Perú: Monocultivos ponen en peligro el agua de Iquitos

Esta es la tercera y última parte de una serie de tres posts sobre la problemática del agua en la ciudad de Iquitos. Ver la primera y la segunda.

En el primer post de esta serie introducimos el problema del agua en Iquitos y la controversia generada por la exploración y búsqueda de hidrocarburos por parte de la transnacional Conoco Phillips en la cuenca del río Nanay. En el segundo post profundizamos el caso de Conoco Phillips, mostrando también las acciones que están tomando organizaciones como el Comité del Agua para proteger el río y el abastecimiento de agua para Iquitos.

En este tercer y último post nos enfocamos en los monocultivos en el río Nanay y en la polémica que causa el tema entre los que apoyan este tipo de cultivos y los que aconsejan evitarlos.

Esta lucha por el agua en Iquitos no está exenta de riesgos. El investigador del IIAP (Instituto de Investigación de la Amazonía Peruana), José Álvarez, publicó un artículo titulado “¿Monocultivos en el Nanay? No, gracias”, donde señalaba las razones del IIAP para desaconsejar el cultivo de la palma aceitera en la cuenca del Nanay, especialmente en la cuenca de la quebrada Curaca, afluente del Nanay, colindante con el área de amortiguamiento de la Reserva Nacional Allpahuayo-Mishana. Algunas de las razones son:

- La cuenca del Nanay es la abastecedora de agua potable para la población de Iquitos y poblaciones aledañas, y cualquier alteración grave de la cobertura vegetal puede poner en riesgo la provisión de este vital elemento, tanto en cantidad como en calidad. Las plantaciones industriales de palma aceitera, además de implicar la tala de grandes extensiones de bosques nativos, requieren de altos insumos de agroquímicos y por tanto implican una grave amenaza de contaminación del agua.

- Las zonas donde se está planificando establecer plantaciones de palma están cubiertas en su totalidad por bosques primarios muy poco alterados, los que apenas han sufrido una mínima extracción selectiva de algunas especies maderables y de fauna silvestre. Es política del Estado Peruano, y un compromiso formal ante la comunidad internacional, proteger los bosques primarios amazónicos, como una medida para reducir las emisiones de carbono y para contribuir a mitigar los impactos del cambio climático.

Reserva Allpahuayo Mishana, cuenca del Nanay, Loreto, Perú.

Reserva Allpahuayo Mishana, cuenca del Nanay, Loreto, Perú. Foto de Maholyoak en Flickr. Publicada bajo licencia Creative Commons (CC BY-NC-ND 2.0)

Pero esto al parecer no fue del gusto de algunos, que organizaron a un grupo de personas, supuestamente “campesinos” de la zona, quienes salieron a manifestarse a favor del cultivo de la “palma aceitera” y a la vez atacando al investigador José Álvarez, portando pancartas donde se podía leer cosas como “traficante de recursos naturales” y se pedía su expulsión del territorio nacional.

En un pronunciamiento de respaldo al investigador, un grupo de ciudadanos de Iquitos manifiesta que conversando con los manifestante estos dijeron que se les había informado que Álvarez “era el culpable de que no se impulsase el cultivo de la palma y que no se aprueben los créditos del gobierno para este fin,” lo que hace pensar que el origen de éstos ataques estaría cerca a las autoridades regionales.

No todas las opiniones están en contra del cultivo de la palma aceitera en la cuenca del Nanay. El Economista Víctor Villavicencio la Torre, quien se desempeñó como Gerente Regional de Desarrollo Económico del Gobierno Regional de Loreto, está a favor y escribe:

es imperativo adoptar o fijar una posición política regional respecto de la promoción y fomento para con un cultivo que, habiendo demostrado tener alta rentabilidad, bien puede constituirse en una alternativa para sacar de la pobreza, postración y miseria a cientos o miles de campesinos gracias a la alianza entre el Estado y la inversión productiva.

Esta alianza debe sacar del juego político a esos Organismos No Gubernamentales que reciben y administran el dinero proveniente de países que, digámoslo, son los primeros en atentar contra el medio ambiente y la biodiversidad de muchas naciones en el mundo.

Luego reitera el que a su criterio debe ser el papel del estado:

el Estado debe fijarse como meta inmediata revisar las leyes que regulan la actividad agraria y forestal, para con ello arrancar las banderas “progres” que exhiben estos “caviares” del medio ambiente y dejar de ser pasivos espectadores de las acciones agresivas que desarrollan.

… encontremos un punto de convergencia que evite que la gente del campo, cansada de tantas promesas de cambio, termine incendiando la pradera y trayendo a la memoria colectiva los sucesos funestos de Cajamarca, Espinar, Madre de Dios y Bagua. ¿Eso queremos?. En lugar de la protesta tonta y el grito estridente, batamos palmas para la Palma Aceitera que será como batir palmas para Loreto.

A manera de respuesta, el ya mencionado investigador Biólogo José Álvarez, publicó otro artículo titulado “Subdesarrollismo crónico” donde argumenta lo siguiente:

Hablan de que los conservacionistas han gastado decenas de millones en proyectos financiados por torvos extranjeros que buscan frenar el desarrollo de nuestra región. Sin embargo, sólo en los últimos 30 años que llevo viviendo en esta tierra, me consta que los promotores del fracasado modelo de desarrollo agropecuario-extractivista, a quienes llamaremos “subdesarrollistas”,  han gastado no decenas, sino miles de millones de soles: […] proyectos agropecuarios fracasados, sueldos de funcionarios y consultores, e infraestructura agrícola improductiva (fábricas de harina de yuca, molinos de arroz, fábricas de leche, envasadoras de palmito, etc.) […] La gran pregunta: ¿alguien impidió que se promoviese durante estos años en la selva la agricultura y la ganadería, sin restricciones, en las comunidades de Loreto? No.

y agrega:

Pero su inepcia no ha sido gratis: gracias estos presupuestos y proyectos, los ‘subdesarrollistas’ se han llenado los bolsillos con comisiones, viáticos, coimas, expedientes, consultorías, asesorías, puestitos burocráticos, estudios de factibilidad, planes de negocios, planes de inversión, anteproyectos, proyectos y viáticos, sin que los ribereños e indígenas hayan mejorado en nada su calidad de vida, más bien se ha deteriorado.

Pero los empresarios siguen estando muy interesados en las oportunidades de negocio que representan las 620,00 hectáreas de la región Loreto, que según el ministerio de agricultura están disponibles para el sembrío, y hacen labor de difusión al respecto.

Por otra parte, académicos e investigadores continúan aportando datos y estudios sobre el peligro que el cultivo de la palma aceitera constituye para el frágil ecosistema amazónico. Denuncian incluso que las empresas están promocionando la consideración de las plantaciones de palma aceitera como actividad de reforestación, así como los incentivos que el gobierno da a dicho cultivo.

Incluso el presidente Ollanta Humala en una reciente conferencia de prensa mencionó a una zona amazónica, el Alto Huallaga,  como con “potencial para la agroindustria, para el café, para el cacao, para la palma aceitera para la siembra de frutales.”

Como se puede apreciar pues, no hay un consenso claro entre todos los actores involucrados acerca de cuál debe ser la política oficial sobre estos temas que afectan a todos. Por un lado están los que promueven las inversiones a gran escala y por otro los que defienden el medio ambiente, agravando el problema el hecho de que el diálogo al respecto no es algo que precisamente abunde, al igual que la información clara y transparente que la ciudadanía necesita.

Post original publicado en el blog personal de Juan Arellano.

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