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Rusia: La represión a los medios de información está pasando a la Academia

Andrei Zubov, left, confronts academic repression reminiscent of the USSR. Images mixed by author.

Andrei Zubov, a la izquierda, afronta la represión académica reminiscente de la URSS. Fotomontaje del autor.

La represión a la prensa libre en Rusia es tan antigua como la presidencia de Vladímir Putin. El proceso se ha acelerado en los últimos dos años, desde que Putin regresó al Kremlin por tercera vez. Medios informativos y de opinión de la oposición como Gazeta.ru, Lenta.ru o Kommersant han perdido a los líderes que podían mantener su independencia como colectivo. La única emisora de televisión de la oposición de Rusia, TV Rain, casi ha llegado a su final por culpa de una exitosa campaña organizada para llevarla a la quiebra.

Por supuesto, la anexión de Crimea a Rusia y su inminente invasión a Ucrania del Este solo han exacerbado las cosas, y la censura tan extendida en el periodismo ahora se está desbordando a la Academia.

El pasado lunes 24 de marzo de 2014, la universidad MGIMO despidió [ru] al profesor Andrei Zubov por una presunta mala praxis académica. Su supuesto delito fue escribir una página de opinión [ru] que se publicó el 1 de marzo en el periódico Vedomosti, en la que comparó las acciones del Kremlin en Ucrania con la apropiación de tierras de Hitler en los Sudetes. La dirección de MGIMO aseguró que el activismo político de Zubov (que ha hablado sobre Ucrania en muchas otras ocasiones en las últimas semanas) perjudica a la universidad, y por ello tuvieron que pedirle que se marchara.

En algunas entrevistas, Zubov no ha sentido ninguna vergüenza al comparar su despido con los ceses políticos que tuvieron lugar en instituciones académicas soviéticas. En días anteriores en este mismo mes de marzo, Zubov declaró [ru] al New Times: “Sí, pueden compararlo con la Unión Soviética, cuando era lo mismo”. No obstante, Zubov añadió que los rusos se han convertido en un “pueblo diferente” desde el comunismo, como se hizo evidente en el flujo de apoyo público y privado que recibió desde que empezaron a volar [ru] los rumores sobre su posición en MGIMO. De hecho, el pasado 4 de marzo, un grupo de profesores publicó una carta abierta [ru] de apoyo a Zubov a las pocas horas de que se notificara que había sido despedido. Ahora que su empleo en MGIMO ha terminado de forma oficial, Zubov afirma [ru] que está recibiendo muchas ofertas de trabajo de otras universidades tanto en Moscú como en el extranjero.

Mientras las entrevistas con diferentes periodistas y las invitaciones de otras universidades sugieren realmente que la Rusia actual ha cambiado mucho desde la Unión Soviética, es duro juzgar lo certero que es Zubov cuando afirma que el pueblo ruso es muy diferente.

La antigua profesora de MGIMO, Ela Kolesnikowa, no disfraza sus creencias políticas. Aquí está su foto de perfil en Facebook, que la muestra delante de una bandera ucraniana.

Consideren lo que le ha ocurrido a otro de los miembros del claustro de MGIMO, la profesora Ela Kolesnikowa [ru], que renunció a su puesto en protesta al despido de Zubov. El pasado 25 de marzo, Kolesnikowa publicó un extenso mensaje [ru] en su cuenta de Facebook describiendo su útlimo día en el campus. Kolesnikowa pidió a los estudiantes que le dieran una fuerte ovación de despedida, pero sus colegas del Departamento de Lingüística incluso se negaron a hablar con ella. Kolesnikowa escribió: “Jamás pensé que me convertiría en un fantasma”.

En Facebook, donde ha publicado sobre su renuncia a MGIMO, Kolesnikowa ha alcanzado no pocos [ru] seguidores. La publicación antes mencionada casi ha llegado a los siete mil “Me gusta” y se ha quedado muy cerca de los seis mil “Compartir”. Famosos periodistas liberales como Ilya Klishin y Filipp Dzyadko también han registrado su simpatía por ella.

En ambos casos, las actitudes de la gente pública y de los profesionales difieren drásticamente. Pero ¿qué reacciones tienen más peso? ¿El aplauso de los estudiantes? ¿El ánimo de los usuarios de Facebook? ¿O la gente que le hizo el vacío a una colega durante muchos años? Para Zubov, cuya relevancia le concede diversas alternativas de trabajo, la reacción del público basta para insinuar la emersión de una nueva nación que se ha sacudido lo peor del legado soviético. El futuro mucho más incierto de Kolesnikowa, sin embargo, quizá sea la mejor prueba de lo mucho que ha cambiado y no ha cambiado la vida en Rusia.

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