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Rusia: Malinterpretación del dilema de Pussy Riot

Las reacciones a la liberación de Yekaterina Samutsevich, integrante de Pussy Riot, han sido en general miopes y engañosas. El “entendimiento” popular de observadores expertos y aficionados ha sido que las autoridades están maniobrando para “dividir y conquistar” [en] al trío de punk rock. Esto es una parte indudable de lo que ha pasado, pero no es la historia completa.

Al liberar a Samutsevich, el gobierno ruso ha alcanzado dos objetivos distintos en su batalla contra el movimiento de protesta: diferenciación y proporcionalidad. “Divide y conquista” describe el primero concepto, pero no captura el último, que es totalmente vital para que los esfuerzos del estado impidan la oposición.

Consideren cómo Samutsevich fue capaz de anular su pena de prisión. Despidió a su abogada, Violetta Volkova y contrató a Irina Khrunova, que pidió [ru] al juez que reconociera que Samutsevich nunca había “bailado, cantado, gritado ni hecho nada [en la iglesia] que el jurado hubiera calificado como delito”. Kirill Rogov escribió en la revista Bolshoi Gorod y discutió [ru] que Khrunova solicitara la interpretación del caso (que los delitos de los acusados ocurrieron solo dentro de la Catedral de Cristo Salvador).

Pussy Riot, Vladimir Vladimirovich Putin, retrato pintado en St. Romain, Rhone-Alpes, France (7 de junio de 2012), Fotografía de Thierry Ehrmann, CC 2.0.

En otras palabras, las letras anti Putin que más tarde se doblaron sobre el vídeo del incidente en la iglesia (ver el vídeo más abajo) no constituyen delito: solo las acciones que se cometieron dentro de la iglesia fueron delictivas. Como los guardas de seguridad interceptaron a Samutsevich antes de que pudiera unirse al resto de su grupo en el altar, ella nunca saltó, gesticuló ni emanó ninguna clase de odio religioso, dice la narración.

La liberación de Samutsevich manda muchos mensajes. El que más han escogido los blogueros y periodistas es el de “ahora todo el mundo está a su favor” en el caso de las Pussy Riot. El dilema del prisionero es normalmente reconocido con decepción (piensen en las muchas acusaciones desilusionadas impuestas a Samutsevich de que ella “llegó a un acuerdo” con las autoridades y traicionó a sus compatriotas; se puede encontrar esta opinión en publicaciones de Facebook de Evgeniia Albats [ru], Tikhon Dziadko [ru], y muchos otros [ru]). Más voces irrespetuosas se han alegrado de la separación de las Pussy Riot ya que se necesitaba la llegada del “sentido común” por parte de Samutsevich (Dmitri Olshanskii utilizó esta frase exacta [ru], y otras [ru] que han tenido mucho que ver en los ataques del grupo a sus tres abogados originales). Mientras que casi todos los de la oposición aplaudieron el hecho de que una de las presas de las Pussy Riot haya quedado libre, es real la división entre la celebración “decepcionada” y “necesaria”.

Sin embargo, este ángulo no captura el aspecto de proporcionalidad del último movimiento del gobierno. Abrir una brecha entre simpatizantes y partidarios de las Pussy Riot es solo una faceta de la decisión de los tribunales de ayer. La liberación de Samutsevich también señala que el estado responde de manera diferente a varios tipos de protesta. Cuanto menos perjudicial sea el comportamiento, parece ser que será menos castigado. Esta es una novedad para el caso. Hasta ahora, el jurado de las Pussy Riot como evento social ruso ha mandado solo amenazas al movimiento de protesta del país. “No se tolerará ningún tipo extraño de manifestación”, rezaba el memorándum.

Las autoridades ahora han pulido el mensaje. Como resultado, los manifestantes moderados (o el público en general) tienen menos razones para apoyar a las restantes integrantes de las Pussy Riot. Antes de la liberación de Samutsevich, el grupo provocó una emergencia que fue acompañada de su persecución. Los tres miembros han sido condenados y sentenciados de manera idéntica, a pesar de que técnicamente Samutsevich había “hecho menos”. Esto transmite a los ciudadanos que cualquier cooperación de cualquier tipo en protestas tan poco convencionales como la de las Pussy Riot será reprimida sin condiciones.

(Video sin editar de la actuación de las Pussy Riot en la Catedral de Cristo Salvador, 21 de febrero de 2012.)

Los cálculos de las autoridades se supone que fueron para asustar a los protestantes más extremos y que se echaran atrás. Tanto si era su intención como si no, el juicio no avasalló o silenció mucho a nadie. En lugar de eso se llenó de famosos apoyando a las Pussy Riot, que las transformaron en mártires de la sociedad civil rusa a la larga. Sí, algunos disidentes se negaron a tomar al grupo como símbolo de su movimiento (la ya mayor activista de los derechos humanos Liudmila Alexeyeva ha lamentado [ru] la atención que se ha prestado a ese caso, por ejemplo), pero la tendencia general ha sido tratar a las Pussy Riot como las líderes de la libertad en la Rusia de hoy en día.

¿Cambiará ahora el elevado estatus del grupo? En el periodo subsigueinte a los eventos de ayer, muchos activistas negaron con fervor esa posibilidad. “Ella solo ha tenido suerte”, explicó [ru] Demian Kudriavtsev del Kommersant. “Nada ha cambiado,” escribió [ru] imperturbable el periodista-bloguero Oleg Kashin. “Solo que Yekaterina Samutsevich ahora es libre”, añadió.

Las cosas han cambiado tan poco que Kashin se vio forzado a escribir dos editioriales distintas dentro de las 24 horas siguientes a la liberación de Samutsevich. En su otra composición [ru] comparó al tribunal de Moscú con terroristas chechenos y a las Pussy Riot con los rehenes de Shamil Basayev en la crisis de rehenes del hospital Budionnovsk de 1995 (que acabó con la vida de más de 100 personas).

Las comparaciones de Kashin deberían alarmar a sus lectores. Si Budionnovsk es su idea de “no ha pasado nada”, el futuro de Russia es muy negro.

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