¿Capaz de generar discordias entre las etnias? Poco probable. Pero la mayor parte de la cobertura de los medios de lengua rusa sobre el caso de Farafonov se ha concentrado en la aparente parcialidad en la aplicación del artículo 299. Con un breve vistazo a gezitter.org [ru], que traduce los medios impresos en lengua kirguisa al ruso, se revela que no se privan de publicar artículos chovinistas [ru] que podrían encajar mejor en los cargos específicos de antagonismo racial, dado que se publicaron originalmente en medios impresos.

Sin embargo, mientras que las organizaciones como el Grupo Internacional de Crisis observaban [en] el rol de la prensa de lengua kirguisa en alimentar las tensiones entre los kirguisos y los uzbekos en las fases previa y posterior a la violencia étnica de 2010, ningún periodista o editor étnico kirguiso ha sido llevado a la corte desde ese momento.

Al comentar via el plugin de Facebook de Kloop.kg, Bektour Iskender dijo [ru]:

No sé de qué lado estoy con respecto al caso de Farafonov. Pero que los periódicos de lengua kirguisa no sean en absoluto investigados por nacionalismo… eso es sin duda un hecho, EMO.

Take Sha mencionó [ru] que el caso tenía gran repercusión sobre las libertades de prensa y de internet en un país que, por lo general, goza de mejor trayectoria en ambos medios que sus vecinos:

Kirguistán difiere de los países de la CSI [ex Unión Soviética] en que uno puede escribir lo que guste y [el estado] no vendrá a buscarte, ya sea en línea, en foros…

Pero en Twitter quedaba claro que lo que escribió Farafonov había resultado ofensivo.

@tano-banzai: Farafonov es un ******

Mientras tanto, @Samatdolotbakov expresó [ru]:

Señores, ¿han leído los artículos de #Farafonov “sobre los kirguisos”? Ese **** me sacó de las casillas. Los próximos tuiteos serán fragmentos de sus artículos…

@Ryskulbekov estuvo de acuerdo [ru], y se inclinó por la teoría de que los artículos fueron escritos de forma colectiva y no individual:

@Ryskulbekov@samatdolotbakov Samat, pienso que estos Farafonov son la más genuina fuerza destructiva de nuestra sociedad

Desde que se refieren a Kirguistán como la ‘isla de la democracia’ de Asia Central, el país tiene una reputación de tener una apertura política y libertades de medios superiores a las de los países limítrofes. La reciente medida del gobierno tayiko de bloquear Facebook [en], por ejemplo, es una instancia de una decisión que sería casi impensable en Kirguistán, donde los miembros del parlamento usan activamente los medios sociales. De hecho, hasta la actividades agresivas de los provocadores (“trolls”) que están por todo el ciberespacio del país se consideran “pluralistas”, según un excelente informe de IWPR [en] sobre las “guerras” de comentarios entre los internautas de Asia Central y los participantes anónimos aprobados por el estado.

Sin embargo, hay indicios de que esto podría cambiar. Hace poco, el gobierno sancionó [en] una decisión parlamentaria aprobada hace mucho tiempo que bloquea el sitio web independiente de noticias de Asia Central, Ferghana.ru [ru], puesto que los legisladores consideraron que avivaba las tensiones entre etnias con su cobertura sobre la violencia de 2010. El ex presidente, Kurmanbek Bakiyev, había inhabilitado el mismo sitio durante su período de gobierno, pero el bloqueo duró sólo un mes, ya que Bakiyev fue derrocado [en] durante un sangriento golpe de estado en abril de 2010.

Indistintamente de lo que haya escrito o no Vladimir Farafonov, su encarcelamiento sentaría un inquietante precedente en cuanto a las incursiones del estado en el territorio en línea. Si lo encuentran culpable, Internet (y todo lo que se escriba en ella) podría convertirse en un “blanco fácil” para los fervientes fiscales de un poder judicial condicionado [en].

Los blogueros kirguisos esperan por el veredicto con sentimientos encontrados.

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