Guyana: Controversia literaria

El escritor Ruel Johnson ha expresado su preocupación [en] ante lo que considera un posible caso de nepotismo en Caribbean Press [en], una empresa editora propiedad del gobierno de Guyana:

Cuando vi el reciente lanzamiento del libro Mysterious Association and the Virtu Gems de la joven Ashley Anthony, rechacé señalar públicamente la ironía del lamentable registro del Ministro Frank Anthony –padre de Ashley– de crear la especie de espacio para otros jóvenes guyaneses aspirantes a autores a escribir y publicar su trabajo.

No tengo nada en contra de los niños precozmente inteligentes –soy el orgulloso padre de uno de estos niños. Mi intención es usar cualquier humilde recurso que tengo a mi disposición para asegurar que no solamente reciba la mejor educación que puedo pagar, sino también que sus talentos naturales encuentren una salida apropiada; estoy seguro de que el Ministro tiene la misma perspectiva con sus hijos.

El Caribbean Press fue fundado en 2009 tras el compromiso [en] hecho por el entonces presidente de Guyana Bharrat Jagdeo en Carifesta X [en], organizada en Guyana. El medio tenía la intención de crear un camino para los escritores a través del Caribe anglófono para lograr su publicación. El primer gran proyecto de Caribbean Press fue la reimpresión de una selección de clásicos guyaneses [en].

El problema de Johnson era con la manera en que se publicó el libro:

El libro de Ashley Anthony contiene la etiqueta “Caribbean Press”. Hasta donde sé, Caribbean Press es una mecanismo de publicación establecido hace unos tres años, tras el compromiso en 2008 del expresidente Jagdeo de dar US $100,000 al año para establecer una casa editora. La intención original era claramente encontrar una manera para publicar a escritores residentes en Guyana (y, de manera secundaria, al Caribe de manera más amplia); tras unos cuantos meses de silencio, se anunció que el Press empezaría a publicar una serie de libros impresos llamada la serie de Clásicos de Guyana. La publicación de escritores locales contemporáneos se postergó luego de completar algunos de los 36 títulos “clásicos”, por los que los escritores nuevos serían tenidos en cuenta para publicación.

También consideró la situación como un indicador de la corrupción en otros sectores de la sociedad:

Este es un clarísimo caso de nepotismo, que ha sido vergonzosamente arrojado a la cara no solamente de los escritores locales, sino del público en general. Además, es un acto de corrupción descarado y sin remordimientos: los dólares de los contribuyentes van a financiar los esfuerzos literarios de la hija de un ministro de gobierno que después se beneficia de esa inversión de la venta de sus libros, a los 13 años de edad. Esto en un país donde el gobierno estuvo hace poco involucrado en un escándalo donde se negó a reconocer derechos de autor de quien produjeron libros de texto que se usan en el currículum escolar.

Jeremy Poynting, editor de Peepal Tree Press [en] en el Reino Unido respondió a la nota de Johnson [en] referida a este tema:

Refuerza el punto de mencioné hace mucho tiempo de que el mejor modelo para el apoyo del estado para las artes y las editoras era no intervenir con un ente financiero independiente. Peepal Tree no tiene voz ni conexión con la organización de Caribbean Press. Hemos ayudado con la serie de los clásicos guyaneses entregando el lado técnico de la producción y disponiendo la impresión. Pensamos que este ejercicio vale la pena para lograr que nuevas ediciones de libros guyaneses lleguen a colegios y bibliotecas. También hemos autorizado copias de nuestra propia serie de clásicos caribeños para una distribución limitada, no para la venta, para colegios para la que se nos pagaron los costos, de los que autores y patrimonios recibirán regalías.

Tras la publicación de una nota de seguimiento publicada en Stabroek Newspaper [en], Johnson recibió respuesta de las autoridades. Johnson narró:

Pocas horas después de enviar mi segunda carta sobre el fiasco Ashley Anthony/Caribbean Press, recibí una llamada de un funcionario del Ministerio de Cultura averiguando la dirección de mi casa. Tras habérsela dado, al poco tiempo recibí otra llamada para dar más detalles sobre indicaciones de cómo llegar a la dirección que les di libremente. Tras firmar el sobre, cortesía del Secretario Permanente de Cultura, Alfred King, lo abrí para sacar, como predije, la carta de un abogado de Park Avenue, Nueva York del estudio de Cozen O’Connor, amenazando con acciones legales de acuerdo con la “Sección 4 y otras” de lo que presumo son leyes de Guyana y no del Estado de Nueva York. Capítulo 6:03 (Ley de Difamación), sección 4 (calumnia contra la reputación oficial, profesional o de negocios), dispone:

‘En toda acción de calumnia con respecto a palabras calculadas para denigrar al demandante en cualquier cargo, profesión, oficio o negocio realizado o llevado a cabo por el demandante al momento de la publicación, no será necesario alegar ni probar perjuicio especial, sea o no que las palabras sobre el demandante se hayan dicho a causa de su cargo cargo, profesión, oficio o negocio’.

El escritor y bloguero dijo que no lo intimidaron y vio la posible acción legal en su contra como una manera de hacer responsable al Ministro Anthony:

…si él ve por conveniente hacer su amenaza de litigio, debería estar preparado para tener su administración de la política cultural en Guyana –desde CARIFESTA a Caribbean Press– bajo un microscopio, incluida su adjudicación de contratos, honorarios pagados a consultores y la selección de contingentes para actividades en el extranjero en los que el Ministerio ha participado.

El señor Anthony también debería estar listo para brindar la fecha en que la política que se aplica a Caribbean Press cambió de publicaciones de valor histórico o literario –como lo juzgó un comité de asesoría, incluido el doctor Ian McDonald– a uno en el que una chica de 13 años con ninguna o muy poca historia de redacción ejemplar pueda hacer que su padre [supuestamente] pague lo que intuyo es un valor justo de mercado para el uso de la marca del Caribbean Press y cualquier otro recurso no nombrado. Personalmente, no he encontrado ningún anuncio de ese cambio de política, incluido cuando el Ministro entregó más de la serie ‘Clásicos de Guyana’ a CARICOM la semana pasada, o durante la conferencia de prensa de lanzamiento del libro en donde la mención de Caribbean Press como editorial quedó visiblemente fuera.

El profesor David Dabydeen, miembro del Consejo de Caribbean Press, intervino en el asunto en Stabroek Newspaper [en], y afirmó que Caribbean Press es “prensa revisada por pares, y que está principalmente preocupada con la calidad literaria” y que el propio Ministro Anthony en verdad había pagado de manera voluntara por imprimir y enviar el libro de su hija.

En un artículo de seguimiento, Ruel Johnson contestó a la respuesta del profesor Dabydeen:

El Ministro sostuvo, luego de mi pregunta, que él había pagado por la producción del libro -David Dabydeen especifica costosa de impresión y envío. Aun así, como sugiere su mención de la autorización de copias de algunos de sus títulos, hay otros costos intangibles con la producción de libros. Toda la existencia de Caribbean Press (infraestructura, servicios y marca), esblecida completa y exclusivamente con dólares de los contribuyentes, cómo es que el Ministro puede sostener haber pagado por la producción del trabajo de su hija y solamente mencionar cosots de impresión y envío. Si hay un valor cero de dólar relacionado con el uso del nombre Caribbean Press, entonces yo debería poder usar el nombre en la cubierta de mi libro y no estar demandado por ningún perjuicio.

En esta respuesta a Dabydeen [en], Johnson resumió unos cuantos puntos clave en la sección de comentarios a la carta de Dabydeen:

* Imprimir y enviar no constituyen todos los costos de una publicación. Puedo pagar para que mis zapatillas las produzca la misma fábrica clandestina que usa Nike, pero no puedo simplemente poner el logo de Nike en mi calzado sin el pago adecuado de la licencia de NIke. El gobierno de Guyana puede quere construir un hotel, pero ponerle la marca Marriott incluye generosas cuotas de licencia.

* En la opinión de David Dabydeen, que el libro se haya publicado es mérito literario e histórico -aunque él alega que Caribbean Press la revisan otros colegas. Un proceso adecuado de publicación implica una junta editorial, no un único editor que guía una selección a través de una impresión. Reto a que Dabydeen señale cualquier mecanismo respetable con financiamiento público o privado en el Reino Unido, de Artes Escocesas al Real Sociedad de Literatura (de la que es miembro) que esté libre de un sistema de responsabilidad y transparencia como el de Caribbean Press.

* El hecho básico de la familia de Anthony es irrelevante a la calidad literaria de su trabajo -pero Dabydeen no ofrece evidencia de que a remisiones de los hijos de carpinteros, ebanistas, coratadores de caña, personal de oficina o conductores de minibús se les haya invitado a comparar con el trabajo de la hija del Ministro. ¿Pensará que creemos que es la única hija con ambiciones literarias o talento en Guyana?

En Facebook, Stone Blind escribió (en la sección de comentarios del post de Johnson) que esta situación le recordó otra promesa hecha durante Carifesta X [en]:

Todo esto me trae a la memoria un asunto en que, justo antes de la reciente Carifesta, los músicos locales amenazaron con  boicotear Carifesta debido a los derechos de autor. El real y leal Ministro de Cultura inmediatamente dio una declaración donde prometía fervientemente que el asunto de legislación moderna y efectiva de derechos de autor se abordaría en cuando Carifesta acabara. A la fecha, nada ha salido de la honorable boca del ministro sobre el tema y parece que, una vez más, ¡¡la comunidad creativa y de producción de música debe esperar y quemarse mientras sus gobernantes tocan el violín!!

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