Brasil: Fútbol y bananas, ¿cómo erradicar el racismo primario?

A los 30 minutos del segundo tiempo de un partido difícil para el club Barcelona, cuando el jugador brasileño Daniel Alves se preparaba para hacer un tiro de esquina, un hincha del equipo contrario, el Vilarreal FC, lanzó una banana al campo de juego. Rapidamente, Daniel se agachó, recogió la fruta y en seguida se la comió en el lugar. Esa misma noche, uno de sus compañeros de equipo, Neymar Jr., usó su cuenta en Twitter para expresarse sobre el tema, y así lanzó la campaña #somostodosmacacos (todos somos monos). En seguida, atletas, celebridades, el presidente de la FIFA Joseph Blatter [en] y la presidenta de Brasil, Dilma Roussef [pt], se unieron al movimiento de apoyo al jugador.

A reação do jogador que viralizou na rede. Foto: 9gag

“No sé quién tiró la banana, pero quisiera agradecerle. Me dio energía para hacer dos pases más que terminaron en goles”. La reacción del jugador se expandió como reguero de pólvora por la web. Foto de 9gag.

Romario, exjugador ahora convertido en diputado federal, alabó [pt] la actitud de Daniel en su página en Facebook:

Ontem o Daniel Alves lavou a alma de todos nós brasileiros, em um gesto simples, natural, comeu a banana que lhe foi lançada com um intuito de ofensa e virou o jogo. O racismo sumiu? Não. Mas foi derrotado. Daniel Alves se agigantou.

(…)

O racismo é uma ferida que nunca foi curada, comum em toda Europa, com graves incidências no Brasil. Infelizmente, está infestado no futebol. Eles atacam principalmente os melhores jogadores, com a finalidade de abatê-los, torná-los fracos. Há caso de atleta que sai chorando de campo, quem se lembra dessa reação do Paulão, zagueiro do Betis, que depois de ser expulso sofreu racismo da torcida? Por isso, a resposta do Daniel foi tão simbólica.

Ayer, Daniel Alves nos lavó el honor a todos los brasileños, con un gesto simple, natural, se comió la banana que le habían lanzado para ofenderlo, con lo que regresó el gesto contra el autor. ¿El racismo ha desaparecido? No. Pero ha perdido una batalla. Daniel Alves salió engrandecido.

(…)

El racismo es una herida que nunca se ha curado, común en toda Europa, y muy frecuente en Brasil. Desgraciadamente, el fútbol está infestado. [Los racistas] atacan principalmente a los mejores jugadores, con el fin de degradarlos. También hay casos donde el atleta sale del terreno entre lágrimas; ¿quién recuerda esa reacción del defensa Paulão, zaguero del Betis, que luego de su expulsión fue víctima del racismo de sus propios hinchas? Es por eso que la respuesta de Daniel fue tan simbólica.

El acto de racismo dirigido contra Daniel Alves no es novedad. El año pasado [pt], cuando hinchas del Real Madrid le lanzaron gritos de simio, el jugador llegó a presentar una queja formal. Jugando en España desde hace doce años, Daniel ha confesado en una entrevista [en] que estaba acostumbrado a esas discriminaciones, y reconoció que consideraba al país como una “guerra perdida”, que “había que aceptar con cierta dosis de humor”. Hace poco menos de un mes, su compañero de equipo Neymar fue llamado simio [pt] por seguidores del Espanyol [NdT: otro equipo de fútbol español]. Sin embargo, aunque los casos son cada vez más frecuentes, las sanciones previstas [en] para esta clase de actos racistas –en la mayoría de casos, multas que van de mil a dos mil euros- no son suficientes para combatir el problema.

Brazos abiertos, puertas cerradas

Otro futbolista brasileño, el defensa Tinga del club Cruzeiro, en Brasil, que también fue llamado simio por los hinchas de un equipo contrario en febrero último, recordó en una entrevista a la revista TRIP [pt] el peso cultural que el fútbol añade al problema:

E olha que, pro cara que conquistou o sucesso, a vida é mais fácil. Acredito que existe um preconceito mais forte que o racismo que é o preconceito social. Negro ou branco, se você é bem-sucedido, acaba sendo aceito. Isso mostra um preconceito social muito forte.

Acredito que o racismo nos estádios de futebol também é um reflexo da educação. Algumas pessoas, quando vão para o estádio, acham que tudo o que elas falam lá fica por lá. Essas pessoas às vezes estão com seus filhos, e ainda assim estão xingando a gente. Estão ensinando isso aos filhos. Quando você é bem-educado, não existe essa divisão entre o que acontece dentro e fora do estádio.

Aunque, para quien ha triunfado, la vida es más fácil. Creo que hay un prejucio aun más fuerte que el del racismo, es el prejuicio social. Negro o blanco, si has triunfado, terminas por ser aceptado. Eso muestra un prejuicio social muy fuerte.

Creo que el racismo en los estadios de fútbol es también un reflejo de la educación. Algunas personas piensan que cuando están en un estadio, lo que se dice ahí se queda ahí. A veces, esas personas están acompañadas de sus hijos, y así como así, siguen insultándonos. Están enseñando todo eso a sus hijos. Cuando estás bien educado, esta diferencia entre lo que pasa dentro y fuera de un estadio no existe.

Brasil es un país con racismo velado [en], preexistente en el subconciente colectivo en todo lo que concierne a la vida cotidiana. En un documental sobre la situación de inmigrantes africanos en las favelas de Río de Janeiro realizado el año pasado por la cadena de televisión Al Jazeera, se decía que el país tenía los “brazos abiertos y las puertas cerradas”. Es por esta razón que el barullo de la campaña #somostodosmacacos recibió tantas críticas [pt], exponía la otra cara [pt] del problema.

Algunos grupos relacionados con movimientos antirracistas han empezado a retomar la acción con las etiquetas #nãosoumacaco (no soy un simio) y #soucontraoracismo (estoy contra el racismo), llamando la atención al hecho que “legitimar un discurso sobre los prejuicios de ninguna manera hace que desaparezca” [pt]. Como dijo [pt] el bloguero Douglas Belchior:

A comparação entre negros e macacos é racista em sua essência. No entanto muitos não compreendem a gravidade da utilização da figura do macaco como uma ofensa, um insulto aos negros.

El paralelo entre negros y simios es racista en su esencia. Sin embargo, muchos no comprenden la gravedad de usar la imagen de un simio como una ofensa, un insulto hacia los negros.

Foto: Feminismo Brasileiro e Latino-Americano

Soy negro, soy negra y no, no soy un simio. Foto: Feminismo Brasileiro e Latino-Americano / Facebook

El debate tomó otro color cuando la agencia de publicidad Loducca, que se encarga de la marca de Neymar, reivindicó la autoría [pt] de la campaña. Según ellos, la idea ya estaba en preparación, a punto de ser lanzada, y tomaron la oportunidad de lo que pasó la tarde del último domingo de abril. Algunas horas después, la marca de prendas de vestir del presentador Luciano Huck puso en el mercado una camiseta [pt] con esa idea a un precio de 69 reales [pt] (NdT: un poco más de 22 euros o de 30 dólares). 

Como de costumbre, “imagina la Copa

[NdT: El enlace anterior tiene una muy bella explicación de dicha expresión, para los que sufren en Brasil los efectos nefastos de esta Copa del Mundo].

Dejando a un lado las controversias generadas por este caso, el árbitro de todas maneras registró el hecho en su reseña del partido, lo que no es frecuente. Además se programó una reunión para tratar el tema el martes 29 de abril. 

El club Barcelona repudió el incidente y el Vilarreal fue más allá de la multa. Luego de identificar al hincha responsable, el club anunció en un comunicado oficial que el hombre sería impedido de entrar al estadio de manera permanente. Sin embargo, este hecho no puede verse como un acto aislado. Dilma Roussef y Joseph Blatter se expresaron con respecto al Mundial, pero no con respecto a cambios a largo plazo. En la semana previa al incidente con Daniel Alves, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) ya había anunciado el lanzamiento de la campaña “Somos iguales” [pt] al igual que una aplicación que permitirá a los usuarios denunciar los actos de racismo, también al interior de los estadios. Pero, mientras tenemos discusiones para saber si somos simios o no, en el reino del fútbol solamente veremos los cambios cuando la temporada de bananas haya pasado.

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