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Singapur: Conductores de autobús participan en una «huelga ilegal»

El pasado lunes 26 de noviembre de 2012, unos 171 conductores chinos de autobuses de la compañía SMRT (cuya cobertura en la red de transporte público en Singapur es muy importante) fueron a la huelga para protestar contra las diferencias salariales [en] existentes entre los conductores chinos y los conductores malasios que trabajan en esta compañía. El sueldo mensual de los conductores malasios es de 1400 dólares estadounidenses y al que se le suma una prima mensual; a los conductores chinos, por el contrario, se les paga mensualmente 1075 dólares estadounidenses y no reciben esa prima durante los dos primeros años en la empresa. Otras de las denuncias hacen referencia al cambio que se produjo en la semana laboral (de cinco pasó a seis días) y a las pésimas condiciones de vida.

Autobús de la compañía SMRT. Foto de la galería TIB1218R de Flickr usada bajo la licencia CC.

Tras las negociaciones con la dirección de SMRT, que comenzaron la tarde del lunes 26 de noviembre, los conductores aceptaron volver al trabajo al día siguiente. Sin embargo, 88 trabajadores continuaron el martes27  con la huelga, ya que el acuerdo del día anterior resultaba insuficiente porque sólo se había conseguido un aumento mensual de 25 dólares estadounidenses.

La huelga fue tachada [en] de «ilegal» por el ministro interino de Trabajo, Tan Chuan Jin, y esta declaración fue respaldada por el Congreso Nacional de Sindicatos de Singapur (CNSS), que añadió [en] que «es importante enviar un mensaje inequívoco a todos los trabajadores: la nación está sometida a unas leyes y hay mejores maneras de enfrentarse a los problemas y a los desacuerdos».

Hasta que el Ministerio de Trabajo no llamó a la huelga por su nombre, los principales medios de comunicación habían evitado utilizar esa palabra durante su cobertura, lo que provocó que los usuarios de Twitter empezaran a usar eufemismos:

@mrbrown [en]: Otros nombres para #busstrike [huelga de buses] en Singapur coordinada pausa para fumar.

En un artículo del periódico The Online Citizen se puso en entredicho [en] la importancia del CNSS:

Esto destaca que la decreciente influencia de los sindicatos. En los tiempos de Internet, si hay sospechas de que algún sindicato es favorable a la patronal, los empleados siempre tienen la opción de reforzar su postura negociadora si se unen como fuerza trabajadora y se acercan a la prensa.

El CNSS ha optado cada vez más por hacer un marketing muy atractivo para así incrementar el número de afiliados y la lista de beneficios de los que disfrutan, que según su página web son: «Salud y vida; estilos de vida y entretenimientos; terapias a precios económicos; servicios y desarrollo; vinos y cenas».

Lo curioso es que para una confederación sindical que tiene como objetivo representar los intereses de los trabajadores el «participar en una plataforma donde se lucha por mejorar las condiciones laborales y salariales» no se contempla como uno de los beneficio de estar afiliado.

Joshua Chiang no está de acuerdo [en] con la imagen de los huelguistas como unos secuestradores, porque no proporcionan «servicios esenciales»:

Así que aquí tenemos la siguiente situación: una empresa, que antaño perteneció al gobierno y que ahora está privatizada, que proporciona unos servicios esenciales a NIVEL NACIONAL y que cuenta con trabajadores extranjeros (gracias a nuestra más que liberal política de inmigración) pero que, sin embargo, carece de representación (gracias a nuestras leyes laborales) y en la que para dar a conocer las reivindicaciones de los trabajadores hay que ir a la huelga (y no nos engañemos, funciona) y causar molestias a los usuarios.

Y tienen el descaro de presentarnos a los trabajadores como secuestradores.

Ravi Philemon sostiene [en] que la huelga muestra que Singapur no puede depender de los trabajadores extranjeros:

La huelga de los conductores chinos de autobús nos muestra que no podemos depender demasiado de los extranjeros para asegurar nuestros servicios esenciales. Tenemos que conseguir que más conductores singapurenses conduzcan nuestros autobuses y, para lograrlo, tenemos que ofrecerles un salario competitivo y estructurar su jornada laboral de tal manera que puedan conciliar su vida personal con la laboral.

Aresha muestra [en] su decepción con los compatriotas que condenan a los huelguistas:

Al principio, cuando vi todo esto, me sentí muy orgullosa de ser de Singapur; era maravilloso ver cómo los trabajadores eventuales se unían y hacían frente a todo, sólo por defender una causa en la que creían…

…hasta que empecé a oír palabras como República Popular China, China, el término despectivo para referirse a los chinos inmigrantes ah tiong, gente que no respeta la ley, castíguenlos, depórtenlos, etc. Y el decir estas cosas oscurece el objetivo de esta más que noble causa: la de unos trabajadores que intentaban resistir, mientras violaban la ley de forma deliberada, ya que no habían notificado la huelga 14 días antes.

Me avergüenza ser de Singapur cuando veo cómo ha reaccionado la mayoría de singapurenses ante las noticias y los comentarios. Y me he dado cuenta que la reciente encuesta de Gallup en la que se revela que Singapur es la sociedad más desprovista de emociones [en] probablemente no está muy alejada de la realidad; eso sí, sin emociones ante los problemas que «no son de su incumbencia».

Era una causa muy digna; era una negociación masiva.

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