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Omar Banuchi encuentra su lugar en la web puertorriqueña (Parte III)

*Esta es la tercera y última entrega de la serie sobre el arte digital del puertorriqueño Omar Banuchi. Aquí puedes leer la primera y la segunda parte.

El cuarto aledaño al dormitorio de Omar Banuchi está casi vacío, salvo por una que otra pieza  enmarcada que queda recostada en una esquina.  Fue allí donde el artista me llevó por un recorrido de su trabajo a través de los años.  Es inevitable, los dibujos pornográficos son lo primero que salta a la vista: chicas entregándose a felaciones furtivas, escenas de sexo grupal; estos son los marcadores de su primera época, donde el imaginario de los cómics se combinaba con la estética del hard core.  Superhéroes y money shots, esa es una sensibilidad característica del art nerd y sus fantasías masculinas, ya sea en Brooklyn, en Berlín o en Río Piedras.

“Las imágenes de Omar se sienten medias porno”, me mencionaría luego el cantante Eduardo Alegría. Con su larga trayectoria en el performance, la danza experimental y como uno de los cantantes y compositores principales del icónico grupo de post-pop Superaquello, Alegría es lo más cercano que hay a un elder statesman en la escena local.  Las primeras piezas que vio de Banuchi lo cautivaron, y terminó por reclutar al joven artista para su nuevo proyecto musical, Alegría Rampante, el grupo que lleva junto al músico Harry Rag. Aquí el vídeo de “Esquina Periferia” de Alegría Rampante, con ilustraciones de Omar Banuchi:

“Cuando miras su arte te sientes como si estuvieras mirando algo que no sabes lo que es”, continuó.  “Es como la fascinación de encontrar fotos viejas en un dumpster sin saber de quién son, y terminas creando una historia en tu cabeza de lo que estás viendo”.

El resultado de la colaboración entre ambos se puede ver en “Se nos fue la mano”, una serie de sencillos de Alegría Rampante que se complementan con vídeos, conciertos, y los dibujos evocadores de historias fragmentadas que realiza Banuchi. “Mi trabajo es que para cada canción se haga un dibujo que vaya con el sencillo. Se supone que cada dos meses saque una canción nueva, y ya ha sacado tres”, explica Banuchi.

En canciones como “Esquina Periferia”, “Hotel Puercoespín” y “Un cuarto más pequeño”, las sensibilidades del músico y el dibujante se encuentran.  En el proceso se puede vislumbrar una suerte de relevo generacional de dos creadores que se caracterizan por una visión rara, irónica y vulnerable a la misma vez.

ESTIGMA digital

La trayectoria de Banuchi se puede ver en la transformación que han tenido sus ilustraciones en los Omar Banuchi Sex Vogueúltimos cinco años.  La técnica se ha amaestrado, y la temática apunta a una mayor madurez.  Por su proximidad, Rosaura Rodríguez ha tenido un asiento de primera fila para ver el crecimiento.

“Él trabajaba desnudos antes, escenas más fuertes de sexo”, dijo.  “El arte era más sexual y un poco más pop.  Ahora sigue siendo pop, pero se ha tirado más a los retratos, y a los superhéroes haciendo cosas bien cotidianas”.

La sofisticación en las imágenes, que cada vez se tornan más hacia lo narrativo, fue lo que atrajo a Eduardo Alegría desde un principio.  “Tienen una calidad pulida, vibrante y a todo color”, dijo.  “Parte de lo que lo hace pop es que se siente que tienen un finishing, como un producto bien hecho”.

A pesar esa factura bien realizada, Banuchi aún se enfrenta regularmente a las preconcepciones en torno al medio digital, como si la tecnología que utiliza lo hiciera menos artista.

“El medio crea un poco de estigma”, me dijo la última vez que nos vimos.  “Hay veces que ha sido el mismo galerista el que me ha dicho, ‘intenta hacer una pintura’.  Pero a la hora de la verdad no me gusta esa actitud de que tiene que ser una pintura porque mis dibujos no son arte”.

El galerista que le hizo ese pedido entiende perfectamente su dilema.  “Hubo un momento en que le puse ese reto, y me produjo dos piezas en acrílico, pero no tradujo bien fuera de lo digital”, me dijo Beto Torrens.  El reto fue motivado por los coleccionistas, que tienden a ser mayores, y su inhabilidad de aceptar que una pieza que existe como un archivo digital puede estar al mismo nivel que un cuadro o una serigrafía.

“Ahí fue que me di cuenta de su esencia”, añadió Torrens.  “Le dije ‘sigue con tu visión original y tu propuesta, que en algún momento la gente se va a dar cuenta del valor que tiene’”.

Todo esto importa poco o nada para una serie de dibujos que encuentran un hogar natural en tantos espacios diferentes.  Si bien algunas de las piezas se imprimen en series limitadas para que las compren coleccionistas, muchas de ellas nunca salen de la pantalla. Sus dibujos se amoldan a los sencillos de Alegría Rampante y eventualmente serán la carátula del álbum.  Las ilustraciones se expresan de igual manera a través de las páginas de “Días”, y -posiblemente- en las paredes de Benicio Del Toro.  Si bien el arte de Banuchi –personalista e ingenioso- parece un espejo del creador, ese espejo no se limita a una forma en particular.  Para qué hacerlo, si esa diversidad también es un reflejo del estilo de vida que lleva él y la gente que comparte su arte.

“Me gusta ser un artista digital”, terminó por decirme la última vez que nos vimos.  “Me gusta que sea vigente el medio en que trabajo”.

*Las imágenes son publicadas con la autorización del artista.

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