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¿Está furioso por el problema del carbón de Turquía? Debería estarlo

Rows of graves for those killed in Soma. The water jug left at the first grave alludes to the fact that miners get thirsty a lot. A jug is left at every grave.

Filas de tumbas para los muertos en Soma. Los mineros estarían muy sedientos. En su memoria dejan una jarra en cada tumba. Fotografía por Cansın Leylim Ilgaz. Usada con permiso. 

Este artículo fue escrito por Mahir Ilgaz para 350.org [en], una organización que está construyendo un movimiento global por el clima y es republicado en Global Voices como parte de un acuerdo de intercambio de contenidos.

El carbón, ya sea repentina o lentamente, casi siempre causa muerte.

La explosión y el subsiguiente incendio de una mina de carbón en el pueblo de Soma, en el oeste de Turquía el 14 de mayo de 2014, fue un recordatorio particularmente trágico e irritante de que los desastres climáticos representan en efecto una profunda falta de justicia social.

Para Turquía una catástrofe vinculada con el carbón era algo inminente, teniendo en cuenta el aumento incesante de la explotación de dicho mineral sumado a leyes de seguridad en el trabajo terriblemente permisivas.

Sólo dos semanas antes del accidente, el partido opositor turco había planteado ante el parlamento la cuestión de las terribles condiciones laborales existentes en Soma – la propuesta fue ignorada por el gobierno. Pero la conmoción generada por la magnitud de este desastre provocado por el hombre aún subsiste.

Una sensación de profunda pena y horror se multiplicó a medida que el número de mineros muertos iba en aumento. La cifra final asciende a 301. Lo que sirvió para transformar este dolor en furia fue la total falta de respeto que el gobierno puso de manifiesto ante el desastre.

El primer ministro Erdoğan llegó a decir que la muerte de mineros es algo “común.” Con sus dichos Erdoğan confirmó que está dispuesto a aceptar y a ejecutar la perpetuación de negocios intrínsecamente peligrosos.

Aunque la minería de carbón es mucho más peligrosa en lugares como Turquía, donde los derechos y la salud de los trabajadores se consideran temas banales, la minería subterránea de carbón es una actividad extremadamente riesgosa incluso cuando se realiza en las mejores condiciones. Para la mayoría de los mineros, su profesión no es resultado de una elección.

Un joven minero M. M. — perdió a 301 camaradas y aún así teme dar una entrevista radial ya que si reconocen su voz podría perder su trabajo: “Acabo de volver a la mina….Tengo deudas que pagar en el banco.” Las deudas a las que hace referencia están relacionadas con las necesidades básicas: alimentos, vivienda, vestimenta.

En Turquía, después de una reciente serie de cambios en la legislación, el titular de una licencia minera puede solicitar al Ministerio de Energía y Recursos Naturales la apertura de zonas agrícolas o incluso de parques nacionales y naturales para que sean destinados a la minería.

Una vez que la explotación minera comienza, a los habitantes de la zona les queda una sola ocupación viable. El carbón extraído de estas minas es luego enviado a plantas de energía cercanas para su combustión o distribuido entre los pobres como una forma de subsidio social (para obtener continuo apoyo electoral). Un círculo vicioso que parece no tener fin. 

Photo by Cansın Leylim Ilgaz. “SOMA Population 105000”, “-302?” in graffiti in remembrance of those lost in the coal mine.

Fotografía por Cansın Leylim Ilgaz. “SOMA, Población 105000”, “-302?” Un grafiti en conmemoración de los que murieron en la mina de carbón.

La verdad, lisa y llana, es que Turquía podría haber estado en vías de abandonar el carbón hace largo tiempo. Según Eurostat data [en], la proporción de intensidad energética del país no ha mejorado en al menos 10 años (mejorar esta proporción podría generar un ahorro energético del orden del 20-25% – respecto a la actual cuota de carbón en la producción de electricidad). 

El rol de las fuentes de energía amigables con el clima (excluyendo los controvertidos proyectos hidráulicos) es tan insignificante que apenas se puede ver en un gráfico circular [tr]. Especialmente en un país con abundante provisión de fuentes renovables de energía. Esta transición hacia los renovables crearía suficientes empleos para todos aquellos que en la actualidad trabajan en la minería y en otros sectores.

Por lo tanto, los comentarios frívolos de quienes ocupan posiciones en el poder después de la muerte de los mineros provocan consternación en varios niveles. Si el no uso de los medios para terminar con la dependencia del carbón conociendo que el carbón provoca muertes representa una conducta negligente, incrementar aún más su uso, a pesar de contar con tal conocimiento, es simplemente criminal. 

Ejemplo de lo antedicho es que el Ministerio de Energía y Recursos Naturales declaró al 2012 como el “año del carbón” y la actual política es aumentar la cuota del carbón en la producción de electricidad a más de 30% para el año 2030.

Arriesgar las vidas de muchos por el beneficio de unos pocos es uno de los ejemplos más comunes de injusticia social.

Debemos aceptar que nuestra adicción a los combustibles fósiles está estrechamente vinculada con una gran cantidad de asuntos de justicia social. La indignación ante estas injusticias debe ser una parte importante en el marco de la lucha por resolver la crisis del clima. 

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