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Trinidad y Tobago: Estrellas de soca cantan contra el amor

De acuerdo a la publicidad, la primera figura del concierto de San Valentín en Puerto España, Trinidad, fue la estrella de música soca Bunji Garlin. Pero eso puede que sea, más que nada, una estrategia de marketing. Garlin es el niño mimado del momento en la escena musical de Trinidad y Tobago, tras ganar los premios Soul Train [en] y MTV Iggy [en] por su canción “Differentology” [en] (2013).

El verdadero centro moral del concierto, si así se lo puede llamar, fue el cantante estadounidense de R&B Peabo Bryson, quien se hizo conocido en los '80 por baladas como “If Ever You're In My Arms Again”, “Tonight I Celebrate My Love” y la canción de la película de Disney “la Bella y la Bestia”. A diferencia de Bryson, el resto de los intérpretes en la lista —todos artistas de soca— tendrán que excavar en sus repertorios para poder encontrar una canción que se adecue a los valores que San Valentín representa. Quien quizás tenga que realizar el menor esfuerzo es Mr. Killa, el cantante granadino cuya canción de este año es un tributo a las mujeres de talla grande llamado “Rolly Polly Girls” [en] (chicas gorditas).

Se podría decir que San Valentín tiene la culpa, por coincidir con el festival más querido por los trinitenses. El Carnaval de Trinidad y Tobago posiblemente es, después del de Brasil, el espectáculo previo a la cuaresma más distinguido del mundo. Es un período en el que la moral convencional le cede el lugar a expresiones espontáneas de la clase de conductas rechazadas por religiosos y otros defensores del alma humana.

En el último siglo hubo solo 23 años en los que no se superpusieron estas dos festividades. Este año, los dos días oficiales de Carnaval son 3 y 4 de marzo, pero ya desde la semana siguiente a navidad el país ha estado sumergido en una euforia por la celebración. En contraste con un índice de criminalidad ascendente (en un país de 1.400.000 habitantes ha habido más de 60 homicidios desde el inicio de 2014), la gente festeja como si nada. Excepto por guerras mundiales (el festival fue suspendido de 1942 a 1945) y por epidemias (polio en 1972), nada interrumpe el Carnaval.

Esa noche, los trinitenses viven San Valentín de la misma manera que el resto del mundo: flores y chocolates enviados y recibidos, y los restaurantes se llenan de parejas cenando. Pero el 15 de febrero, las reglas del Carnaval se imponen una vez más. Y los valores de San Valentín y las reglas del Carnaval son tan incompatibles como un ariano y un capricorniano.

Durante los primeros dos o tres meses de cualquier año, además de festejar y tomar más de lo recomendado, los trinitenses a menudo se encontrarán a si mismos bailando de manera sugestiva —con un estilo de baile llamado “wining”— con mujeres y hombres con quien no tienen ninguna relación romántica o a largo plazo en particular. O a veces ninguna relación de cualquier tipo: como cantó Farmer Nappy el año pasado, “Bailar con un extraño… no tiene nada de malo” [en]. Estas interacciones no son siempre inocentes, pero en contra de las apariencias, y por más difícil que le resulte comprender al novio europeo de mi amiga, la mayoría de las veces solo se trata de bailar.

El estilo de música que genera estas payasadas es la soca, el sucesor moderno del calipso. Durante la temporada de Carnaval, la soca se convierte en la banda sonora de la vida de una gran franja de la población, sonando con estridencia en radios, estereos de autos y torres de altoparlantes en una serie de fiestas interminables, propagándose como si fuera la palabra del señor.

“Salgo para vivir mi vida/Tomar ron y vivir mi vida/Soy el hombre más feliz,” canta Machel Montano en “Happiest Man Alive” [en], un himno que básicamente resume uno de los aspectos de los valores del Carnaval. En las fiestas, los DJ's suelen mezclar la canción de Montano con “Behaving The Worst” [en] de Skinny Fabulous, con la cual comparte el ritmo. En uno de los hits del 2012, el cantante KI le dio voz a una fantasía masculina clave en la más reciente canción anti-amor, “Single Forever” [en], la cual enumeraba las virtudes de estar soltero. 

Con letras como las de más arriba, es obvio que la soca y el Carnaval tienen el potencial para causar estragos en las relaciones íntimas, especialmente entre aquellos sin experiencia en la manera en la que funciona la cultura. Durante la temporada de Carnaval, uno se aferra fuertemente a la idea —o a la apariencia— de monogamia a propio riesgo. Algunas parejas ingeniosas negocian un conjunto de reglas básicas que acuerdan en términos generales que durante la temporada de carnaval (casi) todo vale, siempre y cuando la vida vuelva a la normalidad en el Miércoles de cenizas.

Ya que, como todo el mundo sabe, el autor de los comportamientos inducidos por el Carnaval, no debe ser culpado: de acuerdo al mundo de la soca, los humanos no tienen fuerza frente a los ritmos contagiosos, los cuerpos danzantes y el ron.

Este año hay muchas canciones que le echan la culpa al ritmo opresor del bajo o a las nalgas de la mujer (“bumper” en el dialecto soca), cuya presencia instantáneamente le quita la capacidad de libre albedrío al hombre promedio. “Cuando el ritmo te toca/Te pones “wassy” de verdad” [en] canta Machel Montano en “Shameless”. “Wassy” es un término que abarca un gran rango de conductas imprudentes. “Esas nalgas son muy reales” canta [en] un indefenso Kerwin du Bois en “Too Real”. “Quiero bailar, pero parece peligroso/Y solo quiero hacerlo contigo”.

Lo más cercano a una canción romántica soca puede que sea “Man in Yuh House” [en] de Cassi, en donde el protagonista desea ser elevado de la condición de amante a pareja oficial: “Quiero ser el hombre en tu hogar/Y no sólo tu amante/Quiero sacarte a pasear/Como un hombre normal/esta noche no me esconderé/Me liberaré/Para que tu hombre me vea”. Un hermoso sentimiento, pero puede que igual no forme parte de la lista de reproducción de San Valentín de nadie.

Georgia Popplewell (@georgiap) es escritora y productora de medios de Trinidad y Tobago, y Directora General de Global Voices.

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