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A 50 años de la dictadura en Brasil: Un torturador francés en Sudamérica

Este artículo, escrito por Anne Vigna, se publicó originalmente en la web brasileña a Pública [pt], el 1 de abril de 2014, y se republica bajo un acuerdo para compartir contenidos.

Nadie sabe por qué el viejo general decidió abrir el juego con la periodista Florence Beaugé a principios del milenio. Pero la consiguiente entrevista, que apareció en la edición de Le Monde [fr] del 23 de noviembre del año 2000, cayó como una bomba en Francia y en Argelia. Hacía tiempo que historiadores y periodistas perseguían el testimonio de un militar sobre los métodos atroces empleados por los franceses durante la guerra de la independencia de Argelia (1955-1962) contra el Frente de Liberación Nacional (FLN). Paul Aussaresses [en], que en ese momento tenía 82 años de edad, reconoció la práctica de torturas, las desapariciones para encubrir asesinatos, las ejecuciones y los escuadrones de la muerte -decía no arrepentirse de nada-. Hasta su fallecimiento [pt], en diciembre del año pasado, no reveló la identidad de los hombres que formaban sus escuadrones de la muerte. 

Aussaresses era considerado um dos oficiais franceses mais capacitados em contra-insurgência.

Aussaresses era considerado uno de los oficiales franceses más capacitados para actuar en contra de la insurgencia.  

Aussaresses fue durante mucho tiempo un misterio de mil guerras con pocas respuestas. Su participación en la dictadura militar brasileña y en las actividades de la propia Francia en la época conformaban un capítulo de la historia desconocido casi por completo. Así fue hasta que un historiador carioca, instalado en Francia desde hace mucho tiempo, se sumergió en documentos oficiales del gobierno francés y sacó a la luz la voz del mismísimo “verdugo de Argel” que narraba su tiempo en Sudamérica. Rodrigo Nabuco elaboró la tesis [pt]: “Conquista de las mentes y comercio de armas: la diplomacia militar francesa en Brasil” – informes de los agregados militares mantenidos en secreto desde hace 30 años en la embajada francesa. 

El general al mando

Aussaresses era considerado uno de los oficiales franceses más capacitados para actuar contra la insurgencia. Entrenado en Londres durante la Segunda Guerra Mundial en el servicio de inteligencia, se convirtió en comandante de la brigada de paracaidistas “El 11e Choc” [fr], o brazo armado de los servicios secretos franceses en el exterior. Años después, en su primer libro [pt] de memorias explicaba con claridad en qué consistía su misión:

Llevar a cabo lo que denominábamos “guerra sicológica“, en todos los lugares en los que fuera necesario, como en Indochina. Preparaba a mis hombres para operaciones clandestinas, colocación de bombas, acciones de sabotaje o eliminación de enemigos.  

Documento militar de Aussaresses.

Documento militar de Aussaresses.

Tres años después de la derrota en Vietnam -entre 1957 y 1958- las tropas del general Jacques Massu ganaron la batalla de Argel. Aussaresses jugó un papel muy importante en la victoria de los paracaidistas franceses, los cuales se repartieron en zonas operacionales y actuaron de acuerdo con la “inteligencia” – llevando a cabo desde el asedio de blancos hasta torturas, ejecuciones y masacres que supusieron la desaparición de un total de cuatro mil personas.

Argelia conseguiría su independencia en 1962, sin embargo la experiencia antiguerrilla de los franceses los convirtió en “especialistas” en “guerra revolucionaria”, al momento en que los Estados Unidos realizaban su entrada en Vietnam. Así su doctrina militar fue difundida por los aliados de la Guerra Fría a través de revistas, libros y cursos impartidos por el propio Aussaresses en Estados Unidos. Allí su influencia perduró. La producción cinematográfica “La Batalla de Argel” [fr, pt], de 1966, en la que Gillo Pontecorvo denuncia la matanza, la tortura y las mentiras de las tropas francesas llegó a ser exhibida en el Pentágono [pt]. Aussaresses calificó esta película de “magnífica, muy cercana a la realidad”. 

Brasil, 11 de setiembre de 1973

Admirado en el mundo, con el perfil de militar entrenado para la tortura y la ejecución, el general parecía el hombre adecuado para llevar a cabo la misión diplomática del gobierno Pompidou en Brasil durante los años de plomo. En sus primeros informes, Paul Aussaresses cuenta haberse reencontrado con varios de sus antiguos alumnos de los cursos que impartió en los Estados Unidos; quienes, escribía [pt] “se convirtieron en contactos amigables desde el punto de vista personal y útiles para los servicios”.

Se sentía como en casa en la compañía de su amigo general y futuro presidente João Batista Figueiredo, listo para asumir la dirección del SNI [en] (Servicio Nacional de Información) en el gobierno Geisel (1974). También mantenía una relación cercana con el delegado Sérgio Fleury [en], torturador y símbolo de la dictadura brasileña, al que llegó a mencionar en su segundo libro de memorias “No lo he dicho todo” (“Je n’ai pas tout dit”, en francés, 2008) como jefe del escuadrón de la muerte. 

En una entrevista [pt] concedida al periodista Leneide Duarte-Plon, poco después de la publicación de su libro de memorias, Aussaresses narró un episodio revelador sobre cómo el jefe de la misión diplomática francesa, Michel Legendre, evaluaba las actividades de su agregado militar en Brasil:

Un día el embajador me dijo: ‘Tienes amigos extraños’. A lo que yo le respondí: ‘Son ellos los que me permitem mantenerle bien informado’. No me dijo nada más.

Hasta hace poco no se sabía mucho de la estancia de Aussaresses en Brasil, salvo lo que el propio general había revelado. Del lado brasileño, los archivos siguen cerrados. El periodista Lúcio Castro, durante una investigación para un especial de la ESPN [pt] sobre la Operación Condor, no logró conseguir ninguna documentación oficial de Itamaraty. Como respuesta a la solicitud de información sobre Aussaresses los únicos documentos que envió el órgano fueron las cartas de la embajada francesa pidiendo el visado para sus hijas y otras cosas de poco interés. En los papeles, que pueden encontrarse en la web Documentos Revelados [pt], ni siquiera consta la fecha de llegada del general a Brasil.

No obstante, de la parte francesa comenzaron a surgir revelaciones. El historiador carioca Rodrigo Nabuco obtuvo acceso a una documentación fundamental para comprender el papel de los agregados franceses en la dictadura brasileña y en el comercio de armas. Basándose en esta documentación, Nabuco logró determinar, por ejemplo, la fecha exacta en que Aussaresses llegó a Brasil: el 11 de setiembre de 1973, el mismo día del golpe militar en Chile. ¿Casualidad?

Es difícil creer en la casualidad. Con la divulgación de los documentos [sobre el golpe militar en Chile], durante los últimos años, no queda duda sobre el respaldo de Brasil al mismo, y es imposible pensar que un coronel paracaidista altamente especializado como era Aussaresses no diese al menos su opinión”, dice Nabuco.

Brasil y Francia: antigua relación

Nabuco constató también que la participación de Francia en la dictadura militar brasileña comenzó antes del golpe de 1964:

La cooperación militar francesa con Brasil es antigua y significativa, desde los años 1920 se llevan efectuándo misiones militares, el intercambio de oficiales en escuelas militares, etc. No obstante, esta cooperación asume un papel fundamental durante los años 1960-1970 que no se había observado antes ni se observó después.

La dictadura brasileña fue vista por los franceses como una oportunidad para recuperar la influencia de las misiones militares, que habían perdido con los norteamericanos. En el libro “A Ditadura Escancarada” (La Dictadura al descubierto), el periodista Elio Gaspara recuerda que cuando “la jerarquía militar brasileña vinculó a las Fuerzas Armadas con la tortura, contaba con dos casos clásicos de acción contra la insurreción”. El primero era Vietnam, sin embargo, por situaciones frecuentes de ejecuciones civiles “no convenía”. Y “el segundo ejemplo, la actuación de Francia en Argelia, se encontraba ya en las estanterías de las bibliotecas militares”. 

El hombre que el gobierno francés nombró agregado militar y fue recibido con los brazos abiertos en el Brasil de Médici había dirigido una masacre en Argelia que resultó en la muerte de 7.500 personas en dos días -de las cuales dos mil fueron ejecutadas después de haber estado presas y de haber sido interrogadas en un campo deportivo convertido en campo de concentración. Y, tal y como apuntan los hechos, cualquier parecido con el Estadio Nacional Chileno que sufrió el mismo destino en 1973 no es mera coincidencia.

Las relaciones entre los dos países – a través de Paul Aussaresses – apenas se estaban calentando.

Lea la segunda parte de este artículo: A 50 años de la dictadura en Brasil: las manos y ojos franceses en la tortura brasileña.
Lea la tercera parte de este artículo: A 50 años de la dictadura en Brasil: los informes oficiales del torturador francés Paul Aussaresses.

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