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El descarrilamiento de “La Bestia”, otra tragedia en un sistema migratorio inoperante

Migrants on "la Bestia". Photo by Peter Haden on Flickr (CC BY 2.0)

Migrantes abordo de “La Bestia”. Foto de Peter Haden en Flickr (CC BY 2.0)

Este post es parte de nuestra serie sobre Latinoamérica: travesías de inmigrantes en colaboración con el Congreso Norteamericano sobre Latinoamérica (NACLA por sus siglas en inglés). Manténgase en sintonía para más artículos y podcasts.

El 25 de agosto de 2013, un tren de carga descarriló al sur de México, con al menos 250 centroamericanos a bordo, matando a 11 migrantes y lesionando a otros 18, quienes viajaban en lo alto de los vagones de carga.

Cada año, miles de centroamericanos viajan hacia la frontera norte de México en trenes de carga, con la esperanza de alcanzar la frontera estadounidense en busca de trabajo y una mejor vida. Los migrantes prefieren viajar en los trenes, para escapar de las autoridades migratorias mexicanas, quienes inspeccionan los autobuses en las zonas de control buscándolos para deportarlos.

Conocido entre los migrantes como “La Bestia”, el tren mexicano ofrece a los centroamericanos una alternativa para alcanzar los Estados Unidos, sin embargo el viaje se encuentra plagado de peligros. Las pandillas y las corruptas autoridades mexicanas merodean las líneas ferroviarias y extorsionan o secuestran a los migrantes y en muchas ocasiones los fuerzan a trabajar para los grupos delictivos.

Mientras que los descarrilamientos de la bestia son comunes, el mayor reto que tienen que enfrentar los migrantes en su paso por México, proviene de las pandillas, quienes se aprovechan de su vulnerable condición. Para la mayoría de inmigrantes centroamericanos, que en su mayoría provienen de Honduras (el país con la más alta tasa de asesinatos), la violencia relacionada con pandillas empieza antes de que abandonen su país de origen.

Durante el último año, tuve la oportunidad de ser voluntario en un refugio para migrantes en la ciudad de México. En marzo pasado recibimos a una mujer hondureña llamada Juana Morelos, quien viajaba en “La Bestia” con su hijo de 7 años. Juana dejó Honduras debido a que una pandilla local, de la cual era víctima de extorsión en su pequeña tienda, comenzó a amenazar de muerte a su familia cuando ya no pudo continuar pagándoles. Temiendo por su vida abandonó Honduras con su hijo y comenzó a abordar trenes de carga en su camino hacia los Estados Unidos.

Juana y su hijo pasaron muchos meses en la ciudad de México, tiempo durante el cual les impartí un curso rápido de inglés básico, antes que ella y su hijo continuaran su peligroso viaje hacia Texas. Cuando Juana alcanzó por fin la frontera estadounidense, en el refugio recibimos noticias acerca de su intento de cruzar con un “coyote” (traficante que ayuda a los migrantes a cruzar ilegalmente la frontera) siendo deportada. En ese momento me preocupé, pero cuando me enteré que llegó a la frontera, donde el riesgo de secuestro incrementa, me aterroricé.

Juana llegó a la frontera dos meses después que los senadores de la “Pandilla de los 8″ presentaran su propuesta de una nueva y más completa reforma migratoria, la cual fué aprobada por el Senado en junio pasado, que incluye el incremento de 3,500 agentes fronterizos y un fondo de 4,500 millones de dólares para implementar nuevos sistemas de vigilancia, adquirir drones aéreos y la construcción de nuevas cercas a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos. En lugar de enfocarse en las razones por las cuales Juana y los cientos de migrantes, a bordo del tren que descarriló, migran hacia el norte a los Estados Unidos, la reforma migratoria les cierra las puertas en su intento por erradicar la violencia causada por el consumo de drogas en los Estados Unidos.

La actual reforma migratoria tiene un gran parecido con la ley de reforma de inmigración y control de 1986 (IRCA por sus siglas en inglés) [en], la cual legalizó a casi tres millones de indocumentados en los Estados Unidos y quintuplicó el número de agentes fronterizos incrementándolo a casi 22,000. Al día de hoy, un estimado de 11 millones de personas viven de forma ilegal en los Estados Unidos lo que significa que la IRCA hizo poco para solucionar la problemática de fondo y las razones fundamentales del tema migratorio.

Este año, mientras visitaba un pequeño pueblo en el Estado de Querétaro, en la región central de México, conocí a un hombre de 81 años llamado José Ramírez, quien obtuvo la ciudadanía estadounidense gracias al IRCA. Cuando era jóven, Ramírez pasaba medio año trabajando en una granja en los Estados Unidos y regresaba a casa para visitar a su esposa e hijos. Cuando el cruzar la frontera se volvió más caro y peligroso, Ramírez ya no podía regresar tan a menudo, así que decidió reubicar a su familia en Florida. El incremento de la seguridad en la frontera, durante la última mitad del siglo pasado, la cual se suponía tendría que mantener a personas como Ramírez fuera de los Estados Unidos, se convirtió en la razón principal para mudar a su familia a Florida.

Mientras que, es un hecho que mucha gente de México y Centro América, ingresa a los Estados Unidos sin autorización y se asienta de forma permanente, eso no significa que quieran hacerlo. Tal como la mayoría de hombres y mujeres de los pueblos pequeños de Estados Unidos, los migrantes latinoamericanos a menudo provienen de zonas rurales donde el hogar y la familia son muy valorados. Si a la mayoría de habitantes de las zonas rurales de América se les ofreciera un trabajo que les pagara 7 veces su ingreso actual, pero que significara reubicarse en un país extranjero, con diferente idioma y arriesgar su vida caminando a través de un desierto, la mayoría probablemente optaría por quedarse en su casa. Pero para personas como Juana Morelos, la falta de oportunidades económicas y la violencia causada por el narcotráfico a menudo los dejan sin opciones.

El incremento de la seguridad en la frontera sur mantendrá a los futuros inmigrantes fuera del país, pero no los desalentará a tratar de ingresar. Durante mi investigación, acerca de la migración en México durante el último año, conocí a muchos mexicanos que trabajaron por décadas en los Estados Unidos con papeles falsos, únicamente para ahorrar algo de dinero, comprar un terreno y empezar un negocio en sus lugares de origen. Que pasaría si en lugar de invertir miles de millones de dólares en drones y cercas, utilizáramos algo de ese dinero para que, en conjunto con el gobierno mexicano se creara un programa de créditos para estos futuros empresarios, para empezar pequeños negocios y emplear a sus vecinos.

Una verdadera reforma, debería incluir un plan para disminuir la violencia en Centroamérica, la cual fuerza a la población a migrar. Honduras y El Salvador, actualmente tienen las tasas más altas de asesinatos en el mundo. Esta violencia es causada principalmente por los cárteles que han utilizado a Centroamérica como paso de drogas hacia los Estados Unidos.

Las fotografías de migrantes parados a un lado del tren volteado, en el sitio del descarrilamiento de “La Bestia”, significan una historia fácil para los medios de comunicación, que buscan atraer la atención de sus lectores y espectadores. Pero el accidente ferroviario, representa solo una parte de una larga cadena de hechos violentos y del creciente riesgo que acompaña a los migrantes en el trayecto de Centroamérica a la frontera de los Estados Unidos. Es un asunto, que muchos políticos estadounidenses intentan resolver militarizando la frontera sur, pero al igual que cuando la IRCA se convirtió en ley, hace 25 años, el problema real debe ser enfrentado más allá de la frontera sur.

Muchos días después de que Juana fuera deportada, ella y su hijo trataron nuevamente de cruzar la frontera estadounidense. De regreso, en el refugio en la Ciudad de México, un pariente de Juana me comentó que esta vez llegaron a salvo a Houston.

Mientras el congreso se prepara para votar la reforma migratoria en algunos meses, miles de migrantes como Juana y su hijo, continúan intentando ingresar a Estados Unidos con la ayuda de traficantes. Si el actual proyecto de reforma es aprobado en el congreso, ofrecerá la ciudadanía únicamente a inmigrantes que hayan ingresado hasta el año 2011. Sin un cambio de enfoque, sobre cómo nuestro país aborda el tema de la inmigración en el futuro, el descarrilamiento de la bestia continuará siendo una pequeña parte de una tragedia mucho mayor y Juana y su hijo se convertirán en la siguiente generación de migrantes indocumentados, forzados a vivir entre las sombras.

Algunos nombres fueron cambiados para proteger las identidades de los involucrados.

Levi Bridges es periodista y un brillante académico asentado en la Ciudad de México. Escribe en www.bridgesandborders.com [en] y tuitea en @levi_bridges [en].

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