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¡La derecha religiosa crece! Los activistas se enfrentan a grandes riesgos en Pakistán

En los últimos años, la larga tradición de los legisladores paquistaníes de suprimir la disidencia política se ha filtrado al mundo digital. El Estado ahora censura activamente contenidos en línea con el apoyo de un ejército que se niega a aceptar la crítica y una derecha religiosa que no puede tolerar ningun discurso político aparte del suyo.

Desde hace tiempo, la Autoridad de Telecomunicaciones de Pakistán (PTA, por sus siglas en inglés) ha bloqueado miles de URL [en]. Ha bajado numerosas páginas de Facebook, ha prohibido el sitio web de la revista Rolling Stone [en] por un artículo que criticaba al ejército, ha filtrado una serie de páginas web baluchis por contenido “inapropiado” y “antipatriota”, y mucho más. La PTA se ha convertido en el instrumento a través del cual la derecha religiosa, los poderes fácticos políticamente intolerantes, los militares y otros actores importantes suprimen la libertad de expresión en Pakistán.

Legalmente, es un comité interministerial de representantes electos, miembros de la fraternidad religiosa y agencias de inteligencia el que hace recomendaciones de censura. Estas se promueven a través del Ministerio de TI y luego pasan a la PTA para su aplicación. Pero a pesar de estos detalles de procedimiento, la mayoría de los críticos están de acuerdo en que el Estado utiliza la ley contra la blasfemia de Pakistán para bloquear lo que elije. Esto ha puesto al país en una pendiente resbaladiza que terminará inevitablemente en un pozo oscuro, donde el Estado controla lo que la gente escucha, habla, escribe y cómo actúa, todo con el pretexto de querer “salvarles” de contenido inapropiado. Aprendimos de sobra los peligros de este modelo en los días de los talibanes en Afganistán [en]. Pero el Estado se niega a reconocer este argumento y sigue censurando y filtrando la red.

Sin embargo, hay algunos individuos lanzando desafíos legales contra el Estado, tratando de poner fin a esta censura implacable del ciberespacio, a pesar de los riesgos que implica. Tales esfuerzos son escasos y aislados, pero dado que son el único obstáculo en la trayectoria del Gobierno hacia la censura de Internet en toda regla, tienen un valor incalculable.

Infographic by Byes4All.

Infografía por Bytes4All.

Uno de los frutos mejor conocidos del régimen de censura actual es la prohibición de YouTube [en]. Defensores de derechos lanzaron una petición [en] desafiando la prohibición ante el Tribunal Superior de Lahore, pero el caso ha progresado poco hasta el momento. El Tribunal convocó a la ministra de TI dos veces, pero ella no se presentó en ambas ocasiones. La ministra de TI Anusha Rehman es conocida entre activistas por haber insinuado que un bloqueo generalizado de Google [en] sería una opción viable para proteger a los ciudadanos de vídeos “objetables” en YouTube. Cuando su ridículo “plan” fue recibido con una reacción negativa en los medios sociales, cerró su cuenta de Twitter por completo.

Mientras tanto, varios seudo-intelectuales y expertos ungidos por el estado han asumido la tarea de desacreditar a los individuos que luchan contra la censura. Han denominado la prohibición de YouTube un “llamado divino” y han descrito a aquellos que luchan en contra como anti-islam, anti-Pakistán, pro-porno, ahmadíes, ateos, sionistas [en] y así sucesivamente, empleando las tácticas de propaganda popular de la derecha religiosa.

Además de pintar una imagen muy distorsionada de la situación, este tipo de informes pone las vidas de activistas anti-censura en peligro. Los simpatizantes de los talibanes entre nosotros son demasiado fácilmente “provocados” a la misión divina de alcanzar el cielo matando a otros. En el pasado, estas denuncias han dado lugar a incidentes de violencia contra los activistas, algunos incluso resultando en muertes [en].

Por lo general, este tipo de propaganda se extiende por varios nodos de medios sociales religiosos y luego es reforzada por programas de televisión y periódicos. Las acusaciones no son más que una amenaza velada a los activistas, diciéndoles que retrocedan o se enfrentarán a graves consecuencias. Una vez que una persona es considerada anti-islámica por cualquiera de las principales organizaciones religiosas, significa una sola cosa: la persona en cuestión está ahora en la lista negra de los militantes motivados religiosamente. Él o ella también podría enfrentarse a la venganza popular motivada por  la derecha religiosa.

Este repentino aumento de la publicidad en favor de la censura está sucediendo en un momento en que la PTA carece de argumentos válidos en el caso. De hecho, el Tribunal ha criticado a la autoridad reguladora y denunciado la absoluta incapacidad del Ministerio de TI para idear una política sensata respecto al contenido en línea. El gobierno desempeñará un papel central en la resolución de las cuestiones en torno al caso de YouTube, si así lo desea. Pero lo que muchos optan por no ver es que el gobierno dista mucho de estar dispuesto a sentarse a la mesa de negociaciones. En cambio, las instituciones del Estado crean nuevas listas de URL cada día y las bloquean de forma rutinaria, aun cuando el tema del filtrado en línea está siendo impugnado en los tribunales.

En EE.UU., las recientes revelaciones acerca de los programas de vigilancia del gobierno hicieron temblar a la Casa Blanca y han resultado en un debate público sobre las tácticas de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional y una moción del Congreso que proponía reducir sus operaciones. Aunque la moción fue rechazada por poco, demuestra que hablar en contra de la censura y la vigilancia en EE.UU. no constituye una amenaza para la vida.

En Pakistán, por otro lado, incluso el descubrimiento del software de vigilancia de masas, Netsweeper [en] y su admisión por la PTA no ha provocado nada ni a nadie. Es evidente que la mayoría de la población ha aceptado la absoluta falta de libertad personal como su destino. Los que luchan contra la censura tratan de sensibilizar a las masas para que más gente se pronuncie en contra de los esfuerzos del gobierno por vigilar a los usuarios y los contenidos en línea. Pero en este ambiente, las acciones más dañinas y desafortunadas son las de aquellos que están tratando de sabotear los esfuerzos de los activistas anti-censura. Sólo cabe esperar que cuando se escriba la historia de la libertad individual en Pakistán, sus nombres sean escritos como traidores de nuestra sociedad.

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