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Los padres en el Caribe tienen que pelear por ver nacer a sus hijos

Baby feet

Padre trinitense cargando a su bebé. Foto usada con autorización.

Debrah Lewis [en] empezó a notar la brecha entre atención de salud pública y privada en Trinidad y Tobago [en] cada vez que debía transferir a una mujer en trabajo de parto al hospital. Lo primero que le afectó fue la mirada de angustia en la cara de los futuros padres. “Nos preocupa la condición de su bebé”, explica delicadamente. Apenas la palabra “hospital” sale de su boca la madre lloriquea “pero, ¡voy a estar sola!” y el padre agrega “¡y yo no voy a poder quedarme para el nacimiento!”

Lewis, comadrona desde hace treinta años, y una defensora acérrima de padres y familias, considera la situación como desgarradora. En Trinidad y Tobago -como en muchos otros territorios caribeños- a los padres se les niega rutinariamente el derecho de presenciar el nacimiento de sus hijos. Lewis, en gran parte a través de la Asociación de Comadronas de Trinidad y Tobago [en], ha estado ejerciendo presión durante años para que la situación cambie.

Aunque los cambios han estado llegando, el progreso es lento y a menudo aleatorio. El Hopital General San Fernando [en] (principal institución de salud de la parte Sur de la isla) se sigue negando a permitir que los padres entren a la sala de partos. En el Hospital Sangre Grande [en], que atiende al Este de Trinidad, los padres deben firmar un formulario donde acuerdan acatar ciertas reglas. En Puerto España, la capital del país, el hospital también tiene demasiadas condiciones que cumplir y aun si se cumplen todos los requisitos, hasta asisitr a clases de parto, no hay garantía. La admisión a la sala de partos está supeditada al capricho y gusto del personal médico, que a menudo viene con excusas para no incluir al padre. “Estamos muy ocupados”. “No tenemos tiempo para ocuparnos de eso”. “Es una situación rara”. “Es nuestra decisión”.

Debrah Lewis, speaking at TEDxPortofSpain, November 30, 2012. Photo by Georgia Popplewell, used with permission.

Debrah Lewis hablando en TEDxPortofSpain, 30 de noviembre de 2012. Foto de Georgia Popplewell, usada con autorización.

Lewis sostiene que no es así. Un padre la llamó llorando en medio de la noche, rogándole que interviniera. Había atravesado todos los obstáculos para asegurarse de que estaría ahí cuando naciera su hijo; cuando el momento llegó, el personal le negó el acceso. A pesar de sus contactos, no los hizo cambiar de idea. Le parece que la postura del sistema de salud público hacia este asunto es hipócritica. “Este bebé no va a volver a nacer”, explica. “Pero entonces la gente se dará vuelta y se quejará de que nuestra sociedad se está deteriorando; que los padres no tienen una presencia activa en la vida de sus hijos. Aun así, cuando un bebé llega al mundo, a los padres no se les permite estar ahí”.

Como Directora Ejecutiva del Centro de Recursos y Nacimiento Mamatoto [en], centro comunitario de partos fundado en 2004 para ayudar a atender la demanda de cuidados prenatales para familias, la contradicción debe haberle parecido extraña a Lewis. “No creo que la mayoría de personas se dé cuenta de que la discrepancia entre atención pública y privada es tan amplia”, dice. “No entienden la gran cantidad de padres a los que no se da la oportunidad de ver nacer a sus hijos”.

A fines de noviembre de 2012, Lewis [en] dio una conferencia en TEDxPortofSpain [en]. El tema era “Conectándose” y muchos en la audiencia esperaba que hablara de la conexión maternal. En cambio, Lewis defendió a las mujeres al impulsar la causa de los hombres de sus vidas. “Soy feminista”, dice, “pero a menudo el feminismo ha dado a los hombres la parte más débil de la soga. Se les acusa de cosas que no les permitimos hacer. Los hombres pueden tener problemas, pero somos parte del problema. Es en el centro del espectro donde debemos estar, pero estamos al otro lado”.

Regionalmente, las políticas no se basan en investigación actual o evidencia empírica -y aunque existen nuevas directrices, no están implementadas. Por ejemplo, el centro médico Mount Hope [en], que quiso lograr ser considerado como adecuado para bebés [en], tiene una política mucho más moderna, pero no se ha puesto en práctica. Lewis sostiene hay un arreglo fácil para la situación que yace en las manos de los padres. “La gente debe pedirlo”, dice, “y aunque bastantes de nosotros lo hacemos, todo el Ministerio de Salud debe hacerlo para convertirlo en política nacional. Hay algo llamado Estatuto de Derechos del Paciente [en] -una vez que el derecho de los padres de estar presentes en el nacimiento de sus hijos llegue a la lista, los hospitales públicos deberán acatarlo. Ya no tendrán excusa”.

Anticipándose a ese día, Lewis se ha estado dedicando a educar al público. La Asociación de Comadronas y Mamatoto hablan en todos los lugares a los que los invian: iglesias, colegios, centros comunitarios. Su misión es simple: educar a las personas sobre sus opciones para que puedan tomar decisiones informadas. “Solamente le damos la información a la gente”, explica Lewis. “No tratamos de influenciarlos de ninguna manera”. Cuando va a colegios, trata más de generar sensibilidad sobre qué hacen las comadronas exactamente, y siempre la guían las preguntas de los estudiantes. Pero ahí está la raíz del problema. “Nos han dicho que cambiemos el asunto de la pregunta si las chicas preguntan en qué punto de su ciclo menstrual pueden salir embarazadas. Los miembros de la asociación de padres y profesores nos han pedido que nos vayamos si abordamos el tema de sexo seguro. Entonces, ¿por qué estamos confundidos cuando enfrentamos los niveles de miedo e ignorancia cuando se trata de parto y nacimiento? Todos debemos hablar al respecto”.

En marzo de 2014, Lewis, con participación de grupos de padres (incluida la Asociación de Padres Solteros de Trinidad y Tobago [en]), espera llegar al público para que responda en números mayores para cambiar la inclinación de los hospitales públicos sobre el asunto. “Más personas deben decir ‘no'”, dice y no se refiere solamente al servicio de salud pública. Son muchas empresas que operan en Trinidad y Tobago -multinacionales incluso- que no apoyan a los padres. La mayoría de empresas locales conceden al nuevo papá un día libre del trabajo; las entidades extranjeras son apenas más gentiles, y ofrecen dos o tres días de permiso. Las condiciones de la licencia de maternidad no son mucho mejores. Mientras en países desarrollados como Canadá se da a las nuevas madres todo un año de licencia, en Trinidad y Tobago se les sigue dando tres meses -bueno, ahora son catorce semanas en lugar de doce, gracias a la gestión de las organizaciones que Lewis representa -pero la oportunidad sigue siendo desafortunada, considerando que el Ministerio de Salud quiere exhortar la lactancia materna por lo menos durante seis meses luego del parto.

A veces, toda la batalla parece una tarea hercúlea a Lewis, pero entonces escucha a un padre primerizo decir algo como “¡tengo un hijo! ¡Me dejaron verlo!”, y eso la inspira a seguir. “Eso es tan triste“, dice. “¿Se imaginan si ese hombre hubiera cargado a su bebé en el momento en que nació? En ese momento empieza la relación de toda familia -madre, padre e hijo- independientemente de si los padres están casados o no. Imprime una relación con ese niño que es difícil de recrear. Los instintos protectores del hombre entran a tallar; su rol como proveedor entra en acción y el desarrollo de su relación con ese niño -y con la madre del niño- empieza en ese momento”.

Lee la serie El noveno mes [en] (#ninthmonth) de PRI sobre cuidado materno en todo el mundo.

Janine Mendes-Franco es consultora en comunicaciones, productora de medios y escritora. Cuiando no está blogueando sobre el Caribe para Global Voices, la puedes encontrar blogueando acá [en] y tuiteando acá [en].

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