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Espías paquistaníes, Hamid Mir y los desaparecidos de Baluchistán

Photo of a son of "missing person" from the Long March as it was leaving Quetta in October 2013.  Tweeted by Journalism student and human rights activist @FaizMBaluch

Un niño sostiene una foto de su padre, Jalil Reki, uno de los desaparecidos en Baluchistán, en la gran marcha mientras salían desde Quetta en octubre de 2013. Tuiteado por el estudiante de periodismo y activista @FaizMBaluch

Un hombre recibe seis disparos que le atraviesan las costillas, el estómago, los muslos y la mano.

No puedo afirmar que Hamid Mir, el periodista más renombrado de la televisión pakistaní, fue disparado por los servicios de inteligencia del ejército paquistaní, Inter-Service Intelligence (ISI), o por algún agente que actuaba en su lugar; ni tampoco puede afirmarlo Geo, la cadena de informativos líder de Pakistán y para la que Mir trabajó durante los últimos 12 años. Aun así, emitieron unas emotivas y extremas declaraciones [en] en las que el hermano de Hamid, Amir Mir, acusaba al ejército y al ISI [en]. El New York Times informó de la noticia bajo el titular “Un crítico del ejército resulta herido en un ataque en Karachi” [en].

Ni si quiera pueden afirmar quién disparó a Mir todos los paquistaníes que han compartido viñetas [en] difamando a Mir, tachándole de ser un espía para la India o una marioneta, y han declarado su apoyo incondicional en Twitter [en] a las fuerzas armadas y espías del país.

Sin embargo, no faltan los motivos [en] para sospechar: Mir llevaba tiempo recibiendo amenazas por parte de individuos a los que llamó el ISI dentro del ISI [en]. Durante las últimas semanas, Mir ha sido franco en su programa sobre un tema del que el ejército pakistaní y el ISI no quieren que nadie hable: su inmoral papel en la guerra de Baluchistán.

Según la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, desde 2010 los cuerpos de los cientos de desaparecidos de Baluchistán han aparecido con signos de haber sido torturados. Tan solo en 2013, se hallaron 116 cuerpos por la provincia, de los cuales 87 se relacionaron con familias [en] que habían acusado a las agencias de seguridad de Pakistán de secuestrar a sus seres queridos. 

Desafiando lo establecido
Los medios de comunicación internacionales cuentan el ataque a Mir en un contexto [en] de riesgo para los periodistas paquistaníes [en] y del gran malvado ejército paquistaní; una perspectiva que explora el conflicto existente entre la cadena de Mir, Geo, y la mayoría de medios de comunicación del país, los nacionalistas y el ejército [en].

Me parece que la batalla del “yo más” de los medios [en] se pierde la historia real y un posible motivo del ataque: los desaparecidos de Baluchistán. 

Mir conocía los riesgos de hablar [en] sobre Baluchistán. Los medios del país evadieron ese tema durante años, al igual que él.

El silencio de los medios paquistaníes acerca de Baluchistán [en] radica, en parte, en una autocensura fundamentada en el miedo al ejército, en parte, en una postura nacionalista que ve el silencio como patriotismo y, en parte, porque muy pocos realmente entienden [en] lo que ocurre en la provincia suroeste.

Baluchistán: una guerra poco definida
Las empresas de comunicación paquistaníes como Geo contratan solo a unos pocos en Baluchistán. Baluchistán es la provincia más grande y más rica en recursos y, a su vez, la menos poblada y la más pobre. Allí los levantamientos llevan décadas fraguándose y sofocándose y el gobierno ha restringido el acceso a los periodistas internacionales. Todo eso explica por qué informar sobre Baluchistán es tan peligroso y complicado, y por qué es tan raro oír noticias de la provincia. 

¿Cuándo se transformaron los levantamientos en una guerra? No sabría responder con exactitud, pero algunas personas muy inteligentes [en] creen que ocurrió cuando el estado paquistaní bombardeó y mató en 2006 a Nawab Akbar Bugti, de 79 años, el nombre más representativo de la insurrección. 

Es difícil constatar [en] los hechos sobre la guerra de Baluchistán. Los nacionalistas baluchis armados quieren independizarse de Pakistán, y los operativos de inteligencia intentan reprimirlos, a veces utilizando medios extrajudiciales. El gobierno mantiene que los separatistas reciben financiación de “fuerzas externas” [en], un eufemismo para decir “la India”.

Varias milicias sectarias e islamistas utilizan la zona para reclutar y entrenar combatientes para las guerras en Irán y Afganistán, países que colindan con Baluchistán, y en Pakistán también.

A veces, estos grupos se unen [en] para conseguir dinero o recursos, pero al final el resultado es que los habitantes de Baluchistán tienen que protegerse de distintas ideologías que los amenazan.

Algunos nacionalistas baluchis están intentando echar a los forasteros y al ejército paquistaní de la provincia y con frecuencia bombardean [en] a los convoys militares. Muchas familias panyabíes que han vivido en la zona durante décadas son consideradas ahora “colonos” [en] a los que no quieren allí; cientos han sido asesinados y miles forzados a huir de la violencia.

Militantes de sectas organizados también están acabando con la etnia Hazara (musulmanes chiitas), probablemente el grupo con el mayor número de víctimas de esta guerra. Se trata de uno de los grupos no baluchis más grandes de la provincia. Desde 2009 han muerto miles de ellos [en] en ataques tan sofisticados que escapan a las posibilidades de los baluchis insurrectos.

De lo que menos se ha informado es de como los operativos de inteligencia se han estado llevando a hombres baluchis durante la guerra. El célebre periodista Mohammed Hanif dio a conocer la deplorable situación de las familias en un folleto publicado por la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán en 2012 [en], del cual aparecieron pasajes en algún periódico en inglés [en] de Pakistán, aunque no dio pie a un mayor debate. 

Las mencionadas familias esperan [en] que sus hijos y maridos desaparecidos vuelvan algún día, pero muy a menudo, en su lugar, solo hallan cadáveres con signos de haber sido torturados arrojados a las puertas de sus casas. Años después aparecen [en] tumbas sin identificar; la prueba de esas muertes suscita una conclusión, pero no justicia. 

Mir, espías y los baluchis
En las últimas semanas, Mir ha actuado de defensor de los desaparecidos y sus familias hablando de forma clara y reiterada sobre el tema en su programa televisivo, lo cual podría haberle causado graves problemas con el ISI.

Hace quince años, estrechó lazos con el ISI y estableció relaciones de confianza con los talibanes. Esas uniones le permitieron realizar la última entrevista [en] con Osama bin Laden después del 11-S. Evidentemente, aquellas relaciones se agriaron con el tiempo y en 2010 acusó a sus antiguos amigos del ISI de intentar involucrarle [en] un caso de asesinato. En 2012, culpó a los talibales de intento de asesinato contra su persona.

Hamid mIr interviewing Osama bin Laden after 9/11. From Wikimedia Commons CC-NC-2.0

Hamid Mir en su entrevista con Osama bin Laden después del 11-S. Imagen extraída de Wikimedia Commons CC-NC-2.0

¿Por qué ha hablado Mir ahora? Tal vez le conmovió Mama Qadeer, un hombre de 72 años que organizó una marcha de cuatro meses y 2000 km con las familias de los desaparecidos de Baluchistán, desde Quetta (capital de Baluchistán) por el resto del país.

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Hamif Mir se unió a la gran marcha el 22 de febrero en la ciudad de Jhelum. Foto tuiteada por la cuenta de Twitter de Voz internacional por los desaparecidos de Baluchistán @IVBMP

Qadeer organizó esta inesperada protesta en un intento de atraer la atención sobre su causa. Afirma que su hijo Jaleel fue asesinado [en] mientras lo custodiaban unos agentes del servicio de inteligencia en 2009. Ahora lucha para ayudar a otros cuyos hijos han desaparecido a conseguir una explicación o a que se haga justicia.

El 25 de febrero, Mir pidió al gobierno, a través de un diario de habla inglesa, que ayudaran a recuperar a los desaparecidos de Baluchistán. La historia, titulada, “A sus 71 años, el baluchi Mama Qadeer bate el récord de Gandhi 84 años después” [en], habla sobre el alcance y la duración de la marcha, con la esperanza de que la comparación atraiga la atención sobre un asunto al que los medios le han quitado importancia de forma sistemática.

Puede que Mir sienta cierta afinidad con los baluchis porque, como él, ahora reciben amenazas de todas partes. Igual que la mayoría de periodistas paquistaníes que han informado sobre la no tan secreta guerra en el noroeste de Pakistán entre los talibanes y el ejército, Mir ha visto cómo la hostilidad y las amenazas de sus fuentes en los talibanes y el ISI han ido en aumento. 

El ministro de defensa de Pakistán ha pedido al órgano regulador de los medios del país que cancele la licencia de emisión de Geo [en]. Mientras escribo estas líneas, los provedores de televisión por cable han accedido voluntariamente a hacer que Geo sea “menos accesible” en la mayoría de zonas bajo el control o la influencia del ejército. Las empresas de desarrollo de la propiedad más grandes de Pakistán pertenecen al ejército, o están bajo su control, por lo que Geo ahora corre el riesgo de ser censurado por todo el país.  

"Pakistan Love ISI" posters with a picture of the spy agencies chief line Constitution Avenue in Islamabad. Photo tweeted by former ambassador Husain Haqqani @husainhaqqani

“Pakistán ama al ISI” cartel con la foto del jefe de ISI en la Constitution Avenue, Islamabad. Foto tuiteada por el ex embajador Husain Haqqani @husainhaqqani

El ISI ha estado cada vez más agresivo y descuidado al tratar con periodistas cuyos reportajes perjudicaban su reputación. En 2011, se encontró el cadáver de Saleem Shahzad [en], con signos de haber sido torturado, una semana después de publicar una historia en la establecía conexiones entre militantes islamistas y las fuerzas armadas. Antes de desaparecer, recibió amenazas [en] por parte del ISI.

La franca postura de Mir en apoyo a los derechos de los individuos que están en el punto de mira del estado, de militantes islamistas y de cualquiera que recurre a la violencia para sus fines políticos casi le cuesta la vida.

También le ha colocado definitivamente en el bando opuesto a dichas fuerzas. Quizá no sepamos quién disparó a Hamid Mir, pero lo que sí sabemos es que la lista de personas dispuestas a coger una pistola para conseguir lo que quieren en Pakistán es larga. Mir ha tenido suerte de salir vivo de esta. La lucha por los derechos de los desaparecidos en Baluchistán acaba de empezar.

Sahar Habib Ghazi es una periodista que vive entre Pakistán y EE. UU. Trabajó en Geo TV de 2005 a 2006. Actualmente es Subeditora de Global Voices. Puedes seguirla en Twitter @saharhghazi.

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