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‘La detención en Tayikistán de Alexander Sodiqov afecta los fundamentos del trabajo de investigación’

On the road to Khorog, Gorno-Badakhshan Autonomous Oblast, Tajikistan. © Ivan SIgal.

En la ruta hacia Khorog, en la región autónoma de Gorno-Badakhshan, Tayikistán. © Ivan SIgal.

Este post invitado fue escrito por el experto en ciencia política de la Universidad de Toronto Edward Schatz [en] consejero académico de Alexander Sodiqov. Fue publicado originalmente en Monkey Cage blog [en] del Washington Post. 

En la remota ciudad de Khorog, Tayikistán, el 16 de junio de 2014, Alexander Sodiqov, mi estudiante del doctorado en ciencia política en la Universidad de Toronto [en] y ciudadano tayiko, fue capturado en la calle por los servicios de seguridad tayikos. Luego de mantenerlo incomunicado por más de una semana, Alexander ha sido exhibido en la televisión local en un “testimonio” sumamente editado y enfrentaría cargos por [en] el delito de traición. Su actual detención nos dice mucho acerca del modo en que los regímenes autoritarios de la región usan a los que señalan como “amenazas foráneas” para desacreditar a los opositores políticos y mantenerse en el poder.

Con un PBI per capita de menos de $1,000 al final de la brutal guerra civil de la década de 1990, Tayikistán ahora se jacta de haber duplicado esa cifra durante el régimen autoritario del presidente Emomali Rakhmon. Pero pese a ocupar el lugar 189 entre 226 [en] países, Tayikistán continúa siendo el país con mayor dependencia de las remesas del mundo, habiendo expulsado más de un millón de sus ciudadanos capaces de trabajar hacia otros destinos, especialmente a Moscú, donde enfrentan el acoso cotidiano y la falta de protección de sus derechos. 

El régimen de Rakhmon busca llevarse el crédito por la frágil estabilidad y el crecimiento económico, pero la ayuda externa de Occidente y la asistencia en materia de seguridad durante la década del 2000 seguramente han jugado un papel importante. Y el régimen se envalentonó. Tanto el valle Rasht [en] (de facto autónomo hasta poco tiempo atrás) cuanto la provincia de Badakhshan [en] (de jure autónoma), con su larga frontera con Afghanistán, han sido escenario de incidentes violentos entre las fuerzas de seguridad y los actores locales. Como Vladimir Putin en Rusia [en], Rakhmon parece más que determinado a construir un estado fuerte sobre bases autoritarias. Como el jefe de la policía secreta de Stalin comentó durante la Gran Purga, “Cuando cortas madera, las astillas vuelan.”

Y las astillas volaron.Las presiones sobre los periodistas, siempre presentes, han aumentado de manera considerable en los últimos dos años. Los partidos opositores han perdido toda representación política significativa. La presión sobre los grupos religiosos y sobre los musulmanes devotos comunes ha empeorado. El aparato de seguridad y vigilancia se debe haber beneficiado con los más de $15 millones en ayuda de EE.UU que se recibieron [en] sólo en 2012, y ahora controla de cerca las actividades públicas y está deseoso de tomar medidas contra los políticos opositores. Alexander Sodiqov tiene la mala suerte de ser un estudiante interesado en el conflicto y en su prevención en Badakhshan en un momento en que los servicios de seguridad estaban especialmente sensibles respecto a su incapacidad para ejercer autoridad en la provincia. Sodiqov, un estudiante de posgrado y ciudadano tayiko, parecía vulnerable.

Este caso revela cuatro facetas clave del autoritarismo en esta parte del mundo. Primero, los regímenes como estos son monolíticos. Existen claros signos de que los servicios de seguridad actuaban por iniciativa propia y los académicos han aprendido que los servicios de seguridad generalmente tienen objetivos políticos y económicos [en] que difieren de los del resto de los actores estatales. En Tayikistán, gran parte del gobierno, incluyendo al consejero presidencial, han mostrado afinidades completamente distintas [en] y están preparados para conversar con sus contrapartes extranjeras. 

Segundo, el autoritarismo es siempre autoritarismo, pero los regímenes pueden variar. Los medios de noticias en Tayikistán, aunque son administrados por el gobierno, no son controlados por el gobierno. De hecho los defensores a nivel global de la libertad académica han encontrado medios deseosos de publicar historias que describan a Sodiqov por lo que él es: un estudiante. Algo de oxígeno para la libertad de expresión subsiste en tales ambientes.

Tercero, la dinámica de los casos de derechos humanos varía de un contexto a otro. Estados como Rusia, China e Irán son capaces de hacerle frente a campañas internacionales tendientes a la protección de derechos en sus territorios. La actual campaña en defensa del caso de Sodiqov [en] nos recuerda que numerosos atentados contra los derechos humanos son cometidos en estados pequeños que no asumirían los riesgos para su imagen de alienarse de la comunidad global. Los estados que dependen de la ayuda externa simplemente no pueden negarse a asumir sus obligaciones internacionales. Cuando el ministro de relaciones exteriores tayiko visite [en] Inglaterra el 2 de julio de 2014, le recordarán este hecho. 

Finalmente, dichos regímenes parecen creer que, ya que manejan sus propios ambientes de noticias domésticas [en], todo lo que necesitan es desarrollar su narrativa de los hechos preferida para ganar en política. En consecuencia, los medios de noticias del gobierno han difundido una cruda historia sobre “Sodiqov como un espía”. En una región donde la intriga geopolítica es corriente en la cobertura de los medios locales, los regímenes asumen que las personas creerán en tales narrativas. La realidad es que a los habitantes de Asia central les pueden decir qué pensar, pero una historia falsa, sin evidencia alguna que la respalde, no convence a nadie. 

La detención de Alexander Sodiqov afecta los aspectos fundamentales de la tarea de investigación académica. Los investigadores reúnen datos de manera rigurosa, los analizan y difunden el conocimiento obtenido. A veces las preguntas que se plantean los llevan a lugares como Khorog, Tayikistán. A veces esas preguntas son incómodas para las elites políticas en el poder. Pero es difícil— y bastante perturbador — imaginar un mundo donde la pasión por plantearse preguntas y desarrollar investigación acerca de dichos planteamientos sea eliminada. La investigación académica merece amplio apoyo del público (y los académicos lideran la protesta [en]) debido a que es necesaria para la producción de conocimiento válido y porque el destino de gente como mi estudiante Alexander Sodiqov está pendiente de un hilo.

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