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La multitud en la máquina

¿Cómo debemos actuar ante la marejada de imágenes y opiniones que transitan en Internet, y cómo debemos interpretarlas? En nuestras mentes, los detalles de tal material se contradicen y son agobiantes. En Internet, decimos, nuestra atención se vuelve menor, pero nuestra memoria mejora. Y aunado a eso, cuando desactivo mi wifi, me quito las gafas, y enfrento el parpadeo y zumbido de imágenes que atraviesan mi memoria degradada, sé que el recuerdo de Internet será tan parcial como el mío. Pero, me parece, fallará de manera diferente.

Las memorias humanas medias vidas. Recuerdo haber visto hace algunos años un video de dos pandillas rusas de fútbol enfrentándose en un puente. Camisas rojas contra azules, golpes y patadas perversas, alguien cayó al agua, la ida y venida de de caras y cuerpos con aspecto borroso, todo grabado por una mano temblorosa en un balcón de donde se apreciaba la escena. Yo solía vivir en Rusia, y he estado en esos balcones; pude haber sido yo el que estaba parado en esa losa de concreto, la cámara en una mano, y una botella de una fuerte cerveza Baltika en la otra.

Cuando Internet pierde imágenes desaparecen para siempre, remplazados por una pantalla estática y un epitafio: este video ya no existe. Nuestro recuerdo orgánico puede conjeturar palabras claves como: pandilla, hooligan, multitud, Kiev, o podemos intentar una búsqueda booleana de: pelea con cuchillos + Rusia + fútbol. Podría sobrevivir en alguna captura de pantalla, o catalogada bajo nuevos metadatos, pero enlace roto es una suerte igualmente probable. Salvo rigurosas anotaciones y esperar que la compañía que creó esa herramienta en la que reuniste tus anotaciones pueda sobrevivir la última adquisición corporativa, estás perdido.

Existen imágenes de multitudes, y existe también una multitud de imágenes en la red. No son la misma cosa, pero en nuestras cabezas, y con el transcurso temporal de una búsqueda en Internet, se mezclan en algo parecido a la fragilidad y confusión que sentimos cuando nos encontramos en una gigante e impredecible multitud. En el siglo XIX, una emergente literatura de ciencia social consideraba a las multitudes monstruosas, indomables, hogar para el desorden de la psique humana y una amenaza al Estado y la Nación.

Los pensadores del siglo XX absorbieron la enseñanza y la idea de las multitudes retuvo una oscura equivalencia con violencia en masa. El escritor Bill Buford se sumergió en la subcultura europea de los hooligans del fútbol en los años 80 analizando la creación y mantenimiento de las multitudes, encontrando que eran razones complejas pero reconocibles, con patrones definidos, claros umbrales de comportamiento y marcadores que indicaban un cambio hacia la violencia. En su libro, Entre los matones [en], ayudó a romper la presunción de que las multitudes estaban formadas por algo inherentemente desconocido e incontrolable y las colocó adecuadamente en el marco racional del comportamiento humano.

Buford "Among the Thugs"

Internet, al reubicar a las multitudes en las redes, nos ha mostrado que los comportamientos en masa son de hecho creados por cientos de decisiones individuales, con patrones resultantes que pueden ser complejos pero mesurables. Si una multitud en la calle se comunica entre ellos mediante sonidos, movimiento y acción -un ladrillo que atraviesa una ventana, una línea de defensa policíaca que corre- entonces una multitud en red tiene circuitos de retroalimentación que son transparentes para todo aquel que monitoree la red y que sepa que esos circuitos dan una alimentación contínua y directa a nuestro comportamiento. Esto ha hecho posible que imaginemos a las multitudes de una forma sumamente distinta. No solamente la sabiduría de la multitud, si no las multitudes inteligentes (smart mobs), mapeadores de crisis e incluso, en el lenguaje del trabajo bajo demanda, crowd flowers [en].

Las multitudes inteligentes no son, por supuesto, necesariamente multitudes bien intencionadas. El campo de pruebas para los comportamientos de las multitudes que es Tahrir Square, nos ha mostrado todo desde la vigilia pacífica hasta la violación como táctica de terror. No se eliminan la una a la otra, si no que coexisten ambas dentro de nuestro creciente entendimiento sobre los complejos comportamientos de las multitudes. Tahrir también se ha convertido en el paradigma de una multitud que simultáneamente actúa y se documenta a si misma como parte de su acción, creando su propio monitoreo de sus circuitos de retroalimentación en Twitter, Flickr, Facebook y Bambuser.

Broken plastic chairs in stadium, after a football game. Bryansk, Russia, 2008. Source: Wikimedia, Creative Commons 3.0 license.

Sillas de plástico rotas en un estadio luego de un partido de fútbol. Bryansk, Rusia, 2008. Fuente: Wikimedia, licencia Creative Commons 3.0.

Es en el caso de Siria que nos encontramos de regreso en el inestable campo de análisis de la multitud como amenaza extra-racional. Esta ocasión, es la multitud de imágenes de violencia y protesta en Internet, alrededor de 500,000 videos han sido cargados solamente a Youtube. Desde los medios masivos [en] llega un continuo latido de miedo asociado a una carencia de contexto y explicación sobre estas imágenes, como si la falta de contexto constituyera un peligro. Aquí también encontramos un luto peligroso por la pérdida de imágenes iconicas hechas por heroicos y confiables documentalistas. Estos videos, incluso cuando se encuentran dentro de un definido marco de red – términos de servicio al usuario de Youtube, conexión a Internet requerida, nombre de usuario y sustento legal y tecnológico- de alguna manera han adquirido un aspecto de lo desconocido o nos es vendido como tal.

La consecuencia de esto es sutil pero significativa: degrada la autoridad y el impacto en aquellos que hacen y cargan los archivos a la red, y pide que, ridiculizándolos, reasignemos legitimidad a lo emitido por los medios y los gobiernos. Estos videos inspiran burla, y me parece, que esto ocurre primordialmente porque son fragmentos complejos de narrativas. Confunden porque demuestran la posibilidad de mucha competencia por posiciones de poder, y bloquean una resolución satisfactoria para aquellos que buscan una clara narrativa, tanto en los medios como en el gobierno. Negar su autoridad es llevar nuestra atención fuera de los individuos involucrados, y sus motivos para crear y compartir sus experiencias.

Esto está perfectamente ejemplificado por este video de un ciudadano sirio, Zaid Abu Obaida. El video muestra a un helicóptero sobrevolando mientras Obaida lo captura, y explica sus motivos para documentarlo: “estamos tratando de derribarlo a través de los medios enviando imágenes a los canales de televisión con nuestro sencillo equipo… no tenemos nada si no estas armas.” Obaida fue asesinado hace unos días. Este video es otro epitafio. 

Ivan Sigal es director ejecutivo de Global Voices. Antes de trabajar con GV trabajó en el desarrollo de medios en la antigua Unión Sovietica y Asia. También es fotógrafo—su libro Carretera Blanca, publicado en 2012, contiene crónicas en texto y fotos sobre su viaje por los antiguos estados sovieticos.

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