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#OccupyMyself: confesiones de una desertora de las Redes Sociales

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“Me sentía cansada y ansiosa: era adicta al social media.” Foto: Wm. Li (CC BY-NC-ND 2.0)

El pasado mes de septiembre, no habría sabido del Social Media Week sin la venida de Rayna [en], una colega de Global Voices. Parece ser un evento internacional tan importante que cualquiera que trabaje para Global Voices debe saber del mismo. Pero yo no: soy una desertora del social media.

Primero, abandoné Twitter. Después de un período intenso de uso durante las elecciones nacionales de Brasil en 2010, estaba agotada. ¿Fue lo que llaman sobrecarga de información? Además de estar físicamente cansada, darme cuenta que no podía estar en el tope de todo me hizo sentir sin poder también. Era adicta a la energía y movimiento de las redes sociales. Para principios de 2011, me había ido por completo.

Despues de experimentar síntomas de abstinencia que me causaron mirar sin cesar a la página de login, me comencé a sentir mejor. Repentinamente tenía más tiempo y energía para hacer cosas que me gustaba hacer, como leer libros y cosas que deseaba lograr, como aprender a meditar.

Dejar Facebook fue una decisión de más consideración. Después de Twitter, se había convertido en el único hoyo negro que absorbía mi tiempo. Como estaba por empezar un curso intensivo sobre Psychosynthesis [en] más un nuevo grado universitario, mi tiempo libre era muy costoso, mi atención demasiado valiosa. Sabía que Facebook tenía la habilidad de distraerme y quitar mi foco de mi ser interior, por lo que establecí mi fecha de salida antes de 2012 y dije adiós a los pocos amigos que aún veían mis actualizaciones en sus -cada vez más ocupadas- líneas de tiempo. Desactivé mi cuenta calladamente, a sabiendas que tiendo a la adicción y que era esto, no las herramientas, la raíz de mi problema.

Extraño ver las fotos de los nuevos bebés de mis amigos y de gatitos, invitaciones a fiestas, eventos interesantes y actualizaciones diarias sobre la gente que aprecio. No extraño las invitaciones a juegos, memes o el bombardeo de las propagandas. Como ventaja, soy ahora más selectiva con la información que consumo, la fuente primaria de mis pensamientos. Me entristece que pocos amigos me envían notas o fotos por otros medios y admito que no soy tan buena tampoco para mantener el contacto. 

Extraño el sentirme conectada, pero la verdad sea dicha: cuando encuentro a la gente y tengo uno de esos momentos “¿No-lo-viste-en-Facebook?” donde me sorprendo con noticias viejas que todo el mundo ha visto en sus líneas de tiempo, usualmente dicen “oh, no me había dado cuenta que te habías ido”. ¿Es esto estar en contacto con otros de una forma significativa?

No extraño Twitter o Facebook, pero confieso que creé un cuenta “falsa” para promover una causa el año pasado, terminé usándola para seguir el embarazo de mi amiga e hice contacto con nuestro círculo común de 10 amigos. Soy, sin embargo, una integrante silenciosa de su audiencia, no dispuesta a ser públicamente íntima en mis propias publicaciones. Fui obligada a unirme a Google Plus porque varios de mis colegas han empezado a usar los Hangouts en vez de Skype. Y abrí una cuenta Twitter para un servicio que estaba ofreciendo [en], pero la encontré insoportable. Sentí que gritaba en medio de una calle llena de gente vociferente. Ensordecedora y fastidiosa. Regresé rápidamente a mi etiqueta interna, #occupymyself.

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“Un día, decidí liberarme.” Foto por Eric Hacke (CC BY-NC 2.0)

¿Regresaré alguna vez a las redes sociales? No lo sé. Extraño a mis viejos amigos. Extraño conocer a gente con ideas similares, como @giantpandinha [en], una de mis mejores amigas “de la vida real”, a quien no habría conocido si no fuera por Twitter. Extraño reírme a veces con un post al azar. Todavía hay una voz pequeña que me dice lo que estoy perdiendo. A veces considero regresar, pero quizás esperaré hasta que termine la universidad y tenga más tiempo. Para ese entonces, espero que existan herramientas de social media que faciliten las conexiones más concientes.

Para entonces, cuando tenga más tiempo, preferiré hacer yoga, el jardín, explorar la naturaleza u otras de las cosas en mi lista de por-hacer en la vida. Disfruto el tiempo fuera de línea después de permanecer días completos conectada. Todavía permanezco más tiempo frente a las computadoras del que quisiera y he leído menos libros de los que esperaba, pero es maravilloso meditar todos los días y explorar mi precioso espacio interior, en vez de distraerme con otros. Tener más tiempo para mi misma es el cambio más profundo en mi vida desde que me liberé del social media.

Me encanta el hecho de que cuando estoy afuera en el mundo, no siento más la compulsión de verificar, leer, publicar, reportar, compartir o medir mi relevancia en retuits o “likes”. Pongo más atención a lo que la gente dice y puedo enfocarme totalmente en lo que estoy experimentando. Libre de distracción externa, puedo conectarme mejor conmigo misma.

No contenta con estar libre del social media, me registré en un retiro Vipassana silencioso en las próximas semanas, donde estaré 10 días sin hacer otra cosa que sentarme y meditar entre las 4 am a las 9 pm. ¡Reto a mis amigos del social media a hacer eso por siquiera 10 minutos!

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“¡Ahora soy zen!” Foto de Evan Lovely (CC BY 2.0)

Paula Góes, de Brasil, es una adicta reformada a las redes sociales y la Editora Multilingüe de Global Voices.

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