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El gran terremoto de Lima en 1746

Lima en su esplendor barroco a finales del siglo XVII. Imagen tomada del blog de Juan Luis Orrego Penagos.

Lima en su esplendor barroco a finales del siglo XVII. Imagen tomada del blog de Juan Luis Orrego Penagos.

El 28 de octubre de 1746 la ciudad de Lima fue sacudida por uno de los terremotos más fuertes de su historia. Aunque en esa época no existían registros ni mediciones científicas de los terremotos, por las descripciones que han llegado hasta nuestros días y los daños causados, se calcula que el terremoto tuvo una magnitud de 9 Mw.

El historiador Juan Jose Pacheco Ibarra publicó el año pasado en su blog Rincón de historia peruana un artículo documentado con fuentes de la época.

Se dice que las 4 de la tarde se levantó un viento caliente del nordeste, aparecieron nubes parduscas y densas.
 
Era el viernes 28 de octubre de 1746, día de los Santos apóstoles San Simón y Judas, era una noche de luna llena.
 
A las diez y media de la noche se inició un gran terremoto que destruyó la ciudad de Lima y ocasionó un maremoto en el Callao. El sismo duró entre tres y seis minutos.

Pacheco prosigue con una relación de daños en la ciudad:

Luego del terremoto en Lima solo quedaron en pie 25 casas de las tres mil que existieron. Todo se destruyó. Los edificios más importantes también fueron severamente afectados. El palacio del virrey, la catedral perdió una de sus torres que cayó sobre la bóveda de la iglesia destruyéndola. El local de la inquisición y la universidad de Lima (NdE: Universidad de San Marcos) quedaron severamente afectados.
 
Las iglesias de San Agustín, La Merced y San Pablo donde cayeron las dos torres también fueron seriamente dañadas.
 
Varios sectores de la muralla de Lima fueron destruidos. Algunos baluartes que quedaron en pie fueron usados como refugio de la población frente a las réplicas.
 
En el hospital de Santa Ana 60 enfermos fueron sepultados por los techos mientras permanecían en sus camas.
 
El convento del Carmen bajo sepultó a varias monjas.
 
El famoso arco triunfal que se encontraba a la entrada del puente de piedra fue afectado por el sismo, la escultura ecuestre de Carlos V cayó al suelo y se destruyó.

Percy Taira en el blog Expediente Oculto reproduce partes de una crónica escrita por el padre Pedro Lozano, de la Compañía de Jesús, quien fue testigo del terremoto y narra la gran destrucción en Lima, y añade información sobre el tsunami que luego del terremoto asoló el Callao:

Pero fue incomparablemente mayor el daño en el Puerto del Callao, donde en la misma hora se sintió el terremoto sumamente violento. Resistieron á su primer ataque algunas torres, y una parte de las murallas; pero media hora después, comenzando los habitantes á respirar y recobrarse, se entumeció el mar, se elevó á una prodijiosa [sic] altura y se precipitó con horrible estruendo sobre la tierra, sumergiendo los mas grandes Navios, que se hallaban en el puerto; y elevando algunos por encima de las murallas y torres, los llevó á varar mas adelante de la población (…) No se distingue el lugar donde estuvo la ciudad, sino por las dos grandes puertas y algunos grandes lienzos de la muralla, que todavía subsisten

El también historiador Juan Luis Orrego Penagos comenta el impacto que tuvo este terremoto en la arquitectura de Lima:

las mejores joyas arquitectónicas de Lima se desintegraron; asimismo, tanto los edificios reconstruidos como los nuevos perdieron la elegancia y boato que mostraban los desaparecidos. En el futuro, como lección del siniestro, se empleó a gran escala el adobe, la quincha y los materiales ligeros, en reemplazo de la piedra, el ladrillo y los “materiales nobles”.

Y también el terremoto tuvo efecto en las costumbres de la ciudad virreynal, donde según un trabajo de la historiadora Scarlet O’Phelan, era creencia popular que el terremoto se había producido por ofensas que los limeños practicaban, entre ellas injusticias contra los pobres, la codicia y la usura, la lujuria y la vanidad de las mujeres con sus escandalosos vestidos.

En efecto, la iglesia sugirió que la moda francesa femenina de pronunciados escotes, mangas cada vez más cortas y faldas a la altura del tobillo, habían provocado la ira divina, materializada en el movimiento telúrico. La insinuante moda francesa había sido adoptada por las clases altas, pero también por los sectores populares.

En el blog Terremotos en la historia del Perú, señalan la relación de este terremoto con el culto al Señor de los Milagros, que aunque tiene orígenes indígenas en su similitud con el culto al Señor de Pachacamac, durante la colonia fue asimilado por los esclavos negros y hecho suyo. En el blog señalan que el terremoto “no solo resquebrajó los cimientos de las edificaciones limeñas sino que también las bases políticas, puesto que la población negra se alzo en revueltas y saqueos que alteraron el orden social, ya que este castigo de la naturaleza era interpretado como el augurio de la caída del virreinato”.

“En octubre de 1747 se celebraron en la ciudad de Lima una serio de actos religiosos, entre los que destaco la procesión del Señor de los Milagros. Esta imagen recorrió por primera vez las calles de la ciudad durante cinco días. Es evidente que la procesión se ligó directamente por recuperar el orden público (…)” Rosas 2005:109

Esta acción tuvo buenos resultados para el gobierno ya calmo en cierta medida los ánimos entre la población revoltosa, además de convertirse el mes de octubre en una ocasión especial en donde se refuerza y recuerda los movimientos sísmicos en una estrecha vinculación a las relaciones sociales, tal y como lo vivimos en nuestros días.

Cabe añadir que efectivamente hasta hoy todos los 28 de octubre sale en procesión el Señor de los Milagros por las calles de Lima.

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Virrey José Antonio Manso de Velasco. Acá al lado de la Catedral de Lima en proceso de reconstrucción. Por su gran labor recibiría el título de “Conde de Superunda”. Imagen tomada del blog Rincón de Historia Peruana.

La reconstrucción de Lima tomó años, y en gran medida se debe a los esfuerzos del virrey Manso de Velasco, conocido luego como Conde de Superunda. Juan Jose Pacheco Ibarra comenta:

El virrey Manso de Velasco actuó de manera casi inmediata comisionando a los empleados de limpieza y la cofradía de la caridad para dar sepultura a las víctimas […además] organizó la reconstrucción de los canales de agua, de los hornos de pan, la limpieza de escombros de las calles y de los caminos y la reconstrucción del palacio de los virreyes y la catedral.

Información complementaria se puede encontrar en el blog de José Antonio Benito, quien publica una entrevista al historiador norteamericano Charles Walker, con motivo de su libro “Colonialismo en Ruinas: Lima frente al terremoto y tsunami de 1746″. La presentación del libro se puede ver en este video en YouTube.

Post originalmente publicado en el blog Globalizado de Juan Arellano.

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