Cuba: un clic hacia el futuro

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El recientemente clausurado Festival Clic, que tuvo lugar en La Habana entre el 21 y el 23 de junio con el tema «Internet y sociedad en Cuba», nos dio la oportunidad de escuchar a varios blogueros hablar sobre la tecnología y el papel que puede desempeñar en el futuro del país.

El escritor Haroldo Dilla Alfonso, de Havana Times, descubrió el acontecimiento gracias a un artículo de otro de los colaboradores del blog:

El Festival, según el articulista, adoptó una convocatoria abierta y transparente como “el mejor resguardo contra la represión gubernamental”.

Tuvo el copatrocinio de la academia bloguer que dirige Yoani Sánchez. La reunión ha contando además con el apoyo de Evento Blog Español (EBE), una asociación de blogueros ibéricos que se autodefine como una entidad con tres mil miembros y tres mil sueños.

Según los promotores, el festival ha tenido “como propósito intercambiar lo que hemos aprendido y desvelar nuestras lagunas (y) está pensado como una gestión del conocimiento sin requisitos ideológicos ni tendencias de mercado”.

El programa del festival incluía sesiones técnicas y educativas que trataron el impacto de las redes sociales en la política mundial.

La reacción oficial a este acto, según Havana Times, «no se hizo esperar»:

Los primeros en acudir al tintineo de los sables fueron los blogueros-mal-pagados que infectan el ciberespacio cubano y que siempre están dispuestos a difamar…

Aunque el escritor rápidamente descarta a los anteriores, añade:

Lo que en realidad sí me pareció muy inquietante fue una nota aparecida en Cubadebate.

Cubadebate (CD) es un órgano de control político/ideológico de la información. Aunque es un producto de exportación y quiere lucir más sofisticado, en realidad aspira a lo mismo que Granma, y por eso todo lo que publica sirve directamente a los peores fines del Gobierno cubano bajo la batuta del oscurantista Departamento Ideológico.

El artículo de Cubadebate es un ejemplo de lo que está pensando y de lo que podría hacer la élite política cubana. Se trata de una arremetida directa y muy poco elegante, una burda mescolanza de ideas sin acabar, alegorías mal redactadas, ataques soeces contra personas e instituciones…

Pero este es el punto en el que incide:

“La intención del Festival Clic —afirmaron— es avanzar en la estrategia de construir redes previas a una agresión, como hicieron en Libia, Siria y antes en Yugoslavia, y fortalecer la idea de la contrarrevolución aliada a Estados Unidos como promotora de la libertad en la Red.”

Una afirmación que podría servir para justificar una nueva ola represiva con el apoyo de la prensa oficial, de los blogueros-mal-pagados y de la gavilla de comentaristas bocones que llenan la web de improperios fascistoides. Y quienes, de dar ese paso represivo, deberán asumir la responsabilidad de las consecuencias de la represión. Y nosotros, de exigírsela.

Están mintiendo, y lo saben.

Reinaldo Escobar (marido de Yoani Sánchez), en un blog de Translating Cuba [en], hace hincapié en el éxito del festival:

Colmó todas las expectativas a pesar de la amenaza de mal tiempo, las descalificaciones oficiales y de las carencias resultantes de la escasez de recursos. Pero quizás el logro más significativo ha sido que el gobierno se ha visto forzado a organizar un evento paralelo denominado Festival del Conocimiento o Festival de Informática, al que acudieron, por lo que nos han dicho, más de cien mil jóvenes de clubs informáticos de todo el país.

Todos los que estábamos en el espacio proporcionado por los organizadores de Estado de Sats teníamos la impresión de que estábamos aprendiendo, no solo sobre temas tecnológicos, sino sobre comportamiento ciudadano. Sabemos que estos acontecimientos no consiguen la transición a la democracia, pero al menos estamos seguros de que el ejercicio de la libertad es un paso en esa dirección.

Lilianne Ruíz, que también escribe en Translating Cuba [en], está de acuerdo en que el acontecimiento «acabó bien» y habla de lo que ha significado para ella:

Puede parecer increible hacer un festival de tecnología sin acceso a internet. Esta circunstancia no empañó la sensación de estar respirando aire fresco en Cuba.

Me duele decirlo: estoy lejos de acceder a la versión digital de mi vida.

No obstante, asistir al Festival CLIC me ha puesto por delante de Lili la analógica, y muy por delante de la antes aterrada Lili… como la que llegó tarde a darle la mano a Laura Pollán.

Y nos han llovido las amenazas: el primer día, un editoral de Cubadebate.cu demostró la mentalidad criminal que solo una revolución comunista y un caudillo con ideología truncada puede provocar en ciertas personas.

El festival ha sido un éxito. Algún día, este pequeño destello de luz que puede conectar a gente de todo el mundo inevitablemente conectará, en primer lugar, a los cubanos, que tenemos un enorme trabajo mental por delante para limpiar nuestros pensamientos de tanto odio como la historia ha cultivado en ellos, que ha sido psicológico en principio.

Ejercer nuestros derechos políticos, culturales y económicos escandaliza a los dictadores, que deben tener miedo porque no han obtenido el poder del deseo libremente expresado de los ciudadanos, a quien ellos llaman «el pueblo», traicionando esta antigua y peligrosa mentalidad tendente a los delitos políticos. Pero con un CLIC multiplicado en cada cubano, la primavera bien podría llegar a Cuba.

El festival también se ocupó de los más pequeños con su Infa-Clic y premió a blogueros y tuiteros destacados.

Havana Times intentó explicar por qué el Estado parece sentirse tan amenazado por el evento:

La reunión de Festival CLIC es un gran peligro porque está intentando crear redes independientes y conquistar espacios públicos de una manera inédita. No es un asunto de más o menos internet, lo cual sigue siendo una prerrogativa del estado cubano, y que mantendrá a su bajísimo nivel actual  aún cuando aparezcan todos los cables del mundo.

Porque el no acceso a Internet en Cuba no es una cuestión esencialmente técnica, sino absolutamente política. Y ni Yoani con sus premios, ni Rodiles con su paciente valentía, pueden cambiar esa situación.

El problema es un asunto de contactos sociales no autorizados, de gente que ha decidido no pedir permiso. De medio centenar de personas que están mirando para los lados y no para arriba.

Yoani Sanchez, como organizadora del encuentro, tuvo la última palabra:

En medio de la sencillez material, el Festival CLIC logró sobrepasar nuestras expectativas. Un debate franco y abierto —sin censura—, una gran participación del público y la lograda intención de hacer de ésta una cita tecnológica y futurista, resultaron sus mayores alcances. Más de 200 personas pasaron por el lugar durante los tres días que duró el encuentro y el jueves 21 de junio, en la tarde, confluimos hasta 102 interesados en las redes sociales y en la Web 2.0.

No pudimos, sin embargo, lograr una representación de internautas tan diversa como deseábamos. Y no porque pusiéramos algún filtro ideológico o grupal, sino porque muchos invitados prefirieron no venir a pesar de haber sido convocados. El temor al intercambio de opiniones, el miedo al abrazo sigue dominando también la escena virtual de la Isla. El editorial de Cubadebate –amenazante y extremista- debe haber amedrentado a algunos que querían acompañarnos. Conseguimos, eso sí, que el gobierno cubano organizara por estos mismos días –a toda carrera- un Festival del Conocimiento para enseñar a las personas a hacer blogs y crear cuentas en Twitter. Lo cual, a mi juicio, es el mejor de los resultados de nuestro diminuto CLIC. Si empujando el muro los obligamos a ellos a correrlo unos centímetros… entonces, entonces hemos obtenido parte de lo que queremos.

La imagen utilizada en este artículo [en] es de Trostle, bajo licencia de  Atribución 2.0 Genérica (CC BY 2.0) de Creative Commons. Visite la colección de fotos de  Trostle en flickr [en].

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