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Los geomapas y el análisis de datos redefinen el periodismo en África

Dos proyectos mediáticos en África usan los geo-mapas para evidenciar las infracciones medioambientales, seguir a las mafias en el sur de África y redefinir el periodismo sobre el desarrollo.  

1. El Centro Oxpeckers para el Periodismo de Investigación Medioambiental

El Centro Oxpeckers para el Periodismo de Investigación Medioambiental [en] es el primer proyecto de periodismo de datos en África que se ocupa de asuntos medioambientales. Con sede en Sudáfrica, este centro sin ánimo de lucro combina el periodismo de investigación tradicional con el análisis de datos y las técnicas para el trazado de geo-mapas. 

Oxpeckers aspira a  mejorar [en] la calidad y el impacto del periodismo medioambiental africano de este modo: 

Ofreciendo una base para los periodistas de investigación que se interesan en asuntos medioambioentales;
Creando una plataforma geo-narrativa a través de avanzadas técnicas de mapeo y herramientas de informática forense para mejorar los reportajes;
Fomentando los reportajes de investigación transnacionales y transculturales a través de las Becas Oxpecker de investigación o para el desarrollo de proyectos;
Compartiendo recursos, documentos originales y datos de investigación, así como técnicas y herramientas especializadas a través de los Manuales y los talleres Oxpecker;
Recopilando reportajes medioambientales o proyectos de investigación especializados, por cuenta de medios de comunicación asociados;
Publicando de forma exclusiva nuestras propias investigaciones medioambientales, tanto en los nuevos medios como en los tradicionales, así como en versión de libro electrónico y a través de otros canales.

El proyecto se ha asociado con Wildleaks, la primera plataforma de denuncia segura en Internet dedicada a los delitos contra la fauna silvestre.

En un trabajo de investigación titulado “La nueva maldición de recursos de Angola” [en], Richard Grobler investiga el impacto geopolítico del Corredor de Lobito entre Angola y la República Democrática del Congo:

El gigante suizo de mercancías Trafigura, asociado a la compañía angoleña con conexiones políticas, Cochan Limited, y el misterioso China International Fund, ha ido ganando poco a poco la totalidad del control sobre las infraestructuras ferroviarias de Angola, la red de distribución de combustible y los depósitos mineros de hierro a través de una amplia red de compañías con sede en el extranjero, registradas en diversos paraísos fiscales.

Mediante el uso de los fondos generados por las ventas de combustible angoleño a China, el consorcio ha construido un gran imperio de negocios como es el Grupo DT. Detenta un patrimonio constituido por bienes inmuebles, combustible, factorías del acero, transporte y logística que podrían tener profundas implicaciones económicas y políticas para todo el África Sudoccidental.

China ha superado a Portugal como principal fuente de importación (27,68%) y exportación (46%) en Angola desde 2012, sobre todo debido a una serie de negocios de combustible para infraestructuras que comenzó en 2003. Los intereses confluentes al centro del Grupo DT han aprovechado su posición para dominar el comercio de productos del petróleo y minerales en Angola y en la vecina República del Congo (RC).

Con la reconstrucción de una plataforma de profundidad en la costa atlántica de Lobito, un terminal para los minerales rebosante, una refinería petrolífera de casi 200.000 barriles por día en construcción y un nuevo sistema ferroviario de construcción china, preparado para entrar en la conflictiva provincia congoleña de Katanga, surgen interrogantes acerca de las intenciones del grupo angoleño DT.

El estratégico Caminho de Ferro de Benguela (CFB), la línea de ferrocarril más corta que une las zonas mineras del Congo y de Zambia de mayor interés para los mercados europeos, podría constituir una espada de doble filo para la RC. Katanga corre el riesgo de quedar atrapada entre dos aguas.

2. Land Quest

Land Quest, un proyecto con sede en Nairobi (Kenia) dirigido por dos periodistas europeos, dos de Kenia y uno de los EEUU, utiliza herramientas de trazado de geo-mapas para redefinir el enfoque y la audiencia del periodismo de desarrollo.

El análisis muestra a Kenia como “un campo de batalla en el que se enfrentan dos intereses: la ayuda europea por un lado; la búsqueda de beneficios de las grandes multinacionales del petróleo por el otro. La UE representa el segundo mayor socio comercial para Kenia, adelantada solo por China”.

El proyecto muestra “la necesidad para los países desarrollados y en vías de desarrollo de asociarse para trabajar de forma conjunta con el fin de armonizar y regular el proceso de desarrollo y las inversiones de capital privado, a través de los datos abiertos”

La investigación de Land Quest se centra en dos puntos clave en Kenia:

-Turkana, donde los nuevos descubrimientos de petróleo han cambiado para siempre -para bien o para mal- el escenario de la región más pobre de Kenia y de las personas que la viven.

-El Lago Naivasha, donde las empresas del sector agroindustrial cultivan gran parte del stock de flores que se exporta a la Unión Europea mientras organizaciones sin ánimo de lucro velan por la calidad del agua, defienden los derechos laborales y ayudan a asentarse a la población desplazada, gracias a las ayudas europeas.

Land Quest colabora en España con el periódico El Mundo para publicar sus contenidos y visualizaciones en español, que también están disponibles en inglés para los canales mediáticos de Kenia. 

Land Quest aspira a que el proyecto:

[…] sirva también como ejemplo de un nuevo modelo de colaboración periodística entre medios del mundo desarrollado y en vías de desarrollo, en un entorno mediático globalizado que requiere un periodismo internacional de investigación en profundidad.

Una de las historias que el proyecto aloja en su sitio web habla de los “esclavos de las rosas” (trabajadores de las plantaciones de flores) de Naivasha, en Kenia, una de las dos ciudades en las que se centra el proyecto:

El sol marca la jornada laboral. Al amanecer empieza el movimiento de los trabajadores hacia los invernaderos. Muchos andan varios kilómetros; los afortunados se desplazan en autobús o matatu, una furgoneta que lleva decenas de pasajeros. La jornada durará hasta el crepúsculo. Por doce horas de trabajo, cobran menos de 40 chelines kenianos, unos 33 céntimos de euro al día. En España el precio del ramo de rosas de Kenia en una floristería ronda los 30 euros.

La mayor parte de los trabajadores viven en poblados y chabolas alrededor de las plantaciones. Algunos barrios están construidos por la empresa. A cambio, descuentan del sueldo del trabajador el alquiler y los suministros, según explica Silas Mwiti, periodista freelance que cubre la zona de Naivasha. Entre las precarias viviendas es frecuente ver animales y pequeños huertos para complementar los ingresos familiares.

Los días son todos iguales: en el ecuador del mundo, las horas de sol no varían. Este fenómeno, combinado con la humedad del lago y las temperaturas ecuatoriales, aumenta el rendimiento en el crecimiento de las plantas. Los cambios vienen por la propiedad de las plantaciones.

El negocio de las flores de Kenia ha estado históricamente en manos de empresarios holandeses, que, sin embargo, están vendiendo sus empresas a nuevos inversores. Se trata sobre todo de ricos habitantes de la India, que llegaron con los colonos británicos y permanecieron en el país después de la independencia. Representan una minoría poderosa que controla, además, negocios clave como bancos y supermercados.

Otro artículo se centra en el conflicto de intereses entre los negocios y la ayuda extranjera en la ciudad de Turkana, en el desierto del noroeste:

John Ebenyo Ewesit, responsable del proyecto Oxfam para la defensa de los derechos humanos, presenció la instalación de las tiendas durante la noche. Dijo que sus proyectos para la gestión local no tuvieron cabida en la negociación. Explicó que, después de lo sucedido, el gobierno convocó una reunión conciliatoria para anunciar la llegada de Tullow. Ahora existen dos sistemas paralelos: la coordinación nacional entre los comisarios de zona nombrados por el gobierno de la nación y las autoridades regional y de distrito, que fueron excluidas de las negociaciones cuando entraron en ellas los ministerios de la energía y la minería. “Todavía es un gran caos a la hora de tomar decisiones”.

Ahora, los funcionarios del gobierno local entran y salen gratis de Turkana en aviones de Tullow, mientras que las decisiones se toman en Nairobi. Y entretanto, los problemas crecen.

Entre las amenazas ciertas para el medio ambiente se incluyen los vertidos de basura y de residuos industriales que podrían envenenar los pastizales. La extracción de petróleo exige grandes cantidades de agua, por lo que los nuevos hallazgos de agua podrían desviarse hacia las industrias petrolífera o agroalimentaria, en lugar de a la población. La extracción de petróleo por sí misma ya contamina los acuíferos, que se encuentran en las mismas estructuras geológicas, pero a distintas profundidades. El activismo de la comunidad podría ser silenciado por los elementos de protección paramilitar que el gobierno de Kenia ha ofrecido a Tullow en un reciente Memorandum para el Entendimiento formulado para terminar con las recientes protestas, que ha sido filtrado al equipo de Land Quest. Los pastores desplazados por las áreas de extracción cercadas no tienen adonde ir.

El Grupo de Trabajo para Gas y Petróleo de Kenia, una red de organizaciones civiles que forman la Acción Comunitaria para la Conservación de la Naturaleza, intentan allanar el terreno para la comunidad, el gobierno, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil, pero también ellos están desconcertados. Su idea básica de involucrar a las comunidades locales en el debate no funciona, ya que todas las reuniones tienen lugar en Nairobi y allí se toman las decisiones. Incluso los foros comunitarios que se han convocado en Turkana son poco efectivos, pues el gobierno del distrito ya no toma decisiones. 

La investigación de Land Quest ha sido financiada por el Centro Europeo de Periodismo [en] y el Programa de Ayudas a la Innovación en Reportaje de Desarrollo [en]. La Iniciativa de Medios Africanos [en] ofreció la financiación a EcoLab para el desarrollo de la plataforma de mapeo. Internews [en] de Kenia facilitó el equipamiento y las instalaciones para la investigación en Nairobi, así como la inspiración y una sede para el proyecto. 

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