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La hilaridad del asesinato entre los rusos

Alexey Navalny (left) and Irina Yarovaya (right). Images from Wikimedia commons.

Alexey Navalny (izquierda) e Irina Yarovaya (derecha). Imágenes de Wikimedia commons.

¿Dónde se traza la línea entre una broma y una amenaza de muerte? Esa pregunta ha estado en la mente de los rusos esta semana, después del controvertido tuit [ru] del famoso bloguero y líder de la oposición Alexey Navalny, quien describió el asesinato [ru] de un juez en Ucrania como una “tarjeta de saludo” a los jueces en Rusia. La víctima del asesinato, Aleksandr Lobodenko, fue responsable de sentenciar a varios manifestantes condenados por disturbios en la región de Poltava en Ucrania, lo que llevo a la policía a creer que el asesinato tenía una motivación política.

La diputada de la Duma Irina Yarovaya rápidamente tildó [ru] el tuit de Navalny de “extremista,” interpretándolo literalmente. El mensaje de Navalny, aseguró, “no sólo se burla de la muerte de un hombre, sino que transmite una actitud positiva hacia el asesinato”. Otros funcionarios del estado enseguida se metieron en la conversación. Kirill Kabanov, un miembro del Consejo presidencial para los derechos humanos, insinuó que cree que Navalny estaba bromeando, pero advirtió que algunos de sus lectores podrían malinterpretarlo pues dijo que “Navalny tiene un gran grupo de fanáticos, que no siempre son imparciales, y algunos de ellos podrían verlo (el tuit) como un llamado a la acción”. Georgy Fedorov, un miembro de la Cámara cívica de Rusia, acusó [ru] a Navalny de ser un rufián disfrazado de activista, calificando el tuit de “temerario” y “retorcido”.

Un día después de su tuit sobre la “tarjeta de saludo”, Navalny respondió [ru] a las reacciones negativas, dirigiéndose sólo a Yarovaya. Cambiando de tema completamente, arremetió contra Yarovaya por esconder tras el nombre de su hija un lujoso apartamento en Moscú. De hecho, Navalny blogueó por primera vez sobre el alojamiento secreto hace casi un año, en marzo de 2013, cuando volvió a publicar [ru] los hallazgos hechos por un periódico de tendencia opositora. En ese momento, Yarovaya negó la acusación calificándola de “sucia insinuación”. Esta semana, Navalny presentó en su blog una copia del título inmobiliario a nombre de la hija de Yarovaya de un apartamento de cuatro habitaciones en una zona elegante de Moscú.

Navalny se ofreció a borrar su tuit sobre el asesinato del juez ucraniano si Yarovaya aclara cómo su hija, de 18 años de edad, pudo comprar una propiedad con valor estimado de tres millones de dólares. Cómicamente decidido, Navalny incluso se ofreció, en el caso de que Yarovaya dé una explicación, a componer un nuevo tuit  “llamando a la gente a nunca asesinar jueces sobornables o diputados corruptos”.

El sarcasmo de Navalny siempre ha sido una gran característica de su imagen pública. Sobre todo antes de convertirse en una figura importante de la oposición política, la imagen pública de Navalny estaba principalmente asociada con su blogueo. Aunque últimamente raras veces responde a los comentarios en LiveJournal, y sus publicaciones en el blog contienen más información que opinión, la voz de Navalny en la red es todavía consistentemente sarcástica y desdeñosa. Esto no significa que sea más malicioso que la mayoría que usa Internet, pero los modales de Navalny claramente marcan el estilo del bloguero.

¿De qué otra manera podríamos explicar porqué Navalny considera apropiado publicar una broma de amenaza de muerte a los jueces de Rusia? En un año que ha comenzado con severas reacciones de las autoridades en respuesta a “declaraciones ofensivas”, Navalny está claramente promocionando su audacia de poner a prueba los límites de la libertad de expresión. Otros en Rusia han respondido con una determinación similar (o testarudez, dependiendo del punto de vista), cuando son acusados de hablar de manera irresponsable. TV Rain pudo haberse disculpado y cancelado un programa, luego de que recibiera terribles ataques por una encuesta sobre el abandono de Leningrado a los nazis, pero la directiva de la estación se negó a despedir a nadie. Victor Shenderovich, quien enfureció a muchos por señalar molestas similitudes entre Rusia y fascistas olímpicos, se ha mantenido firme defendiéndose de los críticos que dicen que se ha pasado de la raya.

Navalny bien puede pensar que está respaldando a la acosada y asediada sociedad civil del país. Su manera de oponer resistencia—transformando el asesinato de un hombre en una burla a los ciertamente odiados jueces rusos— puede haber sido de mal gusto, pero Navalny está lejos de ser el único miembro de la oposición que ha aludido a las posibilidades de un malestar semejante al ucraniano en Rusia. El asumir esta postura con una broma, sin embargo (y negarse a defenderla directamente), sugiere que Navalny y su generación todavía tienen que madurar.

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