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Presidentes, oligarcas y potasa: la guerra comercial entre Rusia y Bielorrusia

    Kerimov se reune con  Lukashenko en marzo de 2013

Kerimov se reune con el presidente Lukashenko en marzo de 2013. Captura de pantalla de YouTube.

A primera vista, no hay mejores amigos que Rusia y Bielorrusia. Los dos países están unidos por una historia común y tienen fuertes vínculos lingüísticos y étnicos. Rusia ha subvencionado durante mucho tiempo a su vecino con gasolina y gas baratos [en], lo que ha mantenido la industria bielorrusa de la época soviética a flote. Para el presidente ruso Vladimir Putin, Bielorrusia es un eje esencial en la nueva «Unión Aduanera», un bloque geopolítico que espera convertir en una importante fuerza internacional liderada por Rusia.

A pesar de estos estrechos vínculos, Rusia y Bielorrusia han tenido desacuerdos [en] en el pasado, y es un rumor a voces que sus presidentes, Lukashenko y Putin, sienten mutua antipatía. La ocasionalmente tumultuosa relación se forzó más de lo habitual el 28 de agosto de 2013, cuando las autoridades bielorrusas arrestaron a Vladislav Baumgartner, director ejecutivo de Uralkaliy, una importante compañía minera rusa de extracción de potasa. Se le detuvo cuando llegó al país invitado por el primer ministro bielorruso. Rusia respondió cancelando algunas de sus subvenciones y prohibiendo la importación de cerdo de Bielorrusia. Pero este país no muestra signos de rectificar y ha emitido una orden internacional de busca y captura del principal accionista de Uralkaliy, Suleiman Kerimov [en], oligarca y senador de Daguestán muy relacionado con el Kremlin.

Uralkaliy ha formado parte durante años de una empresa conjunta (muchos la llamarían cártel) con Belaruskaliy, la compañía estatal de potasa. La potasa es la segunda exportación más importante de Bielorrusia, y un elemento esencial de su economía, mayoritariamente estatal. Surgieron problemas cuando el precio global de la potasa sufrió una fuerte caída y ambas compañías intentaron hacer negocios por su lado sin informar a la otra, hundiendo aún más el precio. Al final, Uralkaliy dejó unilateralmente el consorcio en julio de 2013.

Planta de potasas de Uralkali en Magadan, Rusia (CC3.0) Foto de ICT Group

Planta de potasa de Uralkali en Magadan, Rusia, 29 de junio de 2011. Foto de ICT Group CC3.0

El asunto sorprende a muchos rusos, ya que aparentemente, Bielorrusia necesita a Rusia más que a la inversa, y cualquier conato de guerra comercial podría tener graves repercusiones. Muchos consideran que la ruptura entre las dos grandes compañías de potasa es una prueba de una conspiración más profunda. En su LiveJournal, el teórico de las conspiraciones Nikolino veía la mano invisible de Putin [ru] detrás de todo el asunto.

После ареста Владислава Баумгертнера ряд экспертов высказал мнение о том, что за произошедшим в Минске стоит чуть ли не лично Владимир Путин, решивший таким образом наказать Сулеймана Керимова, входящего в «медведевский» пул олигархов… Те, кто придерживался менее радикальной точки зрения, утверждали, что даже если Путин и не сам организовал всю эту ситуацию, то он, по крайней мере, не будет слишком усердно защищать хозяев «Уралкалия».

Después del arresto de Baumgartner, numerosos expertos han expresado la opinión de que detrás de los acontecimientos de Minsk estaba nada menos que el propio Vladimir Putin, que ha decidido castigar de esta forma a Suleiman Kerimov por pertenecer al círculo de oligarcas «de Medvedev»… Los que tienen un punto de vista menos radical mantienen que incluso aunque Putin no hubiera organizado personalmente esta situación, como mínimo no va a hacer grandes esfuerzos para intentar defender a los propietarios de Uralkaliy.

Nikolino hacía referencia a un artículo [ru] de IAREX [ru], un portal de noticias ruso para expatriados de Lev Vershinin, comentarista político radicado en España, que afirma que Kerimov fue «uno de los principales patrocinadores de la campaña contra Putin entre noviembre de 2011 y marzo de 2012».

Otros argumentaron que el impulso al desacuerdo no vino de Moscú, sino de occidente. Mikhail Delyagin, académico ruso y político antiglobalización, publicó un vídeo de 20 minutos [ru], en el que declara que todo el asunto ha sido instigado por la facción «liberal» del Kremlin.

Для либерального клана, самая страшная что есть на пост-советском пространстве, это ре-интеграция этого пост-советского пространства с участием России. Не потому, что либеральному клану не нравится пост-советское пространство, а потому что этот клан обслужит интересы глобального бизнеса, которому, во первых не нужна российская федерация как что то сильное. Россия должна быть такая уже трофейная пространство как Египет или Ливия, или Сомали. Чтобы можно было осваивать малыми ресурсами.

Para el clan liberal, lo peor del espacio postsoviético es la reintegración rusa con este espacio postsoviético. No porque este clan liberal odie el espacio postsoviético, sino porque este clan sirve a los intereses de las empresas globales, que de entrada no necesitan una Rusia fuerte. Rusia debe ser un país ya vencido como Egipto o Libia o Somalia, para que puedan explotarlo con poco esfuerzo.

Delyagin siguió insistiendo en que el clan liberal de oligarcas intentaba sabotear la Unión Aduanera mostrando los desacuerdos entre el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, y Vladimir Putin.

Otros comentaristas rusos han adoptado un punto de vista más prosaico sobre este asunto. Yaroslav Romanchuk, en un blog [ru] de Ekho Moskvy, lo achacó a la ingenuidad de Baumgartner.

Владислав Баумгертнер решил поиграть с «Беларуськалием» по правилам российского рынка, по тем схемам, которые используются даже на Западе для захвата предприятий или рынков. Он не учёл, что играет не столько в корпоративную игру с «Беларуськалием», сколько политическую игру с А. Лукашенко.

Vladislav Baumgartner decidió jugar con Belaruskaliy según las reglas del mercado ruso, utilizando los esquemas que pueden emplearse incluso en occidente para apoderarse de una empresa o un mercado. No consideró que no estaba jugando a un juego corporativo con Belaruskaliy, sino a uno político con Lukashenko.

Pocos internautas sienten simpatía por Baumgartner, que se enfrenta a 10 largos años en una prisión bielorrusa por acciones que, como Romanchuk señala con razón, no se considerarían ilegales en occidente. En lugar de indignarse por los actos de Lukashenko, muchos parecen aprobarlos, viéndolos como una audaz defensa contra los oligarcas rusos, aún muy impopulares entre la gente. Quizá Kerimov sea un hombre rico y poderoso en Rusia, pero a juzgar por el asunto Uralkaliy, pocos sentirán que acabe uniéndose a Baumgartner en una celda de la prisión de Minsk.

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