#AB14: Si digo lo que pienso ¿seré castigado por hacerlo?

Empty chairs at the Arab Bloggers Meeting. Each post-it bears the name of a colleague currently in prison or missing. Photo by Hisham Almiraat via Flickr (CC BY-NC-SA 2.0)

Sillas vacías en el Encuentro de Blogueros Árabes. Cada nota adhesiva lleva el nombre de un colega actualmente en prisión o desaparecido. Foto por Hisham Almiraat vía Flickr (CC BY-NC-SA 2.0)

Este artículo fue escrito como parte de una colaboración con Global Post [en].

Cuando sabemos que nos vigilan constantemente, ¿qué pasa con nuestro derecho a la libertad de expresión?

Esta fue la pregunta en el centro de un vivo debate en el IV Encuentro de Blogueros Árabes [ar/en], una reciente reunión ─en la que participé─ de blogueros, activistas y académicos de toda la región árabe en Ammán, Jordania.

Claramente extraído del feroz discurso que ha abrumado el mundo de las políticas de Internet desde que las primeras filtraciones de Snowden estallaron el pasado junio, el tema del debate fue provocador: “La censura ya no importa ─ la vigilancia es el verdadero problema”.

El grupo se reunió para discutir los nuevos paradigmas políticos y retos a los que se enfrentan los activistas digitales y blogueros, sobre todo en la región de Medio Oriente y Norte de África, tres años después del inicio de las revueltas árabes.

Dos expertos en seguridad dijeron que imaginaban un futuro Internet donde gran parte de la comunicación ocurre de forma privada (a través de canales cifrados) y el uso de seudónimos se convierte en norma. Si no podemos derrotar a la vigilancia, hay que eludirla, argumentaron. Porque mientras estés vigilado, no puedes ser libre.

Pero este argumento no tuvo resonancia con la audiencia, como podría tener en Occidente. La censura es un problema muy real en la región árabe, especialmente en países donde los medios de comunicación independientes están amenazados y en gran medida dependen de la red para dar a conocer sus historias.

Las revueltas árabes de 2011 demostraron que los sitios de noticias y los medios sociales pueden cambiar lo que la gente cree y cómo interactúan con sus gobiernos ─ a menos que sean clausurados. Walid Al-Saqaf, presidente de la Sociedad de Internet de Yemen (y mi pareja de debate), tomó este punto en el contexto del momento actual, en el que los defensores (principalmente occidentales) de derechos digitales hacen sonar las alarmas, de forma un tanto excepcional, sobre la vigilancia.

“La gente en las sociedades occidentales no entienden o no se dan cuenta de la importancia de ser capaz de criticar al propio gobierno. No tenemos este derecho en los países árabes”.

Pasamos a resaltar ─nada nuevo para nuestra audiencia─ que la vigilancia es omnipresente en la región árabe. La mayoría de la gente, por no hablar de los que critican o documentan las acciones del gobierno, espera ser vigilado ─una garantía de privacidad es un sueño lejano en el mejor de los casos. Pero esto no cambia la necesidad fundamental de disidencia.

Con o sin vigilancia, algunas personas están dispuestas a correr el riesgo de informar sobre un incidente, filmar un enfrentamiento o expresar una opinión. Y al final, la censura y la vigilancia a menudo provienen de los mismos tipos de deseos por parte de los gobiernos ─ quieren controlar la información y las personas que la difunden.

Las revelaciones de Snowden expusieron las prácticas de vigilancia del gobierno de EE.UU. En todo el mundo, dejaron a muchos preguntándose, “¿también me espía mi gobierno?”

Puede que los usuarios de Internet no estén contentos con la recopilación de datos por el gobierno de EE.UU., pero en regiones como el Medio Oriente y el Norte de África, esto se da por sentado. La pregunta más importante es: Si digo lo que pienso ¿seré castigado por hacerlo?

Los periodistas de Al Jazeera actualmente en prisión en Egipto ofrecen uno entre demasiados ejemplos ─al igual que muchos blogueros y trabajadores de los medios de comunicación independientes de la región, estos periodistas han sido acusados, ​​no de calumnia o injuria, sino de ayudar a grupos terroristas.

El gobierno marroquí está considerando una nueva ley de carácter general [en] que penalizaría las declaraciones en línea que se consideren amenazantes para “el orden público, la seguridad nacional, las necesidades de servicio público, o políticas públicas” ─ a menudo con la censura de la red.

En los países del Golfo, como Emiratos Árabes Unidos [en] y Arabia Saudita, el enjuiciamiento penal por algo tan pequeño como un tuit representa una amenaza real.

Resulta extraño hablar exclusivamente de las políticas para el ámbito digital en una región donde la disidencia e incluso la presentación de informes basados en hechos reales, tanto en línea como fuera de línea, a menudo tienen profundas consecuencias en la vida real.

Aquellos que dicen lo que piensan no tienen simplemente miedo de ser observados o de que bloqueen sus sitios web. Tienen miedo de ser arrestados, detenidos, enjuiciados y torturados.

Las revelaciones de Snowden causaron conmoción en EE.UU., Europa, Brasil, y más allá, empujando a gran parte de la comunidad global de políticas de Internet a abordar la vigilancia digital como objetivo primordial y ahora aparentemente casi único. Pero en una región como ésta, donde es imposible separar la amenaza de la vigilancia, muchos menos la censura, de las graves consecuencias que podrían acarrear en el mundo real, una agenda tan singular tiene poca resonancia.

Sin embargo, sólo porque [los activistas en línea] nos enfrentamos a diferentes retos dependiendo del lugar, no significa que no podamos trabajar juntos para ayudar a defendernos los unos a los otros y apoyar campañas y esfuerzos a través de fronteras, océanos y hemisferios.

 

Este artículo fue inspirado por numerosas conversaciones en #AB14, incluyendo varias con Walid Al-Saqaf. Puede leer su artículo sobre nuestro debate y la dicotomía “censura frente a vigilancia”.

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