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Brasil: ¿Existe una clara política exterior para el Medio Oriente y África?

El siglo XXI trajo importantes cambios al equilibrio de poder que existía hasta entonces, con obvias ramificaciones para la economía y política internacional. En este contexto, Brasil ha llegado a disputar su influencia en años recientes en dos regiones antes dominadas por los países centrales: Medio Oriente y África.

La actual política exterior brasileña en Medio Oriente

El Medio Oriente llama la atención global por dos razones: el petróleo y su ubicación geográfica. El primero asegura energía para la producción de todo lo que consumimos, en tanto que el segundo representa un puente natural que ha conectado Europa, Asia y África desde tiempos inmemoriales. Al este respecto, el embajador brasileño Hadil da Rocha Vianna, en el prólogo de “Prospectos para una política de promoción comercial en el Medio Oriente”, publicado por el Ministerio de Relaciones Exteriores (MRE) en 2011, dijo lo siguiente [pt]:

[…] o Governo brasileiro está convencido de que o incremento da parceria com diferentes regiões do planeta deverá assumir caráter central em sua diplomacia comercial, contexto em que a relevância do Oriente Médio é evidenciada.

[…] el gobierno brasileño está convencido de que el aumento en la sociedad con diferentes regiones del planeta deberá asumir un rol central en su diplomacia comercial, un contexto en el que la relevancia del Medio Oriente es evidente.
Visita del Presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, a Brasil en 2009. Foto del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil (CC BY-NC-SA 2.0)

Visita del Presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, a Brasil en 2009. Foto del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil (CC BY-NC-SA 2.0).

Ciertamente. fue la “diplomacia comercial” lo que provocó las visitas del expresidente Lula a la región en el primer año de su mandato, así como la organización de la primera Cumbre de Países Sudamericanos y Árabes (ASPA) en Brasil en 2005. Desde entonces, las exportaciones brasileñas al Medio Oriente se han más que cuadruplicado, desde US$ 2.300 millones a US$ 10.500 millones, con lo que por primera vez la balanza comercial se inclinó por primera vez a favor de Brasil.

El aumento del comercio también favoreció la iniciativa brasileña de tratar de involucrarse en discusiones sobre el proceso de paz en el Medio Oriente, que incluía la propuesta de un acuerdo para evitar mayores sanciones sobre Irán —como resultado de la continuación de su programa nuclear— y la mediación del conflicto israelí-palestino, ambos en 2010. Según el MRE, el país tenía suficientes credenciales para esto, pues es relativamente autosuficiente en petróleo y no tiene mayores preocupaciones de seguridad nacional en la región, ni tiene bagaje colonial en Medio Oriente, factores que la darían a Brasil la condición de “potencia neutral”.

Como se vio después, las pretensiones de Brasil no fueron más allá, debido en parte a la inexperiencia de sus diplomáticos con las complejidades religiosas e ideológicas de los pueblos que viven en la región, pero también debido a la incapacidad de Brasil de respaldar las decisiones diplomáticas tomadas con garantías, es decir, de aplicar sanciones a países que no respetaron su acuerdos.

El Atlántico Sur y sus relaciones con África

El mismo principio de relaciones Sur-Sur aplicado por Brasil al Medio Oriente también se aplicó en África. El expresidente Lula habló de un “división histórica” entre el país y el continente africano, por el que casi con certeza se estaba refiriendo al comercio de esclavos llevado a cabo por brasileños. En un texto publicado [pt] en la página “Racismo Ambiental”, los escritores Luiz Fabbri y Matilde Ribeiro discuten la legalidad de esta división en la sociedad brasileña contemporánea:

Com efeito, foram traficantes brasileiros, em associação com grandes latifundiários, ou seja, as elites econômicas imperiais, que tomaram as rédeas do tráfico para o Brasil. Embora o país tenha evoluído desde então, os herdeiros dessas elites, e em alguns casos inclusive seus descendentes diretos, continuam tendo um enorme peso na vida política e na economia do país.

Para efectos prácticos, fueron traficantes brasileños, en asociación con grandes latifundistas, es decir, las élites económicas imperiales, los que tomaron el control en el comercio de esclavos a Brasil. Aunque el país ha evolucionado desde entonces, los herederos de esas élites, y en algunos casos, sus descendientes directos, continúan teniendo un peso enorme en la vida económica y política del país.
África Brasil. Foto de Rafael Alvez en Flickr (CC BY-NC-SA 2.0).

África Brasil. Foto de Rafael Alvez en Flickr (CC BY-NC-SA 2.0).

De esta manera, Brasil quiere pagar su deuda histórica a través de acuerdos de cooperación que incluyan agricultura, medicina tropical, capacitación técnica, energía y protección social. Al mismo tiempo, las multinacionales y organismos no gubernamentales brasileños han llegado a incluir África en sus planes, haciendo que el surgimiento de Brasil coincida con una nueva África.

Hay buenas razones para este interés. En la última década, África se ha mostrado resistente a la crisis económica y muchos países muestran crecimiento fuerte, lo que explica la inversión de grupos brasileños, principalmente en infraestructura y cooperación en desarrollo de capacidad institucionales.

Desde comercio hasta política

Brasil es el único país en América Latina con una política exterior específica para el Medio Oriente y África. Sin embargo, lo que está llama la atención es que esta política se basa en relaciones de naturaleza comercial. Así fue para el tema iraní y después para el conflicto entre los árabes e israelíes.

Como se vio poco después, la propuesta para el problema iraní se cayó en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el intento de mediar entre israelíes y palestinos prácticamente fue ignorado. En este asunto, el Garden Blog expresa [pt] una mordaz crítica a la estrategia diplomática brasileña para el Medio Oriente y advierte:

A realidade não demorou a lançar um tijolo na nossa testa. Quando se trata de grana e território, países não perdem tempo com licores e charutos. O que importa são definições: amigo ou inimigo, contra ou a favor, sérvio ou bósnio, judeu ou muçulmano. […] Se existe uma região do globo onde os perigos são catastróficos e as recompensas meramente simbólicas, é esta.

La realidad no tardó en lanzarnos un ladrillo en la cabeza. Cuando se trata de dinero y territorio, los países no pierden tiempo con licores y cigarros. Lo que importa son las definiciones: amigo o enemigo, a favor o en contra, serbio o bosnio, judío o musulmán. […] Hay una región del mundo donde los peligros son catastróficos y la recompensa meramente simbólica, y es esta.
 La presidenta Dilma Rousseff con la embajadora de Guinea-Bissau, Eugénia Pereira Saldanha Araújo, 2011. Foto Germano Corrêa/MRE en Flickr (CC BY-NC-SA 2.0).

La presidenta Dilma Rousseff con la embajadora de Guinea-Bissau, Eugénia Pereira Saldanha Araújo, 2011. Foto Germano Corrêa/MRE en Flickr (CC BY-NC-SA 2.0).

Pero, ¿en qué consiste la estrategia brasileña para participación internacional? Desde la redemocratización de Brasil en los años 80, un tema recurrente en su agenda externa ha sido el pedido de reforma del orden político y económico internacional, y el Medio Oriente y África se muestran como plataformas útiles para estas ambiciones.

Pero no es en el ámbito político en el que se puede observar una diferencia en el trato de las dos regiones: mientras Brasil se posicionó en Naciones Unidas en defensa del diálogo en el caso iraní, no ocurrió lo mismo en el reciente golpe en Guinea-Bissau. El esfuerzo del país parecía verse impulsado por la visibilidad que ofrecía cada tema, y en este caso, el Medio Oriente fue imbatible. Lo que no parece claro a los brasileños es que —manteniendo la ambición de ser una potencia emergente— tarde o temprano deberán tomar partido y luego involucrarse militarmente para defender los intereses de sus corporaciones y, al final, la inversión económica exigirá que sus políticos asuman una posición.

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