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Brasil fracasó en la cancha pero marcó un gol histórico contra la corrupción de la FIFA y la CBF

Mediante la operación Jules Rimet, la Policía Civil de Río de Janeiro se incautó de boletos, celulares, dinero y documentos de una banda de revendedores involucrados con altos ejecutivos vinculados a la FIFA. (Foto: Divulgação/Polícia Civil RJ)

Mediante la operación Jules Rimet, la Policía Civil de Río de Janeiro incautó boletos, celulares, dinero y documentos de una banda de revendedores involucrados con altos ejecutivos vinculados a la FIFA. (Foto: Divulgação/Polícia Civil RJ)

El Mundial de 2014 trajo sorpresas dentro y fuera de la cancha. Después del gol con el que se abrió el campeonato y la precoz eliminación de selecciones campeonas como Italia, España e Inglaterra, el mundo del fútbol quedaría atónito frente a la victoria de Alemania, por el histórico marcador de 7 a 1 sobre Brasil. En la víspera, un alto ejecutivo de Match, empresa que posee la exclusividad de la venta de los boletos oficiales de los torneos de la FIFA, fue arrestado por la Policía Civil de Río de Janeiro por liderar una banda de reventa ilegal de entradas para los disputados juegos del Mundial, por valores que alcanzaban los 25 mil USD. Liberado esa misma noche por decisión de la Justicia, el director de Match, Raymond Whelan, huyó dos días después. La derrota de Brasil y el escándalo de corrupción en la FIFA están, aparentemente, en campos diferentes: el político y el deportivo. Pero tienen mucho en común y traen a colación algunas respuestas y muchas preguntas sobre los negocios del fútbol contemporáneo.

Los agentes policiales de Río llegaron al director de Match, Raymond Whelan, sin darse cuenta de que lograban algo que buscaba la prestigiosa Scotland Yard hacía ya tres años [en]: desmantelar la banda de venta ilegal de boletos de la FIFA. Agentes de la modesta estación de Praça da Bandeira, cercana al estadio Maracaná, hacían una investigación común en grandes eventos en busca de los llamados “revendedores”, las personas que venden entradas a precios más altos de con los que las compraron.

Uno de los agentes percibió que había algo más grande detrás cuando un vendedor le ofreció “lo que quisiera”, incluidas entradas para la zona VIP en la final del Mundial, las cuales no se comercializan normalmente. Entonces el agente solicitó un gran número de boletos y supo ahí que el revendedor tendría cómo conseguirlos. La policía de Río de Janeiro decidió interceptar el teléfono del vendedor, llegando así al francoargelino Lamine Fofana [pt], quien reveló que conseguía sus boletos con Raymond Whelan.

Más de 900 llamadas [pt] solo entre Fofana y Whelan fueron interceptadas por la policía, además de otras miles que constan en la indagación y que reúnen algunas respuestas que Scotland Yard buscaba contra la banda: sí, hay altos ejecutivos involucrados y hay pruebas grabadas contra ellos. Otras siete personas siguen investigadas. La policía carioca también fue sorprendida: ni siquiera estaba preparada para analizar las conversaciones grabadas, que estaban en inglés y francés.

La FIFA no colaboró con la investigación

El periodista brasileño Jamil Chade fue uno de los primeros con acceso a las informaciones pues ayudó a los policías a traducir parte del material. Antes del arresto de Whelan, Chade afirmó que la FIFA se rehusó a colaborar con las investigaciones [pt] y a entregar una lista de empleados solicitada por la polícia. Tras la fuga de Whelan, Match, de cuya sociedad forma parte el sobrino del presidente de la FIFA Joseph Blatter, dijo que su director tenía “derecho a resistir” la orden de captura [pt]. Uno de los agentes de la policía de Río afirmó que llegó a ser intimidado por Enrique Byrom [pt], socio de Match, durante el arresto.

Para Chade, la posición de la FIFA frente al escándalo de corrupción que involucra a su mayor evento dice mucho sobre su modo de operar. Aparte de las persistentes acusaciones de los ciudadanos brasileños sobre los negocios de la FIFA en Brasil, la entidad está bajo presión de los patrocinadores por los escándalos de corrupción, es acusada de hacerse la de la vista gorda con las más de mil muertes ocurridas en los preparativos del Mundial de 2022, en Catar, y es cuestionada sobre un fondo en el que mantiene mil millones de dólares, a pesar de ser legalmente una entidad sin ánimo de lucro.

En Brasil, enfrenta el desgaste de su imagen con los ambientalistas, que la acusan de usar la imagen del tatú-bola, el animal nativo de la región de la Caatinga brasileña, sin ofrecer ninguna ayuda concreta para la preservación del animal [en], en grave peligro de extinción. En las tiendas oficiales de la FIFA en Brasil, la mascota Fuleco se vendía en innumerables artículos. Un muñeco de peluche de tamaño mediano costaba 69 reales (unos 32 dólares). Un grupo de investigadores de la región de la Caatinga llegó a lanzarle un reto a la FIFA por la preservación del animal [en].

Las protestas en las calles de Brasil se calmaron durante el Mundial, pero el grito de #NaoVaiTerCopa (“no vas a tener la Copa”) y #FifaGoHome (“FIFA, vete a casa”) podrían resonar hasta los próximos Mundiales. El imaginario popular brasileño sobre la Copa del Mundo se sacudió y el sentimiento de que la corrupción en el fútbol está trayendo efectos negativos tiende a crecer después de la humillante derrota ante Alemania.

«Entienda: esta bandera representa un país, esta representa una empresa. Hacerle barra a una empresa no hace de nadie un patriota»: brasileños publican críticas a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) tras la derrota de su selección contra Alemania.

«Entienda: esta bandera representa un país, esta representa una empresa. Hacerle barra a una empresa no hace de nadie un patriota»: brasileños publican críticas a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) tras la derrota de su selección contra Alemania.

 Brasil trata de entender lo que pasó con la Seleção

El canal de televisión por suscripción ESPN fue el primero en formular la cuestión en Brasil: es necesario cambiar la estructura de mando corrupta de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) y de todas las federaciones estaduales para salvar el fútbol brasileño. Para el experimentado periodista Juca Kfouri, las pruebas contra lo que denomina “MaFifa” es “el mayor legado del Mundial brasileño” [pt]. También acusa a la CBF de funcionar “de la misma manera” con sus “tercerizados”.

Diputado federal y uno de los héroes del tetracampeonato brasileño, en 1994, Romário emitió críticas aún más directas. En una publicación en su Facebook, afirmó que el fútbol brasileño tiene “una de las gestiones más corruptas del mundo” [pt]:

O presidente da entidade, José Maria Marin, é ladrão de medalha, de energia, de terreno público e apoiador da ditadura. Marco Polo Del Nero, seu atual vice, recentemente foi detido, investigado e indiciado pela Polícia Federal por possíveis crimes contra o sistema financeiro, corrupção e formação de quadrilha. São esses que comandam o nosso futebol. Querem vergonha maior que essa?

El presidente de la entidad, José Maria Marin, es un ladrón de medallas [pt], de energía, de terrenos públicos y partidario de la dictadura. Marco Polo del Nero, su actual vice, recientemente fue detenido, investigado y acusado por la Policía Federal de posibles delitos contra el sistema financiero, corrupción y conformación de bandas. Son ellos quienes dirigen nuestro fútbol. ¿Quieren mayor vergüenza que esa?

Al comparar el fútbol alemán con el brasileño, el bloguero Flavio Gomes también responsabilizó a la corrupción de la CBF por la catástrofe en la semifinal. Recuerda también la influencia nociva de la mayor cadena de la televisión brasileña [pt] en la conducción de los negocios del fútbol en Brasil. Según Gomes, en Alemania:

A coisa é tão bem feita e bem pensada, que os clubes são obrigados até a estabelecer uma filosofia de jogo e aplicá-la em todas as suas divisões. A divisão de grana não é a obscenidade determinada pela TV Globo aqui, por exemplo. Atende a critérios técnicos, não a planilhas do Ibope.

La cosa está tan bien hecha y bien pensada que los clubes son obligados incluso a establecer una filosofía de juego y aplicarla en todas sus divisiones. La división de la plata no es la obscenidad determinada por la TV Globo aquí, por ejemplo. Atiende a criterios técnicos, no a las planillas [de sintonía] de Ibope.

Estos temas son demandas antiguas del Bom Senso Futebol Clube [pt] (Sentido Común Fútbol Club), asociación que reúne a un grupo de jugadores para intentar promover cambios estructurales en el fútbol brasileño. En una petición en internet, recolectan firmas de apoyo [pt] para tres demandas principales: cambios en el calendario, elaborado por la CBF de modo que beneficia a los grandes clubes, sobrecargando a los jugadores, y mantiene a los equipos pequeños sin oportunidades de sostenerse económicamente; la solvencia financiera de los clubes que, constantemente, retrasan el pago de salarios y de los derechos de imagen de los jugadores; y un énfasis mayor en los hinchas. Según el Bom Senso Futebol Clube, los horarios de los partidos en Brasil atienden las exigencias de la televisión y eso ha ayudado a ubicar a Brasil en la “incómoda 18.a posición en la clasificación de promedio de asistencia de público en los estadios”.

Sorprendentemente, y aunque las voces de las calles hayan sido asfixiadas por el fuerte aparato represor del Estado, la Copa del Mundo de Brasil quedó marcada por la corrupción que ayudó a revelar todavía más. La incredulidad de las primeras horas luego del 7-1 fue sustituida por la búsqueda de explicaciones. Como afirmó el bloguero Flavio Gomes: No fue un accidente [pt]. Así son los negocios.

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