El Salvador: ¿Asoma un Caballo de Troya?

La versión original de este artículo fue escrita por Jaime López, Mauricio Cáceres, Luis Alberto López, Mario Beltrán, Ross Mary Zepeda y Tatiana Alemán y fue publicada en el sitio web de Connectas en mayo de 2014. Reproducimos acá la primera de dos partes.

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Varios oficiales de las fuerzas armadas salvadoreñas han sido sancionados por infiltraciones con las maras. Foto: cortesía a los autores.

En El Salvador parece estar replicándose aquel mítico estratagema de la guerra conocido como el Caballo de Troya. En el poema de La Odisea inmortalizado por Homero, se cuenta la historia de cómo el griego Ulises finge la retirada de su ejército, y deja a las puertas de las murallas de Troya un caballo de madera lleno de soldados. De manera ingenua los troyanos aceptan la ofrenda y cuando ingresan el gigantesco obsequio los soldados griegos salen y destruyen la ciudad. En el caso salvadoreño, los autores del ardid son las temidas maras.

Acá no hay una historia de amor detrás como sucedía en el relato griego. En El Salvador, en una primera instancia, se trata de infiltrar a la Fuerza Pública para robar armas como lo ha declarado el ministro de la Defensa David Munguía Payés. Pero es algo que también muestra la evolución de estos grupos que quieren tener mayor poder, buscan afectar las investigaciones en su contra y obtener información clave en la lucha contra el delito en la medida en que sus actividades delincuenciales cada vez son más lucrativas, como lo señala el criminalista Carlos Ponce, ex asesor de la Policía Nacional Civil (PNC) y de la Fiscalía General de la República (FGR).

En los últimos cinco años, de acuerdo a un informe de la Unidad de Acceso a la Información Pública del Ministerio de Defensa Nacional, se identificaron 91 casos de vínculos con las maras entre miembros activos y un par de personal administrativo. De estos, 49 tenían relación con la Pandilla 18 y el resto con la Salvatrucha. En el mismo periodo en la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP) 29 personas fueron expulsadas de la Escuela al probarse estos vínculos. En este caso 16 de ellos tenían relación con la Salvatrucha.

Si bien es cierto que porcentualmente no pareciera una cifra de mayor impacto los casos sancionados para los más de diez mil miembros de la Fuerza Pública que han llegado en el mismo periodo de tiempo a estas instituciones, un centenar de infiltrados detectados es a todas luces una señal suficiente de alerta para instituciones que deben velar y garantizar la tranquilidad de los salvadoreños.

Identificar a los infiltrados no es tarea fácil. Por un lado son diferentes los procesos de personas con algún tipo de vínculo con las pandillas, a miembros propiamente dichos. Por otro, ambas instituciones deben ser lo suficientemente garantistas en los procesos y contundentes en mostrar esas relaciones y su impacto. Es de suponer que un proceso mal sustentado se devolvería contra el Estado traducido en millonarias demandas.

En el caso de la ANSP, según su director Jaime Martínez “en ningún caso se ha logrado demostrar que un alumno de la academia está activamente involucrado en una pandilla”, y los expulsados corresponden a que se lograron demostrar vínculos que a la institución no le daban confianza. En el caso del Ejército, a juzgar por el informe de la Unidad de Acceso a la Información Pública, sí se han identificado casos en los que incluso a los implicados se les ha encontrado haciendo los tradicionales grafitis alusivos a las maras.

En otros casos los indicios se dan por la forma como se expresan y el uso de ademanes propios de estos grupos delictivos, según lo explican en la entidad. Según fuentes del Organismo de Investigación del Estado (OIE), el hecho de que los pandilleros hayan dejado de tatuarse o se tatúen en lugares menos visibles en comparación con las generaciones anteriores, les ha permitido evadir el radar de las autoridades.

La investigadora Gema Santamaría, de la Red Transnacional de Análisis Sobre Maras, coincide con la OIE y agrega que este fenómeno se evidencia a partir de los primeros años de la década del 2000, cuando las autoridades salvadoreñas comienzan a implementar las llamadas políticas de Mano Dura y Súper Mano Dura. “Dado que estas políticas hicieron del uso de tatuajes el principal mecanismo para identificar a los miembros de las maras y dado que la mera pertenencia a esos grupos se criminalizó, los pandilleros adoptan estrategias para esconder su pertenencia al grupo y las maras adquieren un carácter cada vez más clandestino y escurridizo”, afirma Santamaría.

Según fuentes castrenses, hay casos en que mareros han han llegado hasta amenazar a militares para que colaboren con ellos. Bien sea por corrupción o por coacción varios acceden a sacar armas de alto calibre de sus respectivas instituciones, como lo ha revelado el ministro de Defensa, de acuerdo con sus investigaciones. Por cada artefacto explosivo la delincuencia paga de 400 a 500 dólares y entre 800 y 1,200 dólares por fusil, explicó Munguía en esa oportunidad.

Un ejemplo de los alcances de este tráfico de armas, puede ser el caso descubierto por las autoridades en Chalatenango (al norte de San Salvador fronterizo con Honduras), donde encontraron 4 fusiles AK-47, un fusil G-3, un lanzagranadas M-79, una subametralladora Uzi, y una escopeta. El arsenal estaba dentro de un barril enterrado en las afueras del referido municipio, listo para ser entregado al interesado.

En otro caso, según reportó la Fiscalía General de la República fueron recuperadas a finales del año pasado 213 granadas anti tanque M90. Según el Ministerio Público estos artefactos eran de un lote del Ejército que tenía que haber sido destruido pero que se incumplió la orden, para venderlas posteriormente. No se identifica aún a los responsables, pero es claro que estas armas pueden beneficiar a la delincuencia de las pandillas, y que sólo lo pueden hacer con personas infiltradas.

Este reportaje fue realizado por Jaime López y Mauricio Cáceres, del Diario de Hoy; Luis Alberto López Castillo, deTelecorporación Salvadoreña; Mario Beltrán de www.paxnoticias.com; Ross Mary Zepeda y Tatiana Alemán, de Radio Casa Tomada, en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas del International Center for Journalists (ICFJ) en alianza con CONNECTAS.

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